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lunes, 15 de julio de 2013

La estrella del diablo - Harry Hole, vol. 5


Tras una temporada sin postear por motivos que no viene al caso me he encontrado con ganas, tiempo e interés  suficientes para buscar un hueco y volver a hacerlo.

Por tiempos le tocaría el turno a “Taltos” de Steven Brust, que finalicé hace un par de semanas pero tendrá que esperar su turno pues he decido saltarme el orden habitual (Primero leído primero comentado) y quedarme con “la estrella del diablo”, la quinta entrega de la serie protagonizada por Harry Hole, escrita por Jo Nesbo.

Hago la diferenciación entre los dos, personaje y autor, porque es la simbiosis entre los dos la que convierte estas novelas en algo maravilloso. Como lo son las obras de Lehane con Patrick Kenzi y Angie Gennaro,  las de Deon Meyer con Mpayipheli o las de Franck Thilliez con Sharko, para mí los cuatro mejores exponentes de la novela negra actual.

Harry Hole es un personaje que no lo ha tenido fácil en España. Las dos primeras novelas de su serie no se han publicado traducidas todavía y el lector se ve obligado a montarse sobre la marcha en “Petirrojo”, quizás por eso la novela más “floja” de las tres (lo que no quita para que sea una buena novela). 

En las dos siguientes, con el poso previo de la tercera, el acercamiento a Hole es más sencillo, sus aristas se van limando y el personaje cobra una entidad y un empaque que en un primer momento no parecían posibles. 

Humano, íntegro, solitario y creíble, las cuatro grandes características de un hombre atormentado por distintas pérdidas personales que le han marcado y le han condenado, lanzándole, al comienzo de esta quinta entrega, a los brazos del alcohol.

Hole, como Sharko, Mpayipheli o Kenzi, es un personaje tridimensional, alejado del hieratismo de los protagonistas de los años 60-70 e incluso 80 o de otros personajes contemporáneos como Harry Bosch o Myron Bolitar. 

Un personaje estoico y sufrido, pero también cambiante, en constante evolución. Obligado a enfrentarse a sus miedos y a situaciones que le llevan al límite. Incapaz de superar el trauma de la lesión de su hermana y el asesinato de su compañera, Hole es un hombre en plena espiral autodestructiva hasta que un productor de musicales le pide que encuentre a quien ha secuestrado (¿y matado?) a su mujer.

Pero “La estrella del diablo”, como pasó con “Némesis”, es mucho más que Hole. Es un conjunto de tramas e historias que se entrecruzan para mostrar al lector una imagen amplia de los sucesos que, durante un periodo limitado de tiempo, acontecen a una serie de personajes. 

Una novela donde todos tienen su momento y donde el lector se ve atrapado por el enorme atractivo de la narración. No es cuestión de descubrir quién y por qué está llevando a cabo el asesinato sistemático de varias mujeres en Oslo sino de ver/sufrir a Harry cuando es obligado a trabajar, codo con codo, con Tom Waaler, el hombre que bajo el apodo de “El Príncipe”, es el cabecilla de una red de tráfico de armas, responsable, entre otros, del asesinato de Ellen.

Es esa confrontación/relación entre los dos la que marca una novela entretenidísima que es preferible leer del tirón para no perder la referencia de los distintos personajes. Con una trama muy difícil de predecir, el peso de la obra recae en Hole pero no obvia el importante papel que los personajes están llamados a tener en la historia. 

Tan absorto en el tete de force entre los dos antagonistas el lector no se fija en pequeños detalles que Hole recupera al final para explicar el proceso deductivo que le lleva a dar con el asesino. Pero, incluso en ese momento, la atención y la tensión de la novela se sitúan en otro punto, en esa confrontación anunciada durante varias novelas y que en el final de ésta se produce.

“La estrella del diablo” es un 9 en la escala “hoguerística”. Y no es un 10 porque esa es una nota que creo que voy a reservar para novelas autoconclusivas, que ponga con su  final a la historia. Afortunadamente el final de esta serie todavía está lejos.

Esta quinta entrega lo tiene todo para gustar: es una obra redonda, intensa, bien llevada, que va in crescendo durante todo su “metraje” hasta alcanzar el clímax en su momento final. Tiene amor, dudas, intriga, tensión e incluso (o inevitablemente) amargura. Cuenta con un personaje con el magnetismo que despide Waaler y con la inquietud y la incertidumbre de las sombras que se vierten sobre la institución policial y cuantos los componen. ¿Quién forma parte de la red?¿hasta qué estamentos llega la corrupción policial? ¿Quién está enterado del asunto?¿es Waaler la punta del iceberg?¿si hay un “Príncipe” es que hay un “Rey”?

