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martes, 4 de septiembre de 2018

The light fantastic - Discworld series, vol. 2



Creo que en algún post previo me mostré bastante crítico con la primera entrega del Mundodisco y por ende con su creador y todo cuanto le ha rodeado.

Sigo pensando que Pratchett fue un autor con una cabeza privilegiada pero que su literatura (al menos las dos entregas que he leído) no son las novelas que busque el amante devoto de la novela de fantasía más clásica pero, ha diferencia de "The colour of magic", creo que esta segunda entrega tiene "un pase".

Ayer, pensando en qué escribiría sobre la novela no paraba de pensar en Mel Brooks y quizás sea la mejor forma de expresar lo que quiero.

Mel Brooks consiguió hacerme reír y mucho con "El jovencito Frankenstein", peliculón en blanco y negro que me arranca siempre que lo veo algo más que una sonrisa, a pesar de que la sorpresa o el ingenio inicial se va perdiendo con los años.

Se trata de una película original que reformula el personaje de Frankenstein tomándose en serio, construyendo una historia coherente y original con formato ligeramente musical y varios golpes de risa.

Del mismo creador es, por ejemplo, "Spaceballs: la loca historia de las Galaxias" que aprovechó la película dirigida por George Lucas para crear una hilarante sucesión de gags donde la historia (que no es original) no es más que un elemento secundario que ni al creador ni al espectador le importan especialmente.

Pues bien, creo que la primera entrega del Mundodisco tiene algo de esta Spaceballs. Siendo lo más gráfico posible, creo que Pratchett creó un "museo" (el suyo), tirando de su imaginación y de lo ya contado para crear algo único, distinto e hilarante que debe (pretende) llegar al aficionado a la Fantasía, en pos del recuerdo agradable y la nostalgia y al neófito (casi antifantasía) al que le ofrece una serie de caricaturas de muchos de los héroes y personajes famosos del género. 

Inconexa, llena de saltos y disrupciones que rompen cualquier posible hilo narrativo pero que sirven para que el escritor exhiba su creación en toda su extensión. Un "bestiario" sin imágenes y revestido de formato literario cuando quizás su mayor gracia (e interés) habría residido en la creación de un comic o un recopilatorio en imágenes de lo que había construido.

"The light fantastic" ofrece un segundo registro más novelado, más real, más literario. No hay tanta exhibición y deshecha la idea constante de gag, ofreciendo momentos particulares que generar una sonrisa en el lector sin llegar a provocar la risa o la carcajada pero que hacen su aparición de forma puntual y efectiva.

Con muchos menos personajes, menos saltos narrativos y un uso más racional de los cambios de personaje, la historia (breve y no especialmente compleja) lleva al lector desde el principio hasta el final sin problemas, consiguiendo hilvanar las distintas ocurrencias del creador dentro de un contexto, lo que facilita la lectura y nos da, como lectores, la opción de disfrutar de un rato entretenido de distracción, sin grandes alharacas pero con cierto gusto.

Peros:

  • No es una novela cautivadora: se lee muy bien y es bastante corta pero no llega o, al menos, no genera ese "más, más, quiero más" que tanto busco.
  • Dentro del reparto de roles echo en falta un mayor peso del cofre (sé que no es sencillo dar el protagonismo a un cofre que no habla y sólo corre y come) y  "La muerte" (que para mí es quién presenta un gusto humorístico más próximo al mío) tiene menos presencia de lo que me gustaría, a pesar de que ambos procuran los mejores momentos.
  • Y como "fantasía", la ausencia total de épica pesa mucho al final al carecer la historia de algún punto álgido que rompa el ritmo y te sumerja en la historia. Para mi gusto, la narración resulta demasiado monocorde.


Valoración: Está bien. Con todo y a pesar de los últimos párrafos, es aceptable como pasatiempo y puede llegar a ser entretenida. Cierto que no da mucho pero lo que da no está mal, lo justo como para intentar la tercera entrega en unos meses.

jueves, 5 de abril de 2018

Steelheart - The Reckoners, vol. 1



El dicho es "dime de que presumes y te diré de qué adoleces". No presumo de no tener tiempo pero si afirmo que no paro mucho últimamente y evidentemente, al final carezco de tiempo.

Los días se hacen demasiado cortos, apenas tengo un respiro y, como el deber va antes que el placer, al final sale perdiendo alguno de los hobbies. 

Este comienzo de año leo menos de lo que leí el año pasado, más que nada porque no puedo dedicar el mismo tiempo. También cuesta encontrar un hueco para el blog, siempre pienso "a última hora de la mañana" pero para cuando miro el reloj la última hora de la mañana ha quedado bastante atrás y estoy sito en mitad de la tarde, donde los compromisos siguen acuciando.

No lloro, sólo explico el porqué del silencio de las últimas semanas.

Antes del parón leí varias novelas, la primera de las que tenía pendiente de comentar fue "Steelheart", la primera entrega de una nueva serie del hiperactivo y megaproductivo Brandon Sanderson que, además, está incluida dentro de su "Cosmere".

Soy un lector que disfruta mucho con Sánderson. Me parece un escritor con una capacidad asombrosa para absorber al lector pero soy consciente de que no todas sus historias son novelones. 

Curiosamente me parece superior cuando escribe en menos de 300 páginas, es más, para mí sus dos relatos más conseguidos son eso, "relatos" con menos de 100 páginas ("Legión" y "El alma del emperador"). "Elantris" no le va a la zaga, pero es una novela más exigente en tiempo y atención, menos concreta.

"Nacidos de la Bruma" ya bajaba un peldaño. Está muy bien pero es mucho más densa, hasta llegar a generar un moment "uff, esto se está alargando" que le penaliza al final y le quita parte del encanto...

Y luego llega "Steelheart" (que conste que hablo de mi orden de lectura de las obras voluminosas, no de su publicación), que tiene cosas muy buenas (es cautivadora como pocas de sus historias, se lee tremendamente bien, incluso tiene un punto adictivo muy de agradecer, pero cuando la terminas te deja un poco con la sensación de "esto me suena. No a Sánderson sino a comic ochentero".

A fin de cuentas Steelheart es casi una distopia de la sociedad moderna y no un ejercicio de ciencia-ficción "Legión" o de pura fantasía ("Elantris", "Nacidos de la Bruma" y "El alma del emperador").

En ese sentido la ambientación es más limitada y las novedades escasas. El problema es que, en esa situación, con el argumento tal y como lo desarrolla y los personajes que utiliza para poblar la historia (fundamentalmente todos los Reckoners) uno no deja de acordarse (que para eso es mayor) de la Patrulla X de finales de los 80, mediados de los 90. La original, la configuración clásica que luego pasaron a ser los X-men (con Cíclope, Jean Gray, la Bestia, el Hombre de Hielo y Ángel), tutorizados por Charles Xavier.

