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lunes, 24 de septiembre de 2018

Instinto y pólvora


Soy más de leer para desconectar (por mucho que siempre se pueda aprender algo por el camino) que de leer tratados o disquisiciones sobre materias concretas.

Quizás por eso hasta hace apenas algo más de un mes no había tenido noticias de este libro y, de no ser por la injerencia externa de una amiga que me envió un enlace en el que hablaban de él j, creo que habría seguido viviendo en la inopia tan tranquilo.

Tras una temporada muy disperso, con demasiadas cosas encima y poco tiempo para dedicarle a cosas más baladís (o para dedicármelo a mí), al final los días se suceden y cosas que hasta ahora eran más o menos habituales van desapareciendo hasta que dejan de formar parte de la rutina cotidiana y de los recuerdos más próximos.

Son esas cosas que posiblemente no te realicen como persona (como leer sinopsis y comentarios de expertos sobre cine, teatro o libros, mirar recetas raras para ver si aprendes algo o tumbarte un par de horas a ver una película sólo por el mero hecho de poderte relajar y no hacer nada durante una tarde) pero que te permiten mantener el equilibrio en un día a día cada vez más estresante y desasosegante.

Entre los placeres de los que adolezco en los últimos días está la búsqueda de nuevas novelas o cotillear foros ajenos que aporten ideas con las que encontrar esa historia curiosa que añadir a la lista de lecturas pendientes.

En resumen, que me disperso: por mis propios medios no hubiese llegado a tener esta novela en mis manos. Como en algún otro blog y en algún artículo de prensa encontré referencias adicionales y lo que leí me llamó la atención, finalmente, me hice con la novela.

Lo primero para comenzar debería ser una corrección: novela es un término inexacto que no termina de encajar por completo con un texto que tiene algo de tratado (en este caso sobre la ciberdelincuencia, Internet y la situación social actual) y algo de biografía novelada.

A caballo entre esas dos partes claramente definidas, surge una lectura curiosa que hasta la mitad aproximadamente, ayuda a entender alguna de las cosas que suceden en la sociedad y que no dejan de tener presencia constante en los medios de comunicación, permitiendo redimensionar y acoplar lo que sabes, oyes, escuchas y crees para terminar de formarte una impresión real de lo que hay "ahí fuera", en ese basto universo llamado "Internet".

Sin llegar a tener una edad para considerarme obsoleto en materia informática, sí empiezo a estar en ese momento en el que soy consciente de la divergencia cada vez mayor entre lo que era una "herramienta" y lo que empieza a ser el lugar de evasión constante donde uno se pierde de forma constante, olvidando que el llamado "mundo digital" o el "virtual" es tan peligroso como el real.

Seguramente tenga la edad de sus padres y como  nunca he tenido una necesidad imperiosa de manejarme y conocer Facebook al detalle o cualquier otra red social, desconoceré el porqué de la necesidad de tanta gente por "estar ahí" pero he asistido a charlas sobre los riesgos de Internet y he visto la cara de pasmo que se les queda a alguno de sus tutores cuando descubren lo que "una burda herramienta de juegos" puede llegar a generar dado el mal uso que muchos hacen de las redes.

Hace unos años, "Los Compadres" hicieron un sketch sobre los peligros de "la nube". Algo digno de verse (Ver sketch,) y que trataba de servir como aviso para navegante.

Por mucho que carezca de la gracia de los humoristas andaluces, creo que los distintos relatos que utiliza Barrera para formar su relato explican sobradamente los "peligros" que rodean a nuestros hijos y a nosotros mismos (a fin de cuentas nuestros datos personales están en la red), la escritora trabaja en ese ámbito y nos ofrece una información más completa y amplia de la que normalmente recopilamos por nosotros solos.

Aunque sólo fuese por eso sería más que suficiente como para recomendar la lectura a todos aquellos que aún no sean conscientes de la forma en que ha cambiado nuestro mundo y el daño que puede llegar a causar en nuestro entorno un uso imprudente de los recursos de la red, sea a nosotros directamente o a aquellos que están a nuestro cargo.

No pretendo engañar, "Instinto y pólvora"  no es la más dinámica de las lecturas que han pasado por mis manos pero aporta un granito de arena que no deberíamos dejar pasar así como así.