Jo Nesbo es un autor capaz de construir un gran thriller sin  persecuciones ni juego de luces, sin argucias argumentales ni giros efectistas, sólo necesita su pluma (o su máquina de escribir o su ordenador), un gran personaje, buenos y entrañables secundarios (como Beate) y ese poso de bilis que rezuma la realidad y que sólo unos pocos saben utilizar para construir sus novelas.

Pero:…para mí ninguno. Ni larga, ni corta ni fría ni pasada. Una obra redonda y muy bien llevada.

Lo mejor: Que Harry siempre crece, que cambia, que evoluciona y sorprende pero nunca pierde la coherencia. Y, por supuesto, que la serie continúa.

Premio del Mes de Junio: con bastante retraso pero el premio a la novela que más me gustó el mes pasado es para "Un soplo de aire fresco" de Don Winslow.

P.D: intentaré enmendarme y en las próximas semanas recuperar el ritmo y suplir, además, la sequía que ha padecido el blog, aunque para ello tenga que postear en algún momento entre semana.



domingo, 12 de mayo de 2013

House of cards - The negotiator vol. 2

Tenía escrito un post. Puede que no "EL POST" pero un post a fin de cuentas, sin embargoo sonaba vacío y frío y no he podido dejarlo así. No sé si lo que viene a continuación será de tu agrado pero lo que voy a intentar es que sea del mío, así podré dormir tranquilo.

Me gusta "House of cards" porque me parece que a pesar de ser una novela de fantasía habla de la vida y, aunque sólo sea de vez en cuando, me sienta bien ver mis miserias, mis dudas y todos esos temas a los que les doy cien mil vueltas a lo largo del día plasmados en papel.

Habla de amor...por supuesto. Ya lo hacía en la primera entrega pero en esta segunda ahonda mucho más. Me gusta porque no lo hace sólo con idealismos baratos de novela rosa, también muestra la cara más oscura, la amarga: habla de celos, de miedos, de inseguridades y de vulnerabilidad pero, sobre todo, habla de la tendencia que tenemos todos a interpretar la realidad según nuestros gustos y apetencias, olvidando los hechos o corrigiendo (apartando) aquello que no nos interesa. Habla de cuentos de hadas y de "castillos en el aire", de esos futuros imaginarios que nos montamos cuando conocemos a quien esperamos que sea nuestra pareja y como anticipamos un sin fin de cosas que luego posiblemente no lleguen a suceder. Habla de poner los pies en el suelo, de aceptar las cosas como vienen y de afrontar los desengaños y los problemas, no de dejarlos a un lado o de intentar omitirlos. Y por eso, aunque sólo sea por eso, me gusta.

Habla del idealismo... de nuestros sueños de infancia. De nuestras ideas preconcebidas, de la intención (que creo que quien más y quien menos ha experimentado) de cambiar el mundo, de ayudar a hacerlo mejor, de "aportar nuestro granito de arena" y de como a veces para hacerlo uno recorre un camino distinto al que pensaba. 

También de como a veces la vida (las circunstancias o el fatum) son las que se imponen y te llevan por derroteros distintos a los que inicialmente pensabas. Incluso se refiere a la capacidad absurda y sorprendente que tenemos todos de revestir nuestras "bajadas de pantalones" y nuestros vaivenes ideológicos autoconvenciéndonos de que nada ha cambiado en nosotros durante el camino. 

Creo que en el fondo se puede decir que habla de eso que muchos llaman "la crisis de la mediana edad", esa que hace que una mañana, mientras te miras al espejo pienses ¿cómo carajo he llegado yo aquí?si yo iba a hacer... y luego.... y yo lo que quería era... También habla de adaptarse y de aceptarse, de ser capaz de tomarse un respiro para pensar y tirar para adelante  y, lo más imporrante, de darse cuenta de que uno se ha equivocado y ser capaz de reconocerlo (aunque no haya marcha atrás posible).

Habla de pertenencia. De la necesidad que tenemos de sentirnos parte de "algo", por mucho que ese algo no siempre nos guste y del miedo al qué diran y a sertirse rechazado. Del cambio y del pavor que despierta esa palabra en todos nosotros en algún momento de nuestras vidas... y de nuestra fragilidad, pues en muchos casos somos lo que la gente de nuestros alrededores nos permiten ser, son ellos quienes nos soportan y apoyan en los días malos y cuando las decisiones que tomamos nos alejan de ellos  nos cuestionamos y replanteamos nuestras acciones, porque la soledad es algo aterrador y la incomprensión de los demás un mazo que puede causar un daño irreparable.

Y habla de integración. De sociedades que se rigen por normas distintas a las nuestras, por gente con otras ideas y una visión distinta y de como la interacción puede conllevar dos cosas: cambio o distanciamiento. El segundo puede doler o no ser comprensible pero es más "honesto", cuando sucede uno sabe que esperar pero con el "cambio" la cosa es distinta porque uno está siempre dispuesto a alterar lo que conoce y no le gusta, intenta moverse para conseguir lo que el considera "la plenitud" pero no está dispuesto a aceptar que otro intente hacer eso mismo con él

Para mí todo eso es "House of cards" con dragones, djinns, gárgolas y vampiros pululando por nuestras calles, a pesar de todos los elementos fantásticos que se quieran poner como "peros", creo que es un buen retrato del ser humano, de nuestras limitaciones, nuestros sueños y nuestras esperanzas. Y creo que por eso me gusta.