Una vez que se mete esa imagen en la cabeza acabas generando una querencia insana por transformar parte de lo que lees en el simil comiquero y los paralelismos se multiplican. Incluso se puede llegar a encontrar en los subterráneos por los que se mueven los personajes ecos de los Morlocks de la Marvel.

No sé si Steelheart (el malo de la novela) es Apocalipsis, Mr. Siniestro, Magneto o un maxmix de los tres con algún añadido pero la sensación que se me metió entre ceja y ceja a mitad de la historia no me abandonó ni siquiera al final, donde hasta vi/encontré ecos de Fenix Oscura.

Como lectura me ha parecido vibrante, cómoda y ágil, más próxima por momentos a un Young Adult de últimos años que de una fantasía 100% adulta pero muy entretenida en global, pero durante muchas páginas me ha parecido poco novedosa e ingeniosa y eso le ha pasado factura en la valoración final.

Creo que sin referentes previos al mundo del comic que te asalten y te "adelanten" algún hecho distintivo la novela crecerá mucho a los ojos del lector igual que tengo la sensación de que es una novela que, para un adolescente, es muchísimo mejor introducción al mundo de la Fantasía más actual que "Nacidos de la bruma" que es más ardua, exigente y cargante.

Evidentemente leeré la serie, junto con el resto de novelas de Sanderson y su "Cosmere" pero no es, a día de hoy, uno de mis títulos favoritos ni de mis primeras preferencias, por mucho que con todos los peros siga estando muy por encima de muchas otras medianías.

Valoración: Me ha gustado. Sin más.

P.D: leo poco, el cine lo visito menos aún y sólo la música aguanta ahí inmutable para amenizar los días pero, por si se me olvida cuando comente "El juego de las tres cartas" y porque han pasado un par de semanas desde el fallecimiento de alguien muy querido, quiero despedirme con la dedicatoria que utiliza Massimo Malvaldi al comienzo de su novela, porque pocas veces dos líneas han dicho tanto con tan poco y han resumido mejor el vacío que una ausencia puede llegar a dejar. No cambio el destinatario pero espero que estés donde estés sepas que va para ti:

"A Vittorio,
que al ir a la luz
nos has dejado un poco más en la oscuridad"


miércoles, 28 de febrero de 2018

Dead Things - Eric Carter vol. 1


"Dead things" es una relectura. Vuelvo a ella ante la necesidad de recordar y resituarme para poder seguir avanzando.

No me ha pesado porque ya en su día me gustó mucho y, a pesar de tener más o menos claro, el desarrollo de los distintos elementos de la historia, he podido volver a disfrutar con ella en mis manos y eso ¡¡mola!!.

Lo cierto es que no tenía muy claro lo que pasaría al releer una historia que, ya en su día, me gustó pero que no recordaba con todos los detalles necesarios para no sentirme desubicado de entrada. Como no quería correr riesgos y pesar de que no han pasado dos años de su anterior lectura, cogí "Dead things" con la sensación de volver a casa.

Hay novelas que te impactan y personajes que te llegan, hasta tal punto que en algún momento durante su lectura eres capaz de recordar que estabas haciendo cuando lo leíste la vez anterior. Por ejemplo, recuerdo siempre la Universidad cuando veo un libro de Margaret Weis pues fue con "Corazón oscuro" en mis manos cuando la pisé por última vez para ver si había terminado la carrera y con la relectura de la novela de Stephen Blackmoore he podido recordar cómo la vez anterior la terminé de madrugada, en una noche que me desvelé y que aproveché para dar cuenta de sus últimas 20 páginas en lugar de esperar a la mañana siguiente.

Tiene una temática y un protagonista que mantienen un poco el tono crudo de las novelas que me asedian desde el comienzo del año. Sobria, marcada por personajes no especialmente "buenos", que hacen lo que tienen que hacer aunque no les termine de gustar y en entornos opresivos y axfisiantes donde viven situaciones que les llevan a lugares que no quieren visitar, decisiones del pasado que les marcaron y momentos presentes que no se desarrollan como les gustaría.

Hay cierto paralelismo entre Eric Carter, el protagonista de la novela, y Jack Taylor, el protagonista de "Maderos", una de las novelas negras que tengo pendiente de comentar.

Personajes ligeramente oscuros, retraídos, con una vida interior muy interesante, en constante lucha contra sí mismos y lo que hacen pero "personas" que aceptan de alguna forma que están donde están por una decision del pasado que tomaron y de la que no se arrepientes.

Evidentemente los caminos que llevan los dos personajes son distintos y no me corresponde a mí desvelarlos pero son reflejo de una vida dura y ardua, que no respeta nuestros sueños e ilusiones y nos lleva por caminos distintos a los que teníamos en mente de pequeños.

En ese sentido "Dead things" es una novela muy dura, con un personaje al que coges cariño y al que entiendes, hasta el punto de que le sigues en su descenso a los infiernos o en su recorrido Faustiano hacia quién sabe donde.

Tiene algo de la novela negra más clásica y mucho de la fantasía más actual, moviéndose en una zona intermedia que quizás limite en algo su público potencial. Es dura, es cruda y la parte fantástica raspa cuando la lees porque Carter no es "la" Mercy Thompson de Patricia Briggs, ni tiene un mundo tan definido con malos malísimos y buenos que resplandecen como "la" Kate Daniels de Ilona Andrews, sino algo del Harry Dresden que aparece en "La tumba" y que desde entonces asoma de forma paulatina en todas y cada una de sus entregas, con la diferencia de que en las obras de Butcher su protagonista se suele mover en la luz y llegado el caso cae en las penumbras, Eric Cartes vive la mayor parte en la oscuridad y sólo ocasionalmente atisba algo de luz, es lo que es, hace lo que debe y lo hace de la mejor forma que sabe.

Menos inocente que muchas de sus hermanas de género, adulta sin remedio, con poco atisbo para el humor y sí para un profundo poso de tristeza, la obra de Stephen Moore es una obra redonda, bastante concisa, pragmática y real, que deja muy buena sensación sobre el conjunto aunque a nivel emocional el final sea tremendo.

Quizás no es una novela para todos o no una que vaya a gustar a cualquiera, pero sí es una de esas historias que quienes la disfrutan lo hacen con embelese porque no hay muchas historias coherentes (en su tono crudo y realista) que te hagan pensar, sentir y entender a personajes que no obras como los héroes de película o, más bien al contrario, obras como los personajes de las grandes tragedias griegas de la época clásica, lejos de los finales felices que Hollywood intentó vendernos durante muchos años.