La segunda parte, la novelada/autobiográfica, no está mal aunque deja bastante menos huella.

Por cuestiones laborales, por haber pasado por procesos similares y quizás por simpatía hacia alguien que ha luchado por lo que ha creído a pesar de los costes que esa lucha a corto/medio plazo pudiese suponerle, creo que lo mejor de la narración no reside en la explicación y defensa de la labor policial ni en su intento de humanizar una figura cada vez más en entredicho sino en la parte más humana, la suya, la de la persona inconformista que ante una vida que no siempre le ofrece lo que busca acaba por buscar siempre un camino en donde el éxito dependa fundamentalmente de su capacidad, esfuerzo y entrega.

Valoración: Está bien.

No creo que éste sea un libro para deleitarse ni que se aproxime a ser una lectura agradable que llame a la evasión y disfrute, siendo, como es, una "memoria" de los pasos laborales de una joven policía y lo que ha aprendido (y perdido) por el camino para llegar hasta donde está.

Hay un momento en que se hace larga (quizás hasta algo pesada) porque tiene un momento muy "me, mi, conmigo" (y no es la canción "ya no quiero ná" de Lola Índigo) que satura un poco si bien seguramente en las páginas finales se encuentra una de las mejores descripciones de lo que es ser opositor y el coste personal que impone a quienes se aventuran a intentar a entrar en la Administración (sin importar el tipo de puesto).

En otro orden:

Poco que contar. Un mes muy liado, con "Hunger" de Florence+The Machine, "Natural" de Imagine Dragons y "Happier" de Bastille sonando cuando lo cotidiano deja margen a lo extraordinario.

viernes, 9 de marzo de 2018

Rosy and John - Serie Camille Verhoeven, Vol. 3


Pierre Lemaitre es, sin discusión, la gran incorporación a mis preferencias literarias en el último par de años.

Directo, conciso, con una capacidad increíble para construir historias que te tocan a pesar de que intentas mantener la distancia recordándote que se trata "simplemente" de un libro.

En menos de cien páginas (una longitud que para muchos sólo sirve para introducir a los personajes) el autor francés construye una historia triste, cargada de emoción y con tintes trágicos que le sirve para mostrar  la catadura moral de la clase dirigente de cualquier país (sea o no desarrollado) y el conjunto de palmeros que les acompaña, la incapacidad de los seres humanos para escuchar por encima de sus prejuicios e intereses y la frustración de quién vive su trabajo con respeto y a riesgo de perder un poco de su humanidad cada vez cque se ve obligado a intervenir para evitar una desgracia.

Verhoeven es, posiblemente junto a Harry Hole, uno de los personajes más tristes y complejos que existen en el panorama literario actual, coincidiendo, además, sus creadores en la idea de procurar una descripción minimalista de sus protagonistas, dejando que sean los hechos y sucesos los que los perfilen ante nuestros ojos. p.

El caso del personaje francés es el más marcado de todos. Parco, introspectivo, inquieto y emotivo, tener a Camille como Cicerón en el mundo de Lemaitre (que por desgracia es el nuestro también) es someterse a un pequeño castigo, consciente (tras haber leído varias novelas suyas) y culpable, donde ejercemos de voyeristas impasibles ante las desgracias e infelicidades de un personaje que  trata de ayudar y  que, como los protagonistas de las tragedias griegas, siempre ve como no alcanza su objetivo acumulando mayor frustración y una sensación de insatisfacción y tristeza que siempre acaba repercutiendo de forma solidaria en el lector.

"Rosy and John" se construyó como una historia breve por entregas para poder leer en dispositivos no diseñados precisamente para la lectura o, al menos, poco propiciatorios para conseguir una lectura 100% satisfactoria.

Quizá por eso el conjunto es conciso, directo, carente casi de descripción (o al menos realizándola con silencios y situaciones, escamoteando las palabras) pero no priva en ningún momento al lector de disfrutar de un texto literario único, leíble en apenas 2 horas que como lector tratas de alargar y dilatar lo máximo posible sólo para no tener que salir de la historia.

Y, como sucede en "Irene" y "Alex" un final difícil, que no creo que deje indiferente a nadie, por mucho que quizás en esta entrega es en la que resulta más sencillo entrever hacia donde se dirigen todos los personajes.