Por eso y porque se lee muy bien, porque es enormemente entretenido y porque no tiene nada que ver con lo que he leído antes. Sí, hay amor entre dos "razas" distintas y eso hace pensar en "Crepúsculo" o en otras novelas similares pero en el fondo no tiene nada que ver porque la de Margrit y Alban es una relación "adulta" (con el sentido peyorativo que uno le quiera poner a la palabra), lo que mueve a los protagonsitas como a Edward y Bella en su serie es "El amor" pero lo que pasa por la cabeza de los protagonistas de "House of cards" es mucho más complejo, o al menos está mucho mejor definido.

Los personajes cambian y se adaptan, incluso las (en principio) inamovibles gárgolas, conforme cambian sus circunstancias. No es el cambio fluído como nos venden siempre, hay muchas aristas y en el camino sufren y se desgastan, tienen dudas y se ven obligados a aceptar. Por eso personajes como Janx, Alban o Daisani cobran enteros en esta segunda novela. Tanto como Margrit, que en esta entrega descubre que Newton no andaba tan equivocado cuando enunció su tercera ley: toda reacción provoca una reacción opuesta e idéntica.

Como obra está bien porque además su trama es compleja pero creíble (sí, ya lo sé, con criaturas como estas poco creíble será, pero si lees esto es porque estás dispuesto a "creer" aunque sea durante un rato, ¿no?), porque tiene un par de giros inesperados que están muy bien y porque no se limita a ser una continuación del "deshojar la margarita" entre los dos protagonitas. Aquí está el futuro de muchas razas en juego y eso es lo que importa.

Y tiene unas últimas 50-70 páginas que suben todavía más el listón y convierten esta novela en algo notable de verdad, esta vez con un par de momentos de (esa tan ansiada a veces) acción que quedan para el recuerdo.

Queda todo abierto para el cierre de la serie en "Hands of flame", pero la guerra ya ha comenzado y la cosa está que arde en todos los frentes.

Un pero...

Aquí no llega. Es algo increíble. Eso sí, al menos en inglés sale barato. 

domingo, 28 de abril de 2013

El síndrome E - Sharko 3


Real.

 Una palabra, una nada más, para resumir una novela. Pero quizás la que mejor describe lo que es la obra de Franck Thilliez. 

 ¿Creíble?...

 Sí, pero no porque sea "real". A veces la realidad es tan ¿atroz?, ¿dura?, ¿extraña?, que resulta increíble. Al menos para mí que más de una vez (y de dos y tres) me he encontrado pensando que algo no me podía estar pasando, que no era posible, que tenía que ser un sueño. 

Thilliez es creíble porque escribe bien, porque es capaz de crear un entorno propio para dar cabida a la trama, un conjunto armónico que justifica cuanto aparece en la novela. Lo mejor de todo es que, además, lo hace con sentido. 

Todo cuanto crea puede haber sucedido. Es más, cuando acabas la novela estás convencido de que ha pasado y que lo único que ha hecho es utilizar sucesos reales bien documentados para ubicar su obra. Imagina la cara de pánfilo que se te queda cuando decides investigar y tras poner en google "Síndrome E" lo único que salen son referencias a su novela, no la ristra de páginas de medicina en las que esperabas cotillear todo lo posible sobre esa afección humana. Y lo mismo pasa con todo lo demás, porque tú sigues buscando, convencido de que entonces lo que ha pasado es que ha cambiado el término clínico o que se ha modificado durante la traducción de la novela pero que debe estar ahí, como los casos de los que habla en la novela, los libros que utilizan los investigadores, etc... Ese es su gran poder, ser capaz de hacer verosímil una ficción literaria. 

Dura.

Mucho. Fundamentalmente porque sus novelas se sumergen en la naturaleza humana, no sólo la del posible asesino, también en la de los protagonistas y en la de personas que giran alrededor de la trama. 

No la dureza del cine o de la literatura de consumo rápido, la de la vida misma. Aquí no hay casquería o descripciones prolongadas de largas agoníassólo víctimas que se convierten en asesinos, personas destrozadas por la pérdida de un ser querido, matrimonios que se rompen por el desgaste de los año o la soledad de quien vive cualquiera de estas cosas sin encontrar una persona con quien compartirlas. 

Lo que hace verosímil esta novela es que refleja la dureza del día a día, la misma que de una forma u otra experimentamos todos. La única diferencia entre que lo veas por la calle o lo leas en un libro es que aquí no apartas la mirada para darles un poco de intimidad si no que te sumerges en la trama un poco más porque te puedes permitir sentir compasión o curiosidad sin tener que disimular.