Valoración: para mí sigue siendo un "must", aunque las editoriales españolas no parecen opinar lo mismo.

Por lo demás o de lo demás, poco.

Mucho curro y demasiado batiburrillo alrededor. Movimiento sin cesar y poco tiempo para asentar todo, pero las cosas vienen como vienen, es lo que tiene... así que con música de fondo la mayor parte del tiempo y sin tiempo para televisión, series y casi, casi sin cine...

Con la "Coco" de Pixar como última gran conquista en el cine y un conato de perder el tiempo con "Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Guasón", mientras en los casos se suceden Miss Caffeina y su "Mira como vuelo" (esa mezcla rara de la voz de David Otero con un pop más ochentero), Vanesa Martín y su "Arráncame" y suben algo las revoluciones con Halsey (artista de la que me gustaban varias canciones pero cuyo nombre desconocía) y su "Bad at love", "Sorry", "Strangers" y "Castle" de fondo, alternando con el disco completo de Izal, "Copacabana", pasa la semana.

lunes, 1 de enero de 2018

The Thorn of Dentonhill


A medio camino entre la novela negra y la fantasía de aventuras, la percepción de la novela puede depender mucho de quién sea su lector, como ya pasó con "California bones", la última novela que comenté el  año pasado.

Si eres un adolescente, por mucho que ya estés camino a la edad adulta, es probable que "leas" una novela de fantasía sin grandes alharacas, entretenida, con mucha acción y un protagonista con un espíritu rebelde y anticonformista que se aproxima mucho a tu forma de pensar o, al menos, uno con el que te resulta muy fácil identificarte.

Si eres chica, además tienes un personaje secundario (que no lo es tanto) al que agarrarte y en quién mirarte. Uno de esos protagonistas con cabeza y saber estar que nunca pasa desapercibido entre las páginas de un libro.

Como adulto cerril que si lee sobre algún tipo que hace cosas extrañas y se relaciona con lo arcano, es posible que no llegues a darle la más mínima oportunidad a esta novela, lo que de entrada me parece un error pero para gustos colores.

Si eres un amante de la fantasía ochentera o de ese revival que está suponiendo Michael J. Sullivan en la forma de exponer sus novelas es posible que puedas pasar un rato agradable por mucho que en algún momento parte de la trama te resulte algo repetitiva, con algún pasaje inusitadamente lento y un protagonista demasiado adolescente a veces para un adulto que ha visto como parte de su ardor revolucionario se ha mitigado por los años y que el que le queda trata de mitigarlo y aplacarlo cuando puede para no dar una mala impresión.

Por edad y gustos literarios estoy en este último grupo. 

Me gusta Michael J. Sullivan (que conste que a veces también me resulta algo pausado para mi gusto) y siempre he sido devoto de Fafhrd y el Ratonero Gris. Además, siempre me han gustado los autores con gremios de asesinos y ladrones, conflictos internos que se resuelven en ocasiones sin necesidad de que la autoridad haga acto de presencia y que zanjan las disputas con la espada (por si alguien necesita pruebas, mi X-men favorito siempre fue Gámbito).

De todas formas, y por mucho que me identifique con el espíritu de la novela y parte de lo que cuenta, hay una parte del planteamiento de la novela de Maresca que me parece excesivo (rozando lo recargado), como es la parte de la cuerda (la capa la puedo entender más y me molesta menos), que no la de la magia.

Siendo justos creo que me gusta el primer tercio de la novela y me parece que la trama está bien resuelta en el último cuarto de la historia pero me sobra algo de la zona intermedia donde parece que la gran protagonista de la historia es la dichosa cuerda, por mucho que en ese pasaje esté uno de los grandes conflictos armados de la historia y una de las disputas más entretenidas que he leído en este año

Mi problema es que cuando Veranix (el protagonista) lleva la "cuerda" me acaba recordando demasiado Peter Pan con traje de Spiderman y acaba de sacarme  de la novela en cada ocasión, por mucho que no sea mi intención. Como he dicho, ya tuve mi época de Spiderman (del original, no de las múltiples variantes surgidas después) y esa parte de la historia me aporta más bien poco.

El resto.. luchas gremiales y de bandas, estudios universitarios y parte escolar (por mucho que por edad diste un poco de mi cotidianidad) están bien y el lenguaje acompaña. 

Dinámica, ágil, con buenos secundarios Colin, Denvil and Co ofrecen entretenimiento, acción, algo de pausa y un poco de sexo a un protagonista que acaba siendo demasiado intrépido (e inmaduro) en algún momento para mi gusto pero que no deja mal regusto cuando lo lees.

El resto... Fenmere, "Blue hand", asesinos a sueldo  y duelos en los tejados de la ciudad, me parecen muy entretenidos y con una estética comiquera por mucho que aquí vistan jubones y leotardos y el protagonista no se mueva al ritmo de batseñales.

Curiosa y llamativa, aunque con ciertas carencias, la trama está bien y el desarrollo acompaña así que me parece justo darle la opción a un segundo round en 2018, si bien es probable que antes le dé una oportunidad a "A murder of mages", también de Maresca pero, sobre el papel, con protagonistas adultos, para ver si el mismo mundo y el mismo creador pero protagonistas adultos me sitúan un paso más cerca del disfrute absoluto.

Valoración: Me ha gustado.

Nota del autor: "The Thorn of Dentonhill" pertenece a mis lecturas de 2017, hoy comienza el 2018 y como sé que se han quedado en el tintero 3 o 4 novelas del año pasado, trataré de comentarlas a lo largo de este año.

En cuanto al 2018... me gustaría volver a autores que este año no han tenido espacio y mantener incorporaciones nuevas que han venido para quedarse, sin dejar de lado a los fijos, lo que a priori parece un imposible pero, en principio, es la intención.

El objetivo de este año son 60 novelas, un 25% menos que este año pero es que la previsión laboral y la falta de tiempo del último trimestre del año pasado parece que, al menos durante el comienzo de  2018, va a seguir ahí y como me gusta leer disfrutando, no voy a forzar la máquina. Eso sí, si veo que puedo y es asumible trataré de exceder mis expectativas.

A quien lea esto, por cierto, ¡¡FELIZ 2018!!, que espero se trate de un año lleno de alegrías y buenas noticias para todos nosotros.

viernes, 22 de diciembre de 2017

California bones - Daniel Blackland, vol. 1


Con "California bones" me ha pasado como con alguna otra novela de este año que en ese constante proceso de cambio por innovar en la literatura a veces se quedan entre medias de varios géneros y no termina de cuadrar bien el invento.