Valoración: Me ha gustado

P.D: Pocas novedades, quizás la única reseñable sea Alice Mertón y su "No roots", el resto... más de lo mismo.



martes, 20 de febrero de 2018

Años de Sequía - Aaron Falk, vol. 1


La novela de Jane Harper es una muy buena novela que quizás me llega en un momento en el que la novela social de corte realista ha colmado un poco mi estantería y quizás al final, cuando la valore, no seré del todo justo.

Supongo que es lo que pasa cuando te sacias de algo en un periodo corto de tiempo. También el resultado de la insatisfacción cuando buscas una cosa y encuentras otra, por buena que sea.

"Años de sequía" es una novela hasta cierto punto costumbrista que plasma la situación de desamparo de una comunidad en la que una sequía casi permanente está acabando con el medio de vida de la zona y la dura y complicada situación que viven sus habitantes.

El suicidio de uno de sus habitantes, justo después de matar a su mujer y su hijo, parece poner el punto final a la existencia de todos ellos hasta que un antiguo amigo del fallecido (y es vecino del pueblo) regresa y acaba investigando el suceso.

Es una novela de ambiente claustrofóbico a pesar de narrarse en una extensa explanada de tierra árida. Sus escenarios son limitados, así como los personajes que intervienen en la narración y generan en el lector un ambiente agobiante y recargado que genera angustia.

Harper consigue que entendamos y comprendamos parte de la opresión que padece Aaron Falk durante la historia, ese agobio constante ante un pueblo de mirada hostil y un pasado recurrente que no hace mas que abordarle paso a paso. Y se agradece.

El problema (más bien mi problema porque se deriva del orden en el que los libros han ido cayendo en mis manos) es que la construcción con flashbacks y esa "vuelta a casa" se parece de forma parcial a "Ángeles en llamas" o "La isla de los cazadores de pájaros".

De la primera, para mi gusto la más próxima aún con matices, la separa el carácter de su protagonista. Dove Carnahan, el personaje creado por Tawni O´Dell es más amigable (a pesar de la crudeza de su narración), más sociable y, por ende, más enfatizable. También es menos contenida y creo que para alguien a veces demasiado impulsivo o con tendencia a saltar con un arranque de mal genio o una mala contestación resulta más fácil encontrar similitudes con ella que con Aaron Falk, más hierático y contenido, más impávido de cara al exterior, por tortuosa que sea su vida interior.

Además, salvo excepciones, el ambiente claustrofóbico de la novela se transmite también al trato con Falk, con pocas intervenciones con terceros, mucha reflexión y mucho proceso interno, frente a la apertura y diversidad en el trato de Carnahan.

La gran ventaja de "Años de sequía" frente a "Ángeles en llamas" podría haber sido la introducción de Australia y su paisaje como parte integrante de la novela, algo que la distanciase sobremanera de cualquier otro pequeño pueblo de casi cualquier parte del mundo occidental, perono parece que esa fuese una de las prioridades de su creadora y, en ese sentido, la novela queda algo desvirtuada.

Posiblemente esa sea la gran diferencia con "La isla de los cazadores de pájaros" de Peter May, ese carácter costumbrista de la novela que nos traslada a una forma de pensar y obrar totalmente ajena a la nuestra o, al menos, lo suficientemente dispar como pactar la atención y hacernos querer saber más. Evidentemente en la propia narración y en la forma en que se construye la novela surgen paralelismos y cierta similitud por momentos pero la apuesta de May por convertir el entorno en un personaje y dotarlo de vida propia, convierte a su novela en algo más, en un "me ha gustado mucho" sobre el "Me ha gustado" que ha acompañado a otras novelas que, por lo demás, son bastante similares a la suya.

No hay mucho que me quede por decir, la verdad. Creo que "Años de sequía" es una buena novela, que quizás para haber conseguido el "muy" sólo le fallé yo, que vengo de un último año con varias historias de corte similar y que hoy justifico mi valoración siguiendo un criterio pero que de haber leído las novelas en otro orden, mi valoración habría podido sufrir alguna variación.

Valoración: Me ha gustado.