Humana.

Mucho. Aunque eso no tiene porqué ser bueno. Es casi imposible leer esta novela o su predecesora, "El ángel rojo", y no pensar en lo infame y monstruoso que podemos llegar a ser. 

Cuando uno lee una novela de psicópatas siempre tiene la opción de pensar "ese es que está chala'o" o "está para que le encierren" y así mantener la distancia pero cuando ves personas como tú haciendo auténticas bestialidades amparándose en razonamientos que ellos creen fundados es inevitable que se te ponga la carne de gallina.  

Aterradora.

Sin necesidad de monstruos venidos del espacio o criaturas infernales que vuelven a la vida para seguir haciendo el mal. Orwell lo dejo claro "El gran hermano te vigila", no creo que haya nada más aterrador que leer sobre grupos organizados (da igual si son corporaciones económicas, gobiernos nacionales o asociaciones de ricos con ansias megalómanas) dispuestos a hacer lo que haga falta con tal de conseguir su objetivo.

No son necesarias perecuaciones interminables ni que los protagonistas jueguen al ratón y al gato con el malo para crear tensión. Basta con que quien escribe sepa trasmitir el desasosiego del investigador que no es capaz de encontrar la brecha que le permita arrancar definitivamente o la sospecha de que siempre hay alguien un paso por delante de ellos, la sensación de que en cualquier momento todo se puede torcer y acabar muy mal.

Amarga

Esa es la sensación que impregna toda la novela. Aquí los descubrimientos no se celebran con alegría porque nos adentran un poco más en las miserias humanas. El fin de la cacería no supone el castigo del malo sino la representación de como la sociedad falló a una persona a lo largo de su vida hasta límites insospechados. Y, a veces, las circunstancias y las personas alcanzan un punto del que no es posible hacerles retornar.

Ni siquiera los finales se salvan, más cerca del "y aún hay más" que del "vivieron felices y comieron perdices".  

*********

Me gusta Franck Thilliez. Me impresionó mucho "El ángel rojo", me sobrecogió por la dureza de lo que contaba. Siempre lo he comparado con la película "Asesinato en 8 mm", aunque también podría haber hablado de "Tesis", pero por encima de todo lo que me llama la atención de este escritor es su capacidad para manejar las tramas. 

No es social, porque aunque habla de personas lo hace como sumas de individualidades y no como colectivos uniformes. Cuantos forman parte de su obra son personas disgregadas, carentes de un nexo que les una. 

No estamos en la Marsella de Jean Claude-Izzo, no hay nexos de pasados compartidos o miserias comunes, sino individuos que se cruzan unos en el camino de los otros. Para ser comparables a los personajes de Thilliez les falta esa sensación de "pertenencia" que tienen las historias de mi padre cuando habla de "la corrala" o mi ex-compañera de trabajo Mari Ángeles cuando habla de su infancia en el pueblo.

Los protagonistas de "El síndrome E" estás desarraigados. Carentes de vínculos, son individuos a la deriva (al menos emocionalmente). Tienen las ideas claras, cumplen perfectamente su función social pero algo en su pasado les ha marcado y les impide echar raíces, y sin algo donde afianzarse casi da la sensación de que les faltan motivos para seguir adelante. 

Me gusta Sharko. Con toda su tristeza, con su rabia, con sus compulsiones y sus taras. Me parece un personaje con el que es fácil identificarse. Durante las dos primeras novelas de la serie (ésta es la segunda), el personaje cobra empaque, se va perfilando pero también va cambiando. Cambian las circunstancias y por tanto cambia él, en "El ángel rojo" había una rabia que no hay en esta segunda que es mucho más triste, con un tono más apagado (a pesar de contar con una mayor carga de adrenalina).

Me gusta Lucie Henebelle, la nueva incorporación a la serie, a pesar de que hay una parte de ella que no consigo entender. ¿Será que me falta una pieza de su pasado para que todo encaje o simplemente es que no he llegado todavía a experimentar esa devoción por mi trabajo que me haga olvidar r todo lo demás, incluida la vida familiar?

Lucie y Sharko hacen bueno eso de 1+1=7, que cantaba Fran Perea. No se quitan protagonismo, se complementan y se ayudan. Juntos crecen y se potencian y procuran a la serie una ternura que no había poseído hasta la fecha. 

Por último y vital

Thilliez debe estar de moda porque tras la publicación de "El ángel rojo" pasó mucho tiempo sin que se publicase otra novela de la serie y ahora hay otras cuatro en el mercado. Sé que "El síndrome E" está en boca de muchos y la gente se ha lanzado de cabeza a leer la trilogía que coprotagonizan Sharko y Lucie. Yo recomiendo seguir el orden pero para gustos...