Son casos complicados de valorar, entre otras cosas porque muchas veces esperas algo al leer la sinopsis y lo que luego te dan no tiene nada o casi nada que ver con lo que te habían vendido.

Veo la referencia de la portada de Steven Gould y no me termina de cuadrar.

"L.A. Noir" me lleva a pensar en novela negra, muy negra, de ambiente inhóspito e incómodo, gris, espesa, lenta, de ritmo pausado y temática cruda.

La novela de Eedkhout tiene alguna de esas variantes, por ejemplo, a pesar de presentar similitudes con las ciudades que conocemos la historia nos muestra un ambiente opresivo y gris, hasta cierto punto inhóspito, con un aire que recuerda a la ambientación de la película Blade Runner pero sin que la transformación que plantea termine de resultar real, bastante lejos de el aire que una buena novela de cyberpunk llega a tener.

El problema llega cuando la lectura no es capaz de generar tensión en el lector y poco a poco se muestra incapaz de alcanza un climax a través del desasosiego o  esa sensación de incomodidad que surge cuando estás leyendo un thriller en condiciones.

Así que la referencia la referencia al género negro no creo que sea adecuada. Calificaría "California Bones" como una mescolanza más próxima al fantástico puro y duro, con algún tinte futurista que a la novela negra en cualquiera de sus vertientes, por mucho que sobre ella revolotee un ligero aire a un Danny Ocean (el encarnado por George Clooney, pero en versión miniyo) planeando un gran golpe (virtualmente imposible y seguramente kamikaze) de fondo.

Como se ve por lo expuesto, el fondo me ha generado algunas incertidumbres, el problema es que la forma lo ha aclarado pero no necesariamente para bien.

El tono lúgubre, la denuncia política y social y un fondo bastante triste (con algún tinte siniestro y macabro) se diluyen ante el intento de aunar en un mismo libro una historia con trasfondo y una narración directa, sencilla, cómoda y manejable con mucha elipse (¿intencionada?) que deja todo eso en un ¿cuarto? plano tan lejano que acaba por perder cualquier peso específico en la novela y te aleja de la acción. 

Quizá el problema resida en la sensación de que Eekhout trata de gustar a jóvenes y adultos y pierde a una parte de cada en el intento.

El contar con protagonista adolescente, sirve para cubrir un espectro muy amplio de lectores, pero para mí gusto no es una novela para los adolescentes más pubers, demasiado gore y mucha carga subliminal para que vean todo lo que se mueve. Para ellos lo bueno, cierto toque comiquero, diálogos ágiles, mucho ritmo y poca descripción. Pero, insisto, por desfasado que pueda estar por mis años, no creo que sea para un joven de 16 años (o que vaya a entender el trasfondo que se supone que hay detrás).

Para los adultos tiene carencias. Resuelve los lances con demasiada rapidez y un punto de ingenuidad, esperando que los fuegos artificiales y la magia del momento cubran las carencias de la narración.

El lenguaje es asequible pero para una persona exigente es casi seguro que le parecerá que a los personajes les falta profundidad y el desarrollo de la trama es demasiado irregular, con muchos saltos en la trama (¿o pretenden ser cambios de escena para una posible adaptación a la gran pantalla?), mostrando fogonazos de la historia, la parte vistosa y espectacular, pero dejando huecos sin rellenar en la historia.

Para el postadolescente... si no es exigente puede ser una buena lectura.

La parte "nueva", la de la osteomancia, y la de las distintas características de otros protagonistas no deja de recordar a un cruce entre el manga post-apocaliptico de hace unos años y los comics de Marvel de los 80-90, por lo que no me ha cautivado.

Por todo y por eso, quizás lo mejor que pueda decir es que  para mí "está bien", sin más.

P.D: Leeré la siguiente entrega, porque la historia es, al menos, entretenida y no especialmente exigente para los meses venideros, que prometen de todo menos pausa.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Phoenix - The Vlad Taltos series (vol. 5)


Hace años, cuando decidí que iba a empezar a leer en inglés y de los distintos géneros que leo el que siempre más me ha traído y tiene peor publicación en España es la Fantasía, así que me puse a buscar novelas que me pudiesen interesar y que fuese capaz de asumir con mis conocimientos.

La serie escrita por Steven Brust ofrece un producto que me viene como anillo al dedo: cómodo (por el lenguaje que maneja y su construcción casi teatral con claro predominio de los diálogos sobre las descripciones y la ambientación), amable para el lector (no requiere grandes esfuerzos imaginativos y es bastante breve, por lo que hasta para mí resultaba relativamente asequible leer una entrega en 3 o 4 días), personajes agradables (no especialmente complejos y sin grandes "interpretaciones"), un tono ligero capaz de arrancar un esbozo de sonrisa en un par de ocasiones y tramas ligeras que no dejan un poso especialmente duradero pero que complementa una biblioteca con pesos mucho más pesados que desgastan y exigen una pausa entre unas y otras.

Pausa que Brust ofrecía sin problemas.

Pero el tiempo fue pasando y cogí algo más de fluidez en la lectura del  idioma de Shakespeare, lo  que me permitió ir aumentando la dificultad y tamaño de los libros que iba a afrontar y con el cambio llegaron Locke Lamora, "The Grim Company", la inmensa variedad de registros que ofrece la ,  Fantasy y las alternativas a esas lecturas más sesudas o, al menos, más desgastantes.

Y el cerebro, como diría Eduardo Punset, es un órgano recalcitrante y vago, con tendencia a relajarse en cuanto puede y a permitir que queden relegados al olvido cosas que no están mal aunque no sean deslumbrantes. Eso o el coste de renuncia de dejar atrás a Taltos era menor que el de otros.

Así que tras las tres primeras entregas, la serie no quedó descartada pero sí fue relegada a un "cuando tenga un hueco y necesite un respiro de todo lo demás....te cojo".

La cuarta llegó bastante separada de las tres primeras y aunque introdujo elementos nuevos, la idea previa (de nuevo el maldito cerebro) dee que entre las distintas tramas no había una conexión distinta y  que poco a poco la serie encallaba en las mismas pautas, hizo que la quinta acabase en la parte más baja de los pendientes.

Hasta hace un par de semanas que en una de las páginas que consulto cuando la vida me da un respiro, encontré una referencia a una de las últimas entregas y al ver la valoración me sorprendí.

Cuando unos días más tarde volví a entrar buscando alguna novela nueva y volví a topar con la reseña en cuestión, decidí rebuscar en casa hasta dar con "Phoenix" y darle una oportunidad.


La quinta entrega de las aventuras (y desdichas) de Vlad Taltos alcanza en esta entrega un punto hasta ahora único, que en la cuarta entrega asomó pero que aquí se asienta, convirtiéndolo en una obra más madura y con carga social.