P.D: empiezo a necesitar un cambio de aires literario. Así que espero que nadie se extrañe si en las próximas semanas, tras los comentarios sobre "Dead Things", "Rosie and John" o "Maderos", aparece de nuevo Marco Malvaldi con su peculiar bar, Fred Vargas con Adamsberg, algún toque de humor surrealista de Christopher Moore o, quién sabe, esa famosísima perra de tres patas que acompaña a la señora Petrovna en la novela de Andrea Bennett.

En música... no me puedo quejar. "La mujer de verde", "Copacabana" o "Pequeña gran revolución", todas ellas de Izal parecen haber venido en este momento a dejar huella.




lunes, 29 de enero de 2018

Ángeles en llamas


"Ángeles en llamas" fue una de esas novelas que adquirí tras leer un par de buenos comentarios en artículos periodísticos y blogs pero que, cuando hace más o menos tres semanas acudí a la lista de apilados y casi olvidados (formada por experimentos, libros totalmente desconocidos y apuestas sin red) sin tener muy claro qué iba a leer.

Cogí esta novela como pudo haber sido otra. Me gustaría alegar que me fascinó su sinopsis, pero no la recordaba y no la releí. La idea era coger algo al azar de esa pila y ver qué tal.

El arranque fue bueno, básicamente porque desde las primeras páginas queda claro que no es un thriller de psicópata, lo que es muy de agradecer dado que mis últimos intentos de finales de 2017 en esa dirección de finales de 2017 fueron un "fracasooo absolutoooo", que dirían los lobos de la película "Cigüeñas").

Descartado el riesgo inminente de chasco quedaba por ver qué me iba a encontrar.

Una vez leído es muy difícil clasificar la novela de Tawnie O´Dell, diga lo que diga la Etiqueta de la derecha.

Propiamente no es lo que yo consideraría una novela social, por mucho que su trama esté condicionada por el pequeño microcosmos en el que habitan sus protagonistas.

Para mí, la novela social es una novela con cierto punto de denuncia social hacia un momento y una forma de entender ciertos temas en una sociedad. Y eso no pasa en esta novela.

De los relatos que han pasado por aquí, el que quizás me resulte más similar en cuanto a planteamiento global es "Naturaleza Muerta" de Louise Penny, con un desarrollo muy propio de las mejores obras de P. D. James, contando con un núcleo reducido de personajes y todos con su momento de importancia dentro de la obra, un conjunto narrado en su mayor parte desde puntos de vista subjetivos, definiendo entre todos el periodo de tiempo posterior a una muerte.

L. Penny superó esa versión en la primera entrega de las investigaciones de Gamaché, con una obra algo menos plural pero con una visión de los sucesos bastante repartida a pesar de contar con un protagonista muy definido. Eso sí, el suyo es muy carismático y es el responsable de atraer siempre la atención del lector y mantenerla centrada.

Tawnie O´Dell no construye la novela sobre la coralidad, por mucho que son varios los personajes que aparecen de forma reiterada en su historia. Su obra se centra en Dove Carnahan, una jefa de policía cincuentona a la que vamos descubriendo durante la narración, partiendo de una posible "jefa" pueblerina algo limitada en su vida interior y terminando en una mujer muy compleja, dual, difícil de etiquetar y, aún más, de enjuiciar a pesar de lo que se va descubriendo de/sobre ella.

En ese sentido se podría decir que la novela se centra en el pequeño ecosistema social de un pequeño pueblo minero de Pensilvania y narra y habla de los distintos secretos de un par de familias de la región.

Es una trama muy cruda, no tanto por lo que cuenta como por lo que ocultan sus silencios y lo que deja para que el lector vaya deduciendo de las pausas que se producen.

No creo que haya ninguna imagen en su lectura que espante al lector pero sí mucha historia pasada que le haga mirar con cierto pavor a lo que se narra.

No resulta fácil leer la historia sin experimentar más de un cambio de opinión, cierta sensación de incomodidad y la obligación como ser humano de valorar lo que nos han contado y la forma en que algunas de los personajes se han comportado.

Nuestra visión de muchos de ellos cambia a lo largo de la novela y, aún cuando vas descubriendo sus mayores secretos (algunos de ellos realmente duros), no siempre eres capaz de replantear tu opinión sobre ellos.