No me habría venido mal hace una semana conocer el orden de la serie. Por si a alguien le interesa es: "El ángel rojo", "luto de miel", "El síndrome E", "Gattaca" y "Atomka". 

En unos meses leeré "Luto de miel", así podré rellenar el pequeño hueco que notaba durante la lectura de  esta tercera entrega (siento si en el cuerpo del post aparece "el síndrome E" como la segunda, no lo es. Si sirve de disculpa yo lo he aprendido hace poco más de 10 minutos y llevo un mosqueo de bigotes).
 
Consejos para navegantes que quieran surcar las novelas francesas:

Si quieres probar algo distinto, TOTALMENTE DISTINTO, Fred Vargas.

Si quieres visitar una "barriada" europea, entender lo que es un gueto y los problemas de crecer y vivir en zonas marginales: "Chourmo", "Solea" y "Total Keops" de Jean Claude-Izzo.

Si quieres tensión y una buena novela negra, no te limites a apostar a Jean Christophe Grange, dale una oportunidad a Frank Thilliez, te sorprenderá.


domingo, 3 de marzo de 2013

"Warm bodies" - "R y Julie"

 ¿Cómo explicas a alguien lo mucho que te ha gustado algo? Hay gente a la que basta con mirarla para darse cuenta, te fijas un poquito y ahí está ese "algo" indescriptible (una exaltación, un arrobamiento, un ligero aceleramiento) que ha experimentado y que cualquiera que le conozca será capaz de identificar pero por escrito ¿cómo lo haces?

"Shibboleth" es el término que yo uso en este blog para resumir ese sentimiento pero a veces tengo la sensación de que se queda corto. Una vez más, ¿qué puedo hacer? pues voy a intentar plasmar en palabras una serie de gestos y comportamientos que en mi caso manifiestan mi entusiasmo hacia una novela:

- Pequeños trozos de papel colocados en las páginas donde hay una frase o un párrafo que en general me ha gustado: porque consigue resumir en pocas palabras una idea o un sentimiento (un "algo" que en algún momento he podido sentir/experimentar y en su momento no he sido capaz de explicar de forma convincente), porque su lectura evoca momentos o situaciones que he vivido y que de una u otra manera se han quedado grabadas a fuego en mi memoria o porque realmente me ha gustado, así, sín más. Mi versión de "Warm bodies" se ha convertido en una personificación bastante realista de un puercoespín ¿quién me iba a decir que dos entradas de cine podían dar para hacer tantísimos trocitos de papel? (Nota del autor: antes ni se me habría ocurrido cometer semejante tropelía. Guardaba todas las entradas de cine y tarde o temprano las metía en un album. Hoy ni me molesto, a las dos semanas de comprarlas es difícil encontrar el menor rastro de tinta, ¡como para encontrar el título de la película!

- Recomendar su lectura a propios o a extraños. Bueeeeno, realmente a propios, los extraños pueden deducir lo que quieran de los distintos post. Para recomendar algo sería bueno encontrar la forma de explicar los por qués, aunque dependiendo de con quién hable "la mujer del viajero en el tiempo" o el "Frankenstein" de Shelley me pueden venir como anillo al dedo. Y es que conocer a la otra persona tiene sus ventajas.

- Retrasar su fin: normalmente cuando una novela me gusta experimento sentimientos encontrados: un increible ansia por terminar la novela para ver cómo acaba y un miedo atroz a que termine y ya no haya más (normalemente va unido a un terror malsano ¿habrá un fin de novela que lo estropee todo?). En la lectura de "Warm bodies" he invertido tres días más de lo que suelo y ha sido totalmente intencionado, ni su lectura en inglés (por cierto se sigue muy bien) ni su duración (una cosa normal) sirven de justificación. He tardado lo que ( y porque) he querido (y nunca mejor dicho). Y es que de vez en cuando uno se tiene que parar a disfrutar con lo que está haciendo y esta novela me ha dado una gran excusa para hacerlo. Eso y un interés enorme de no tener que despedirme de "R" y de "Julie", por supuesto

 Lo cierto es que llegué a "Warm bodies" gracias al trailer de la adaptación cinematográfica (que me hizo reír y captó mi atención) y me quedé porque su lectura me atrapó, porque Isaac Marion sabe contar una historia y describir un mundo tirando (básicamente) de tres personajes (Kevin Perry, Julie y R).

2 chicos, una chica... ¡¡esta historia me la sé!!. Pues no, aquí no hay triángulo amoroso, posiblemente no sea factible decir que esta ese una novela romántica (tenga o no el amor presencia en ella), tampoco es una de terror (que nadie se preocupe), es un historia emotiva, tierna (sin ser ñoña) y realista, sobre todo realista, por mas que por ahí pululen zombies y bonys (y el que quiera saber qué son los bonys, que lea la novela). 