Atrás empiezan a quedar los tintes cómicos de la historia, las chanzas e irreverencias de todo tipo, ese llamado permanente a la sonrisa ligera (aunque no profunda) superados/aplacados por el clima creado en la sociedad de Nueva Adrilanka.

Estamos en la segunda novela de Brust donde el racismo, la opresión, la crítica a los sistemas de clases y los estamentos hacen acto de presencia, aunque aquí se apoderan del conjunto de la historia, impregnando a todos y cuantos aparecen.

Ya no es Cawti, la esposa de Vlad, quién representa el sentir popular, ahora todos (desde Morrolan a la Emperatriz, pasando por el abuelo de Vlad) reflejan distintos aspectos de una sociedad disgregada donde la chispa de la rebelión y el cambio empieza a demandar sangre.

En ese entorno Vlad tiene sus propias disquisiciones personales y morales sobre su persona, su profesión y su vida, y si bien no muestra arrepentimiento por haber hecho lo que tenía que hacer sí  se cuestiona cuál es su lugar en la sociedad (y el mundo) y cuál debe de ser su camino a partir de ahora, no tanto en un contexto macrosocial, sino en su propia escala personal.

Es una novela sesuda, que llama a la reflexión si, como es el caso, la lees en un momento de cambio social, con argumentos a favor y en contra del mismo e infinidad de personas vociferando para acallar cualquier posible amago de pensamiento propio que genere una opinión personal sobre lo que necesita una sociedad, lo que es justo, lo que es "correcto", la necesidad o no de asentar el cambio y cuáles son los medios legítimos para lograr producir el cambio.

Pero "Phoenix" es, por encima de todo, introspección y cambio, la obra de un personaje en pleno proceso de maduración, donde no está nada claro hacia dónde va pero sí se muestra con claridad que es imposible que Vlad siga siendo quién es porque ya no se reconoce en la imagen que proyecta.

Como quien escribe es persona de mediana edad, que utiliza la risa como un recurso más en el día a día en un intento porque la mediocridad y la rutina no se asienten, mientras el cerebro corre en direcciones dispares buscando distracción, retos y estímulos para seguir afrontando el día a día, esta nueva entrega de Steven Brust ha llegado en el momento óptimo.

Disperso, algo acelerado por momentos y con cierto cansancio arrastrado, la historia ha sido capaz de hacerse un hueco por derecho propio y no por la inercia de leer por leer, presenta un protagonista único capaz de resetear mi cerebro, instaurar una nueva imagen de Vlad y obligarme a analizar la sociedad española actual aprovechando la mirada y perspectiva de un personaje de ficción, en un mundo de fantasía, creado hace más de tres décadas y una novela con más de 27 años de existencia.


Brust no es Frank Herbert y, evidentemente, la serie que plantea no puede hacer sombra a Dune, pero si ofrece algo más profundo de lo esperado y da (obliga) al lector a replantearse muchas cosas (propias y ajenas) con una mezcolanza sorprendente entre la sonrisa triste y el descreimiento ante los devenires de una vida que no parece echa para ser comprendida.


Valoración: me ha gustado.


P.D: quién esto escribe está repantingado en un sofá (bendito mueble poco utilizado) mientras "Mismo sitio, distinto lugar" y sus diez canciones, suena en sus oídos... porque la música también está hecha para llevarnos a otros sitios y hacernos (ayudarnos) a pensar.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

The prophecy con - Rogues of the republic, vol. 2


La mayor parte de las personas tenemos coletillas

Me refiero a esa tendencia (más frecuente conforme van pasando los años y nuestros cerebros se van anquilosando) a repetir un mismo tipo de comentario en contextos similares. Yo las tengo. 

Pero antes de que quienes me conocen corran a escribirme recordando mis dejes al hablar (esos "si bien" y "es cierto que", entre otros...) que los hay también, quiero dejar claro que no me refiero a los dejes al hablar, de entre los que destaca en los últimos años el "Saboooooor" de Samanta Vallejo-Nájera, sino a las fórmulas hechas e ideas recurrentes que forman parte de nosotros y nuestra idiosincracia.

Es habitual leer en este blogs cosas como "le falta punch", "no tiene la dosis necesaria de adrenalina", "le falta ritmo"... condicionado siempre por la sensación de que hay momentos en los que cuando leo (sobre todo en el mundo de la fantasía) busco consciente o inconscientemente mi dosis particular de acción que me distraiga y amenice el rato.

Pero como suele suceder, basta desear algo para que cuando se te conceda te des cuenta de que "eso que querías" no era real sino una mera apreciación personal tuya y que, por mucho que sería preferible que no fuese así, cuando Dios te quiere castigar, te concede lo que pides. 

Como si hubiese escupido hacia arriba y me hubiese caído el lapo en el ojo, así me he quedado con la segunda entrega de la serie de Patrick Weekes. Sensación dominante de "y ahora que dices, merluzo, sobre una novela que te da lo que llevas demandando como un niño pequeño todo este tiempo y que no ha terminado de llenarte"... Pues no lo sé, la verdad. ¿que ha sido demasiado de todo sin llegar a nada?

Con "The prophecy con" me ha pasado como con la segunda entrega de XXX o con la última de Riddick, sobre el papel tienen todo lo que pido, me cogen totalmente entregado para su causa tras las películas anteriores y resulta que me quedo con una sensación que, sin ser desagradable, está muy lejos de la plenitud que debería haber experimentado.

En el caso de "XXX: el retorno de Xander Cage" quizás la explicación sea fácil. La película es una fool, carente de contenido, una sucesión de escenarios y actuaciones rocambolescas que pierde parte de la magia (y el sentido) de la primera entrega, sin dejar nada especialmente bueno que llevarse: ni la actuación de Vin Diesel, ni Rammstein poniendo los pelos de punta con su actuación, ni ná de ná.

Con la segunda entrega de "Rogues of the republic" no puedo decir lo mismo.

Voy a procurar ser tan honesto y justo como sea posible, porque sé que dependiendo de cómo lo escriba esta reseña habrá quien piense que he detestado el libro (y, en buena lógica, que soy muy tonto al seguir leyendo una serie que... blablabla) o quién sabe si será precisamente todo lo contrario.

Lo cierto es que a grosso modo tengo la sensación de que "The prophecy con" y la primera entrega de la serie "The palace job" son, sobre el papel, todo aquello que siempre he "escrito" que un libro de fantasía debería tener: acción a raudales, adrenalina a mansalva, alguna lucha para enmarcar, exuda ritmo, velocidad y energía.