Como lector no me gusta que jueguen conmigo. Defino ese "jugar" como el que el escritor de turno me lleve por un sitio y, de golpe y porrazo dé un vuelco a la trama, sin mucho sentido y sin justificación que lo ampare, para poder terminar la historia en la forma y manera que él lo tenía previsto.

O´Dell no juega contigo en ese sentido. Simplemente consigue que quieras conocer la historia que hay detrás (no sólo del asesinato de una joven encontrada muerta al principio de la historia, sino el pasado de la propia jefa de policía y su extraña relación amor/odio con el jefe de la policía nacional) y que ese impulso te lleve a seguir adelante por dura, cruel, incómoda y terrible que pueda resultar lo que se descubra.

Pocas veces he leído una novela tan poco agradecida por todos los temas que toca (abuso a menores, encubrimiento de asesinatos, maltratos internos dentro de una familia, comunidades reducidas donde todos cuchichean y nadie cuenta lo que realmente sabe y un sistema social que falla a muchos de sus usuarios) que me haya conseguido mantener enganchado sin sentir en ningún momento la necesidad de dejar la historia aparte.

No he terminado "Ángeles en llamas" porque tenía que hacerlo sino porque quería hacerlo. No he sufrido sino que me ha cautivado y eso no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta que ninguno de los temas que aborda me resultan cómodos y que durante su lectura, como me pasó hace poco con "Tres funerales para Eladio Monroy" (la semana anterior pero con otro tema igualmente escabroso y una resolución moralmente cuestionable), me haya vuelvo a ver obligado a tener un pequeño debate interior sobre como es posible que una persona de polaridad programada (como he sido hasta hace poco), haya podido topar en las últimas dos/tres semanas con dos historias que me hayan hecho aceptar una zona intermedia donde, sin justificar lo que sucede, no soy capaz moralmente de criticar la forma de obrar de los protagonistas y, lo que aún me resulta más sorprendente, no haber sentido el impulso de apartar la mirada ante lo que sabía que iba a leer.

No creo que esta historia satisfaga a quien busque una descarga de adrenalina (sea a modo de investigación atropellada llena de acción o de thiller de tensión donde no se sabe cómo va a acabar todo), ni creo que ningún alma especialmente romántica vaya a ser capaz de encontrar en sus páginas ese rayo de luz al que aferrarse las semanas venideras si la vida les golpea, pero sí considero que mucha gente (aquella que no niega que en la vida pasan muchas cosas malas y que el terreno de lo moral, lo legal, lo correcto y lo que no lo es se ha ido desdibujando mucho en los últimos años) encontrará este libro difícil de dejar una vez lo has comenzado.

Acercarse a esta novela debería ser algo meditado y muy sopesado, con la aceptación de que a veces una buena lectura no es aquella que te deja un buen sabor de boca sino la que es capaz de conseguir que te quedes a conocer una realidad que en tu vida cotidiana no quieres llegar a vislumbrar en modo alguno, agusto como estás en tu pequeño rincón del mundo mirando tan sólo a sitios donde no crees que vayas a encontrar nada especialmente aterrador.

En ese contexto y teniendo en cuenta que por temática y forma de obrar la historia sobre la que estoy escribiendo es una de las más duras que he afrontado últimamente, creo que es una lectura a tener en cuenta, en ese tipo de novela "real" y "cotidiana" que muestra que las cosas más aterradoras no siempre acontecen a manos de personas con algún tipo de desviación psicológica y que todos, de alguna forma, somos el resultado de pequeños eventos que a lo largo de nuestra vida nos han ido dando definiendo.

El lenguaje es muy asequible y los personajes atractivos, a pesar de que todos ellos portan algún tipo de barrera exterior que les protege de la mirada de los demás.

Quizás ninguno sea memorable pero el conjunto está diseñado para dejar huella y que nadie permanezca indiferente ante lo que lee.

Valoración: me ha gustado.

P.D: En las últimas semanas he visto dos películas para pasar el rato e ir dejando atrás los quehaceres diarios. 

"Toc, toc", la adatación de la obra teatral, que sin el efecto sorpresa pierde algo de gracia pero que sí arranca un par de carcajadas y alguna actuación reseñable.