Una historia que habla de desengaños e ilusión, desamparo y esperanza, de rendición y de lucha, de odio, miedo al cambio e incluso de la discriminación como rechazo hacia lo distinto pero, por encima de todo, de lo que debería significar "vivir", por mucho que algunos de nosotros a veces lo confundamos con "sobrevivir". 

Es una lectura que merece la pena, que entretiene y distrae pero que a la vez hace que te replantees si tu mismo no te estás dejando llevar más de la cuenta, mientras habla de luchar por tus sueños, de afrontar nuevos retos y de no rendirse. Los amantes de las novelas románticas tendrán su momento, los de las películas de acción tendrán el suyo y los que como yo de vez en cuando disfruten con un poco de humor negro también encontrarán un par de instantes en los que sonreirán (y se reirán sin pudor).

Es injusto, cuando una obra te ha gustado en conjunto, destacar algún momento en particular pero resulta imposible no marcar las clases de conducir de R, los intentos de éste por comunicarse utilizando fragmentos de canciones de Sinatra, los dos momentos polaroid y un momento próximo al final en el que R ... y luego tiene que confesárselo a Julie y.... (y mejor que nadie intente rellenar los huecos porque es casi imposible  averiguarlo así que ¡¡deja de perder el tiempo, desiste y ponte a leer!!).

Ahora, mientras termino el post me surgen dos dudas que no consigo quitarme de la cabeza: ¿leyó Angelina Jolie esta novela antes de ponerse su tatuaje "quod me nutrit, me destruit" (lo que me nutre me destruye)?¿Es "Warm bodies" la mejor representación de que "sómos lo que comemos"?


Con la esperanza de que quien lea la novela relea este post y compruebe si mis momentos y los suyos coinciden y que mi párrafo anterior ha estado realmente sembrado (modestia aparte), me despido recomendando esta novela que casi seguro disputará el premio a la mejor del año en la próxima entrega de premios de "La hoguera...". 

Y aprovechando que "el Pisuerga pasa por Valladolid"... la mejor novela del mes de febrero se la voy a dar a "El alquimista impaciente"... porque pasan los años y sigo teniéndola presente, porque a pesar de que no es una novela reciente sigue estando de actualidad y porque a "Manhattan in reverse" (por mucho que me haya gustado) es notable pero le falta ese puntito que...

domingo, 10 de febrero de 2013

El alquimista impaciente - Serie de Bevilacqua y Chamorro, vol. 2

Cuando decidí que antes de "la marca del meridiano" iba a aprovechar para releer las novelas anteriores de la serie lo hice movido por la nostalgia y las ganas de reencontrarme con Bevilacqua y Chamorro, un intento (supongo que un tanto pueril) de poder volver a acercarme a ellos como la primera vez, buscando recordar las sensaciones que me produjo su primera lectura.

No ha sido la primera ocasión en la que he hecho algo parecido (ésta ha sido la tercera vez que he leído "El alquimista impaciente") pero esta vez he dejado transcurrir más tiempo y, como era de prever (y temer), parte del efecto no se ha producido, perdido posiblemente por los cambios experimentados por quien la leía.

Que me hago mayor no es una sorpresa para nadie (ni siquiera para mí por mucho que me sigo viendo con 20 años cuando miro al espejo) pero si la cantidad de cosas a las que no había prestado atención en su lectura en las ocasiones anteriores. Ante mis ojos ha aparecido uno de los mejores retratos del carácter mediterráneo y una explicación parcial pero real del porqué de los males (al menos de una gran parte) que estamos sufriendo en los últimos años.

Siempre he pensado en "El alquimista impaciente" como una novela algo distinta dentro del conjunto de la serie. El resto (de las cinco primeras novelas y la colección de relatos "Nadie es mejor que nadie y...") está marcado por los comportamientos individuales y sesgados de una serie de individuos, españoles sí (y por ende mediterráneos) pero narrada desde una perspectiva de vista más aislada y no como clara manifestación de una tara cultural colectiva.

"El alquimista..." en cambio describe un patrón de comportamiento que rige (impera y gobierna) a un porcentaje inusitadamente alto de españolitos de a pie (entre los que imagino a mi pesar que se me podría incluir), esos que consideran que las cosas están ahí para ser tomadas y que si uno no lo hace lo va a acabar haciendo el que viene detrás  ¡¡ y encima, se te va a quedar cara de tonto!!. Eso sí que no, antes me agarro a esa explicación tan vacía (sólo superada por el requeteusado politicamente "pues tú más") y lo hago y no me preocupo de si en el camino alguien sale perdiendo (porque defraudas a Hacienda o a la Seguridad Social, etc...), pues eso es el problema "de esos otros" que no han sido lo suficientemente listos o no han estado preparados para coger la oportunidad al vuelo como lo he hecho yo.