Pero da la sensación que de tanto que ha querido dar se ha quedado en mucho menos de lo que podría haber sido o, al menos, que ha ido dirigida a un público que no se corresponde con mi perfil al 100%. Materia prima hay y la idea de fondo es bastante mejor de lo que durante la lectura podría parecer, pero la forma en que lo materializa su creador le resta parte del lustre y la convierte en "una más".

Voy cumpliendo años y, evidentemente (y por desgracia) parte de las cosas que necesito no son las que busco (o persigo), y, como no soy un lumbreras, resulta que necesito llegar a tener eso que "en teoría quiero" para darme cuenta de que "no es lo que necesito".

A la novela de Weekes (o a las novelas) les falta algo de empaque para resultar novelas de mi gusto, o al menos del Gusto de mi versión 39.0.

Primero: la longitud de una novela no determina la calidad. 

Lo demuestra Andrea Camilleri dos o tres veces al año. Tener un texto de más de quinientas páginas no es garantía de tener delante un producto elaborado, simplemente de que quizás no se sabe sintetizar.

En esta lectura pasa. Hay varias escenas más o menos próximas en su desarrollo que transmiten sensación de episodio recurrente. Paja y relleno para aumentar el volumen de la obra y, quizás, poder introducir algún elemento adicional en las luchas que sorprenda y saque alguna onomatopeya admirativa, sin aportar nada relevante al conjunto

Segundo: A los personajes les sigue faltando profundidad. 

El tratamiento en esta entrega es mejor que en la primera, eso es indudable. 

Weekes aprovecha que ya están todos presentados para poder profundizar en algunos de los problemas interiores que experimentan algunos de los integrantes del grupo, fundamentalmente las secuelas de la primera entrega.

Así que esta historia supone una mejora sensible con respecto a la anterior pero aún así da la sensación de que todos los personajes están ultraperfilados, circunscritos a una serie de características estereotipadas que como lector asumes y atribuyes, sin que en ningún momento esas distintas facetas implícitas se muestren o se exploten para construir un producto de calidad.

Tercero: Demasiada sensación comiquera y eso me cansa.

Por un lado tengo el problema de que no visualizo personajes "de carne y hueso" sino dibujos animados desenvolviéndose por distintas superficies, como si estuviese viendo una película de Pixar o de Disney (es más, en mi imaginario, quizás condicionado por las portadas de los libros, los trazos de cada uno guardan cierta similitud con los dibujos que en su día utilizaron para Hércules).

Por otro, esa sensación de comic de 24 páginas de marvel (pienso en la Patrulla X que conocí en los 90, pero creo que es extrapolable a muchos otros de la misma y de distintas editoriales) con la sucesión constante de luchas. Menganito se enfrenta con Blablabla, justo cuando termina (medio convaleciente y arrastrándose por el lugar elegido para ambientar) aparece el siguiente contendiente que justo pasaba por ahí, el consabido Blablabla, mientras tanto, huye malherido pero dispuesto a retornar en unas 30 páginas más tarde, mientras la nueva contienda aumenta la dosis de inverosimilitud y falta de credulidad del lector.

Además, como en esos grandes hitos de mi infancia, aquí nadie cae. Te hieren, casi, casi, te llevas tu propio brazo arrancado del cuerpo, pero en 5 páginas y un par de fórmulas milagrosas después vuelves a la batalla completo, casi más fuerte, sin apenas miedo a fallar porque eres de otro material y no temes a nada.

En la época post "Juego de Tronos" (podría decir post Crónicas de la Dragonlance que ahí ya caía algún protagonista, pero su repercusión fue mucho menor y hay que estar a la última) donde el realismo prima sobre la fantasía y a grandes luchas se sucede siempre el recuento cruento de daños y caídos, resulta inusitadamente extraño seguir en ese perfil de "tranquilo, que aquí no pasa nada porque soy como Mister Potato, se me cae una parte pero me la vuelven a pegar".

Creo que "The prophecy con", como la novela anterior, es más propia de una Young adult alto talludita que de una fantasía adulta exigente. Falta el personaje joven que aporte la proximidad a ese tipo de lectores pero estoy convencido de que se sumergirán rápido en la narración y pronto la estarán disfrutando.

Como adulto me ha faltado un poco más para poder disfrutar de la historia y tener esa sensación de interés constante. Como lector, dentro de un ámbito steampunk, sigo preferiendo a Chris Wooding, con mucha diferencia. Dentro de un concepto más amplio de fantasía, "The Grim company" aprovecha mejor sus recursos y da mayor sensación de disfrute al lector. Al menos a este lector.

Valoración: está bien. Y sí, por si hay dudas, leeré la tercera entrega... siempre y cuando no siga habiendo aumentando el volumen de la serie. Si aparece una cuarta entrega ya veré que hago.

sábado, 21 de octubre de 2017

The Grim Company - The Grim Company, vol. 1


La fantasía en general vive un momento bastante interesante, no sólo por el éxito televisivo mundial de la ya recurrente "Juego de tronos" sino por la proliferación de distintos autores que están consiguiendo hacerse con un nombre propio en el género, desde Brandon Sanderson y ese megauniverso (o cosmere) que ha creado y que sólo él parece saber cómo va a acabar a la proliferación de autores que han aprovechado las oportunidades de las Distopias para hacer el agosto. Sin embargo, da la sensación de que la más clásica de todas las variantes, la"espada y brujería" de toda la vida, aquella con la que crecí y que me hizo soñar con ser aventurero, está en vías de extinción.

Ni Ed Greenwood (y su Elminster), ni la serie de "La espada de la verdad" de Terry Goodkind, ni "Las monarquías de Dios" de Paul Kearney, ni James A. Moore con "Seven Forges", han conseguido mantener las constantes del género y los autores han ido derivando hacia otras subespecies"fantásticas.

La "espada y brujería" va dividiéndose y repartiéndose entre distintos subgéneros, ni mejores ni peores, simplemente distintos, que a mí, por momentos, no terminan de ofrecerme lo que busco.

Es cierto que como lector ahora tienes más opciones que antes: puedes ir hacia una Young fantasy de la mano de Rick Riordan y demás autores del ramo (ligeras, algo banales y quizás algo sosas para un adulto medio pero con un punto curioso y entretenido), optar por girar hacia versiones alternativas de la historia con dragones de por medio (Naomi Novik y su "Temerario" o Pierre Pevel y sus mosqueteros, por ejemplo) o dejarte seducir por algo mucho más exigente, detallado y coral como los "Juegos de Tronos" o "Las monarquías de Dios", con tintes más épicos y trascendentales pero en ninguno de ellos encuentras ese "algo especial" que daba, por ejemplo, Margaret Weis en "Las crónicas de la Dragonlance" (el resto de las series del universo Dragonlance las pongo más en entredicho, productos en muchos casos de consumo rápido aprovechando una fórmula y unos personajes ya exprimidos).