"Asuntos de familia", francesa, supuestamente de humor (que no tiene mucho) y con un Jean Reno claramente mayor. Un entretenimiento culpable con mejores secundarios que principales pero lo suficientemente agradable como para dedicarle una noche libre.

viernes, 8 de septiembre de 2017

El perro de terracota - Serie del Comisario Montalbano, vol. 2


En el último post hablé de un artículo de "El País" dedicado a los referentes del nuevo "spaghetti crime" italiano, un conjunto de escritores llamados a suceder al que para muchos (entre los que me encuentro) es el padre/referente de la novela negra italiana actual, Andrea Camilleri.

Quiso la casualidad que por aquel entonces ya estuviese con la segunda entrega del Comisario Montalbano, lo que me ha condicionado un poco a la hora de establecer el siguiente post a escribir con la idea de enlazar el comentario de este libro con el post anterior.

No es la primera vez que Camilleri aparece por aquí

Es un autor que me gusta. No es uno de mis favoritos pero si un autor capaz de hacerme disfrutar y pensar. Es cierto que mi visión de sus novelas ha ido cambiando con los años, siempre primando las novelas sueltas (mas condensadas y directas, con una carga social/crítica mayor y una crítica más marcada) que las de Montalbano, quizás porque al ser obras posteriores es el estiilo del propio autor el que también se refina o los tiempos se vuelven "más seguros" y permiten un mensaje más claro. 
Considerándolo siempre un autor referente creo que hay que destacar que su estilo agradable de leer tiene un tono ácido y mordaz, con un trasfondo muy crítico con su país y el clima general del mismo, eso sí, un tono que endulza algo el mensaje y aligera el "peso" que como lector deposita en ti.

No son historias narradas con el corte del "spaghetti crime". No son adrenalíticas, no hay apenas acción (por no decir nada), afortundamente cuenta con un toque "negro" y "cínico" que ameniza y una prosa muy característica de frases cortas, mensajes concisos y escasa descripción. Y sin embargo transmite y narra como nadie, delimitando y señalando todas las carencias de la sociedad que habita.

Sus historias exigen aunque su forma resulte altamente agradable para el lector. Hay pocos autores que se puedan leer con un ritmo elevado y que sean capaces de construir una historia con un menor número de palabras (hasta el punto de que en varias ocasiones he hablado de lo poco que compensa económicamente su adquisición para el lector, que se deja una buena suma de dinero en novelas que, con un poco de atención, se pueden leer en 2-3 horas).

Curiosamente, conforme pasan los años y me hago mayor... o mejor, conforme voy disfrutando más con la lectura y presto más atención a los detalles y menos a la urgencia por terminar lo que tengo entre manos, me va resultando algo más árido, exigente como pocos, con un estilo que diverge del mensaje y una tendencia muy marcada a dejar un regusto agrio en el paladar.

Si coges sus novelas (sobre todo las primeras) la tendencia de la vista es correr y acelerar y la del cerebro dejarse llevar como hace con otras muchas novelas actuales. Entonces surge el problema, se pierde información, porque el quid de la cuestión en sus obras reside en lo que no dice, en lo que omite.

Lo fácil es sentarse a leer, pasar páginas y cuando terminas decir: "qué buen rato he pasado", "cómo me he reído cuando..." y sin embargo, cuanto más lo leo, más pesadumbre y resignación encuentro en sus textos. 

Con el paso de los años me resulta un autor concienzudo y brillante, de tóno bastante gris y no ese entremés ligero que en ocasiones utilizaba para intercalar entre novelas más "serias".

La realidad es que no es el único autor con denuncia social pero cuando uno mira atrás se da cuenta del elevado número de  crímenes y actitudes que nunca se corrigen en sus novelas. La tendencia que tiene el ser humano a ir asumiendo y aceptando una sociedad más corrupta, a justificar/admitir/resignarnos ante lo que pasa, convertidos en espectadores que asumen lo que pasa como "normal" y acostumbrados a la mierda que vemos a diario y silenciando el mensaje constante de queja social. 