Esa mentalidad, esa forma de ser, es la que marca el triste destino de Trinidad Soler (el muerto de la historia), cuya muerte en inusitadas circunstancias tratan de esclarecer Bevilacqua y Chamorro, pero también el del conjunto de personajes que aparecen en la novela,  sea con un rol importante (como los empresarios Críspulo Ochaita y León Zaldivar) o secundario (como los residentes que viven cerca de la central nuclear pero lo aceptan sin discursión porque es gracias a lo que viven dejando a un lado los posibles riegos para sus vidas).

Evidentemente un comportamiento individual no marca el devenir de una sociedad pero cuando ese comportamiento es ensalzado y alabado por los demás, cuando cala en todos nosotros, acaba por convertirse en un leitmotiv grupal capaz de acabar con todo. Sería fácil (y muy cómodo) creer que los males de esta sociedad tienen su origen en personas como Ochaita o Zaldivar, que cuando echan a "rodar" son una avalancha imparable, pero la realidad es que realmente son "sólo" esa pequeña bolita de nieve que comienza su andadura en la cima de la montaña, la avalancha final no es más que el resultado de toda esa "nieve desarraigada", un montón de Trinidades Soler cualquiera, que movidos por dinero o cualquier otra motivación, aceptan  seguirles el juego y a aceptar sus premisas.

Me he pasado la última década criticanto a los italianos por aceptar y resignarse a vivir en un sistema en el que la corrupción no necesita esconderse y está en boca de todos. Cada particular, cada ciudadano, sabe en mayor o menor medida los nombres de cuantos están a su alrededor y aceptan "esas reglas de juego". No entendía, en mi gran ingenuidad, como era posible que la gente no lo viese y no hiciese nada para cambiarlo, hoy me doy cuenta de que no es así, de que simplemente lo aceptan porque ven en quienes lo hacen el reflejo de lo que ellos mismos harían/querrían hacer si estuviesen en su lugar, un reflejo magnificado de su (nuestro) comportamiento cotidiano. ¿Si no somos capaces de reconocer ese "hambre", esa tendencia a transgredir las normas para conseguir un provecho propio aún a costa de perjudicar a todos los demás, cómo vamos a ser capaces de levantarnos para cambiar esa situación? ¿Cuál es el detonante?¿qué nos lleva a ser así? y, lo que es más importante, ¿existe un punto de no retorno? ¿lo hemos alcanzado?

Creo que una parte importante de la novela trata de eso y sería fácil decir que el gran mérito de su autor es conseguir tratar ese tema y conseguir que el conjunto sea entretenidísimo y muy interesante, sin que en ningún momento nos sintamos cuestionados, y lo es pero lo cierto es que lo que hay que tener en cuenta es que fue capaz de hacerlo hace trece años... desde entonces la cosa sólo ha ido a mas. Y que, además, nos deja un atisbo de esperanza en la figura de un Bevilacqua embargado por la tristeza y la incomprensión hacia el difundo y una motivación que es incapaz de compartir.

Termino este post con un poco de rubor, el que me pone el ser consciente de que todo esto (y ahora me refiero sólo al contenido de la novela) ha estado ahí, ante mis ojos, y no he sido capaz de verlo, pero también con la excitación de quien sabe que ha encontrado un pequeño tesoro y espera que sea el primero de muchos otros que aguardan en otras relecturas venideras. La próxima, cuando le vuelva a tocar el turno a Lorenzo Silva, será "la niebla y la doncella" para mí la mejor novela de la serie hasta la fecha.

domingo, 20 de enero de 2013

El verano de los juguetes muertos

Sumergido en la vorágine del día a día (trabajo, casa, trabajo, casa, familia...) siempre mirando el reloj, la previsión meteorológica, el estado de las carreteras, las huelgas del transporte y la subida de la luz, dejarse llevar por lo habitual (o sea lo cómodo) sea en cine, televisión o literatura es fácil (y en mi caso frecuente), hasta que se llega a alcanzar ese punto en el que ya no eres consciente de que siempre lees "más de lo mismo", o lo que es peor, te das cuenta pero estás taaaaan cansado y taaaaan apático que decides seguir así "de momento".

Nota para Para los amantes de las listas de "superventas", "megahits" y "bestsellers": sí, sé que existen pero estoy en ese momento en que mi cinismo institucional no me deja agarrarme a algo  que elabora vete a saber quién y que no sé si son una ayuda y realmente refleja lo que la gente está consumiendo o si están puestas ahí como señuelos para dirigirnos hacia productos concretos. 

Lo dicho, que todo sigue igual hasta que un día das con algo distinto y  piensas "*****, si es que hay cosas ahí fuera que merecen la pena,  ¿cómo no me he enterado antes de la existencia de este autor?". mientras te das cuenta de que tienes dos motivos de alegría que hace unos instantes no estaban ahí: la que te equipara al pirata que ha encontrado un tesoro perdido y la del bribón que sabe que lo ha hecho sin esfuerzo alguno.