Hoy se llevan las sagas eternas donde cada libro (de 500 páginas en adelante y si llegan a 1.000 te damos un bonus) acaba cubriendo una ínfima parte de una trama ultracompleja de múltiples frentes a leer en decenas de libros, que reparte la atención entre todos ellos casi de forma uniforme y sin llegar a tomar partido por unos u otros pero los aventureros de toda la vida, los auténticos antihéroes, se extinguen, cayendo en el olvido. 

Los protagonistas de aquellas novelas, esa gente de bien obligada a ser héroes en contra de su opinión/decisión/voluntad, en textos no muy voluminosos pero con una idea muy clara y definida que ofrecían diversión, entretenimiento y acción a partes iguales, desaparecen.

Y con ellas esos personajes de "ensueño", totalmente definidos, con sus virtudes y sus defectos los que quién escribe hecha de menos. Esos mismos que luego escritores como Terry Prattchet podían coger, desgranar, exprimir y parodiar con gracia al permitirnos a todos formar parte de esa gran broma,  capaces en todo momento de identificar a la mayor parte de ellos sin dudar lo más mínimo.

En una época donde los superhéroes toman las pantallas de televisión volviendo a esos años finales de los 80 donde los cómics dominaban el consumo infantil, no estaría de más que alguien consiguiese rescatar parte del encanto fantástico ochentero en el ámbito de la fantasía. 

Esa misma fantasía que inspiró la idea de los juegos de rol y que hoy se ha visto reducida a meros clichés en infinidad de juegos de consola y ordenador que todo el mundo consume pero que no generan imaginario colectivo.

Quizás porque los propios juegos superan en mucho la ficción y su consumo es mucho menos exigente, el escritor de género se ha visto obligado a derivar hacia algo más profundo (o más intelectua, más hilvanado o cultureta) amparándose en una longitud desmedida para justificar la compra del libro.

Por ejemplo, Michael J. Sullivan en sus Crónicas de Ryiria se aproxima al recuerdo de Farth y el Ratonero Gris de Leiber pero su larga duración hace que sus tramas se diluyan un poco en la zona intermedia, dejando siempre mejor recuerdo por la potencia de su puesta en escena y el toque alegre de sus finales, que por el desarrollo intermedio.

En ese marco desolador llegó a mis manos (¡¡vamos, que compré!!), "The Grim Company", intento a ciegas por dar con algo de mi gusto (fue antes de "Carne picada" o lo mismo me habría dado más reparo fiarme de mi instinto)

"The Grim Company" es, claramente, una apuesta por una fantasía de ese corte más clásico, con algún cliché de género pero con las dosis justas de aportación propia que la convierten en una lectura a tener en cuenta. 

Muy definida, con una longitud aceptable, la sucesión de acontecimientos justa para que hablemos de una historia y no de una serie de catastróficas desdichas, sin grandes pausas que te disipen entre eventos y con personajes potentes o, al menos, con un par de ellos que lo son y te cautivan.

Como es la moda hay varios frentes abiertos y una narración coral, algo más concentrada que en otros casos (en este caso con 5-6 núcleos a seguir pero bastante interrelacionados como se verá después), narrando la perspectiva de distintos bandos, para contar una historia global que al final de la primera entrega se promete más compleja de lo que en un primer momento se pudiese vaticinar pero no tanto como para necesitar ir tomando nota en un cuaderno de mil nombres y eventos.

Como el texto no es todo lo homogéneo que me habría gustado, la intensidad y calidad de la narración varía en función de quién protagoniza el pasaje y la empatía que genera en el lector. Así, Davarus Cole, el teórico protagonista principal, es uno de esos personajes cargantes que si tuvieses delante estrangularías y te quitarías de en medio sin dudar desde casi el primer momento mientras que otros personajes a priori secundarios, como Sasha o Eremul, van ganando peso poco a poco, aunque en el conjunto de la obra no sean más que meros peones.

Hasta cierto punto arquetípica, la historia gana a partir del primer tercio cuando aparecen 3 bloques distintos en la intercalación de la narración:

Yllandris y la narración de lo que sucede en las High Fangs (el siempre socorrido "Norte"). Inhóspito, agresivo y peleón, que nos hace recordar al muro y los Salvajes de George R. R. Martin pero también a los pueblos bárbaros de Robert E. Howard.

Brodar Kayne, ese personaje que se queda en la retina y que admiras sin querer admitirlo. Un veterano de retirada que no se deja morir porque un código ético particular se lo prohíbe. Un luchador sin igual que debe hacer frente a los achaques de la edad y a su caída en desgracia desde el comienzo de la novela y que acaba robando el protagonismo a cuántos pasan por su lado.

Barnabas. El representante de la otra parte de la historia. Una de las grandes aportaciones de Luke Scull, innovación al frente de unos Augmentors, en los que algún mal pensado con algo de memoria podría ver retazos de esos "Dragones y Mazmorras" televisivos que algunos corríamos a ver y cuyos cromos coleccionábamos.

Con estos tres elementos y las distintas consideraciones políticas y morales que se van planteando conforme avanza la narración y nos muestran los distintos personajes, la historia cobra una nueva dimensión y la lectura adquiere un poco más de identidad, resultando al final algo bastante entretenido y bien llevado que se agradece por momentos y que evita caer en los momentos de bajón que pueblan las novelas con mucho más artificio y cientos de páginas de relleno.

Además, Scull consigue recrear/construir batallas distintas, épicas hasta cierto punto, llenas de tensión y adrenalina, de espadachines y asesinos, de magia y encanto, con criaturas infernales creando el pavor y personajes "reales" erigiéndose en salvadores. Un misticismo heroico que se echaba de menos en otras narraciones.

No pretendo engañar a nadie. No es la mejor novela del siglo y estoy convencido de que casi cualquiera de los libros de Martin o Sanderson son mucho mejor novela que ésta pero lo cierto es que su autor ha conseguido hacerme recordar por un momento esos sueños de infancia, esa capacidad de soñar y olvidar la realidad, vibrando y temiendo con (y por) los protagonistas (o al menos algunos de ellos) mientras la adrenalina bombea por el cuerpo a la espera de un enemigo al que hacer frente o de ese encuentro final que esperas, temes y ansías a partes iguales. Y eso no tiene precio.

Un pero... ninguna editorial española ha apostado todavía por ella. 

Valoración: Me ha gustado. Con cosas por mejorar y pulir pero en la línea de la narración que me gusta y con algo la sensación de haberme podido reencontrarme finalmente con un tipo de historia que me gusta y echaba de menos, me parece una buena lectura dentro del mundo de la fantasía.

miércoles, 11 de octubre de 2017

The graveyard book (El libro del cementerio)



Tocaba Gaiman.

No sé si por sibaritismo, populismo, curiosidad o interés, pero cuanto más lo pienso más claro tengo que era lo que tocaba.

Llevaba mucho tiempo rumiando esta lectura. Realmente lo que rumiaba era "una lectura de Gaiman". Durante mucho tiempo.  Hoy parece demasiado. 

Por un lado me movía la curiosidad, vi "Stardust" cuando salió, hace ya mucho tiempo y aunque en película no me terminó de llamar la atención siempre me he quedado con las ganas de enfrentarme al libro y ver qué tal. 

Por el otro, me puede el interés, la curiosidad y la vanidad. He leído a Tolkien, R. R. Martin, a la sociedad formada por Weis y Hickman, Herber, Sanderson, Clark y poco a poco intento que pasen por mis manos todos los "grandes clásicos" o los que lo serán. (Nota personal: China Mieville se sigue resistiendo).

Me gusta tener una idea global, no siempre siento la necesidad de explorar toda la bibliografía de un autor que me haya gustado pero sí tengo una compulsión extraña hacia lo nuevo y variado, a localizar referentes y explorarlos y Gaiman lo es, o al menos lo lleva siendo la última década.

Hace poco estrenaron "American Gods" en televisón y un primer vistazo me dijo que no era para mí pero que quién lo creo tiene mucho que ofrecer.

Hace un par de semanas vi que se publicaba "Mitos nórdicos" y supe que la acabaría leyendo si disponía de unos cuantos meses para ir cubriendo otras asignaturas pendientes. Pero, ¿cómo empezar a leer a Gaiman justo por su última obra? 

Así que mi problema había mutado. Ya no era cuestión de si iba o no a leer algo de Gaiman sino por dónde iba a empezar a hacerlo. Y, salvo el descarte de "Stardust" para evitar comenzar con una novela que ya supiese claramente de qué iba, no tenía un claro favorito. 

Descarté posibles segundas partes y secuelas y me lancé a la suerte, sin buscar sinopsis ni investigar nada en profundidad. El azar quiso que fuese "The graveyard book".

Si soy sincero el comienzo me costó. 

Su prosa no es la de autores de bestseller y consumo rápido. Tiene un ritmo o una musicalidad distinta y su lenguaje es algo más áspero, más incómodo, no siempre tan coloquial como me gustaría. 

Venía de leer "The hostage", donde la mitad de los diálogos tenían jerga y abreviaturas coloquiales propias de dialectos escoceses e irlandeses y, sin embargo, me costó bastante menos que esta novela. En ese sentido el avance fue lento (no mucho pero lo justo como para notarlo, lo que de por sí no es un buen comienzo).

Además el vocabulario es distinto al habitual, no es algo abrumador pero sí lo suficiente como para frenar la sensación de lectura fluida que me gusta. Una cuestión que me ha llamado la atención desde el principio, porque al principio lo interpreté 100% como un libro de Young adult y no terminaba de entender la exigencia para su lector en potencia.  Notaba un contrasentido entre el fondo y la forma y no terminaba de ajustarlo.

He leído "Momo" de Ende, y el lenguaje (que conste que la leí traducida) es otra cosa. La leí siendo un crío y hace unos años y creo que es una lectura de niños con un mensaje que los adultos han olvidado y que a veces necesitamos que nos recuerden.

"The graveyard book" es algo distinto, creo que es un libro de adultos que los niños pueden leer y disfrutar a su manera. O un libro intergeneracional (palabra que está muy de boga) que según quién lo lea ofrece cosas distintas.

El eje argumental no es especialmente complicado, para alguien joven debe ser algo parecido a la serie de "mi pequeño vampiro", mientras que para un adulto puede resultar algo demasiado liviano pero de fondo hay pequeñas cosas adicionales, momentos puntuales que te van transmitiendo algo distinto, información que como adulto interpretas y valoras de forma distinta a los más jóvenes, elementos que están ahí aunque no se mencionan  y que hacen que la novela te vaya cautivando aunque eres consciente de que "eres demasiado mayor para ese tipo de lectura".

No creo que se trate de Nobody, de Silas o de Scarlett, ni de los terribles Jack, creo que se trata de la reflexión sobre la vida, el paso del tiempo, el amor y el cambio. 

Quizás por eso se haya convertido en uno de esos pequeños tesoros que guardas muy dentro para volver a él en otros momentos de tu vida en donde buscas encontrarte o ver si te reconoces, como a mí me pasa con "El principito" de Saint-Exupéry y ciertas películas que te hacen volver, si no a ser el niño que fuiste, si al menos a reencontrarte con emociones y sentimientos que normalmente contienes en el frenesí cotidiano donde las formas se cuidan y todos llevamos armadura.

No sé en qué momento dejó de ser "la lectura a terminar sí o sí porque toca, me guste o no" a un "madre mía que todavía consigue que suelte una lágrima justo aquí, en mitad de la calle", pero la metamorfosis realmente se produjo.

Recuerdo su tramo final, ayer en el metro, inmerso en su lectura, con ese poso de tristeza que se te instala en el interior cuando notas que algo está llegando a su fin y no quieres que sea así, por muy inexorable que sea. Hasta el punto de que cuando te quedan 10 páginas y notas que el autor ha hecho su última pausa antes de cerrar la novela, haces una pausa injustificada para darte un ratito más que te permita despedirte del libro en condiciones.

Su momento cumbre ha hecho que sintiese cosas, no sé si una profunda tristeza, una enorme alegría... o ambas las dos. Es de esos finales que además te regalan una frase de esas que te marcan en un momento de tu vida (y corres a incluir como foto de tu perfil de whatsapp porque en ese momento crees que define parte de qué/quién eres) y un final que me hizo recordar los finales de dos películas ("Dentro del Laberinto" y "Los Goonies") con todas las emociones que generaron entonces en mi interior (ese cúmulo de sentimientos que se contraponen y te convierten durante unos instantes en una montaña rusa donde no sabes si reír de tristeza o llorar de alegría) y ese punto (¿y seguido?) que pone el fin a las mismas.

Quizás por eso, por ese punto que me ha tocado y que la convertirá en algo difícilmente olvidable, la valoro como algo increíble, aún cuando durante la mayor parte del tiempo habría sido una "Young adult" que no está mal, sin más.

Valoración: increíble.

P.D: Volveré a Gaiman, eso seguro.

P.D.II: Las ilustraciones de Chris Riddell suman y mucho.