"El verano de los juguetes muertos" ha sido mi pequeño hallazgo del mes (y ese "mes" es un grito al cielo esperando que esta sea una de muchas sorpresas agradables que me depare 2013 a nivel literario) porque no sólo me ha gustado sino que durante unos días ha conseguido sacarme de mi ensimismamiento.

Su temática, alejada de los psicokillers, las grandes redes mafiosas, las agencias gubernamentales ansiosas de gobernar el mundo o los grandes planes pergeñados por mentes brillantes, está llena (mucho) de cotidianidad: bullying, el consumo de drogas entre los jóvenes, el alienamiento de las redes sociales, el desarraigo, los secretos familiares o las relaciones sexuales casuales. Todo presentado con normalidad, tal y como nos llega a nosotros en el día a día por la prensa, por el vecino o por la compañera del curro que nos pone en antecedentes de lo que "está pasando" con Pepita o Menganito.

Sus personajes también son "reales", podrían ser tu amigo Mario (sí, ese que está pasando por un mal momento) o tu tía Luísa (la divorciada) y como pasa con ellos, los vamos conociendo de una forma sesgada, es decir, natural. Porque nos hemos acostumbrado a leer novelas que no dejan juego al lector para nada. Nos describen todo de sus personajes, sabemos de ellos más que de nuestros hermanos y amigos, cuando la información que tenemos de la gente que nos rodea (por cercanos que sean) siempre es limitada y parcial. No es que no seamos capaces de conocer los secretos mas recónditos de quien vive con nosotros o de quien pasa a nuestro lado una parte significativa del día en el trabajo, es que sólo conocemos distintas facetas de esa persona, nunca la totalidad (que además, por mucho que la mayoría de escritores lo olvide, suele ser cambiante).

Toni Hill trae a nuestras vidas un trocito de realidad donde posiblemente la única ficción es la trama que une todos los acontecimientos y no los hechos que van salpicando el día a día de sus protagonistas. Hector Salgado, inspector de policía, divorciado, argentino y con un hijo, vuelve a Barcelona tras unas vacaciones forzadas...Leire Castro llegó al cuerpo después de la marcha de Salgado, joven, ambiciosa, preparada y "sin ataduras" (al menos de momento) se prepara para conocerle...Martina Andreu, madre de un par de gemelos, jefa y amiga de Salgado... Savall, el comisario, el jefe que está lidiando con "lo que hizo Salgado" cuando empieza la novela...Marc Castells, el chico muerto, ¿se cayó o le empujaron?¿en qué estaba metido?...

Con estos elementos se construye una novela sencilla, que no simple, que mueve tres tramas (¿o son 4?) con soltura y que van mostrando un poco de Barcelona, una miaja de Hector, una pizca de Leire y de todas las cosas con que tienen (y tenemos) que ir lidiando en el día a día, tanto laborales como personales.

No están solos,  también aparecen por allí Joana (la madre de Marc), Gina (la amiga), Aleix (el amigo), Enric (el padre), Regina (la madre de Gina) y hasta la señora Carmen (la vecina y propietaria de Hector), todos con su momento de protagonismo, personajes literarios que se comportan como personas de carne y huesos, unos más agradables y otros menos pero todos humanos y creíbles, conceptos que siempre se  esperan cuando uno se acerca a este tipo de literatura pero que a la hora de la verdad suelen brillar por su ausencia.

Toni Hill pone en nuestras vidas (iba a decir casas pero como yo leo en el Metro...) un trocito de Barcelona y nos deja compartir un momento de las vidas de un grupo de personas (en su mayor parte las miserias que les atormentan y determinan su carácter y modo de actuar). Todo bien construido y mejor llevado, con unos cimientos sólidos, un estilo sencillo y cómodo de leer y una/s trama/s que consiguen sorprender al final sin dejarnos con esa sensacion de tongo que tanto me molesta. 

Me ha gustado y me ha sorprendido a partes iguales aunque con cierta reserva a la espera de si esta novela ha sido flor de un día o si es el principio de algo realmente bueno. Espero que lo sea, de momento lo que sé es que el regusto final mejora conforme pasan los días, cuando uno retoma otras novelas y se da cuenta lo díficil que es dar con algo que entre tan bien y guste tanto a la vez. Quizás por eso llevo unos días que asocio esta novela con un adjetivo inglés "Smooth", que oigo frecuentemente como cuña radiofónica para promocionar un whisky.

P.D: Mientras escribía el post he pensado que por mucho que me parezca una buen novela no me dejaría 15-17 euros en comprarme la versión cara de la novela (lo cierto es que hay pocos libros que compraría por ese precio/en ese formato a día de hoy) pero para eso están la de bolsillo y la digital. Al respecto sólo una apreciación, en al menos una página he visto que hay pululando una versión de bolsillo en español (cuidado que aunque el autor lo sea hay alguna en inglés) un euro y medio más barata que la digital, por si alguien desea tenerlo en cuenta.