Sus libros están llenos de denuncia. Son muchas las novelas de Camilleri en el que el crimen no paga o no lo hace en los términos y la forma en que estamos acostumbrados pensar (o sería conveniente demandar a nivel social)

La primera vez que me di cuenta de esto fue con "La muerte de Amalia Sacerdote" y, poco a poco, empecé a releer varias de sus novelas y  comprobar que la escritura de Camilleri es harto complicada, llena de elipsis y silencios que debe rellenar el lector conforme avanza la novela y perífrasis que "rodean" la cuestión sobre la que se habla pero sin terminar de nombrarla, siempre con un tono apagado y lleno de pesar, por mucho que sus diálogos y la frescura de la réplica lleve a pensar justamente en lo contrario.

A la gracia fácil con Catarella llega el recordatorio de cómo ese "personaje" llegó a la Comisaría. El "amigo" de Montalbano, Mimi Augello, tan agradable para el lector en la primera impresión  no actúa nunca en beneficio de la sociedad, sino del suyo propio, movido por el afan de llegar más rápido y de la forma más asequible posible a sus metas sin atender a las consecuencias de sus actos, urgido por una necesidad extrema de destacar y acaparar los focos. Falso modesto, narcisista integral, trepa de carrera, nada de lo que ves cuando nos lo presentan hace presagiar lo que te vas a encontrar al final. Lo que los relatos muestran de él.

Y "en el perro de terracota"...

Es la obra más confusa que recuerdo de Camilleri, desconcertante como veinteañero peleón que fui en su día (y que sigue ahí pugnando por no marcharse), con una historia que comienza en un punto para terminar con algo totalmente distinto.

No se trata de una evolución/avance coherente de la trama sino de la intercalación de tres historias distintas que se van sucediendo poco a poco.

Ninguna de las historias posee una gran entidad por sí sola, cada una sirve de desencadenante de la siguiente y lo que resta se nos narra de forma entrelazada, contando su conclusión no de forma directa a través de los ojos de Montalbano sino de forma tangencial, por medio del boca a boca de terceros.

En su día no entendí los saltos y lo interpreté como un totum revolutum que su creador ideo para vender como libro tres relatos cortos. Veo algo distinto, en una interpretación posiblemente equivocada pero que hoy suena bien cuando lo pienso... Veo investigaciones que llegan a callejones sin salida, no porque no se sepa qué ha pasado sino porque tal y como está en ese momento la sociedad quien investiga asume la imposibilidad de llevarlas a buen término.

Las explicaciones a los hechos posteriores no son más que la escenificación como los temores de Montalbano acaban por hacerse realidad.

Mi visión deriva del desarrollo de una idea/planteamiento que creo que Camilleri intenta hacernos llegar a través del jefe del cuerpo de Policía, en una charla personal que tiene con el protagonista, en el que habla de la necesidad del Comisario de buscar otros objetivos "idealizados" para cubrir la frustración y el dolor dejado por investigaciones insatisfactorias que castigan la moral y frustran a quien trata de hacer las cosas bien.

La sucesión de las historias es vertiginosa, la narración incisiva, la crítica omnipresente y la denuncia social forma parte de cada una de ellas. 

En estos relatos vamos a encontrarnos una muestra más del triste sino de Montalbano (elegido por un conocido mafioso para ser quién le aprehenda), presenciaremos una tragedia con tintes atemporales (la escribió Camilleri en 1996, habla de eventos ficticios de 50 años antes y, tristemente, mantiene el vigor hoy) y presenta una muestra adicional de cómo a veces (en según que ámbitos es más correcto decir "casi siempre") el crimen no paga y la ineptitud (y la mala fe) de muchos de los empleados de la administración (policial, judicial, gubernamental....) y personajes de la propia sociedad, tiende a dejar crímenes sin castigo (o, al menos, sin que se castigue a todos los culpables) y a quien obra bien padeciendo.

Demasiado comentario para un libro que se lee en apenas 3 horas pero que deja, eso sí, reflexión para algún momento posterior.

Valoración: Me ha gustado. Aunque reconozco que quizás no era la lectura que necesitaba en ese momento concreto y que lejos de darme paz y transmitirme alegría, apagó algo en mi interior con el mensaje de fondo. 

viernes, 25 de agosto de 2017

La sustancia del mal


El otro día mi padre me mandó un mail. 

Se trataba de uno de esos intercambios literarios (habría estado mejor decir culturales, pero salvo cine, series, libros y baloncesto, la vida no dos da para mucho) que acostumbra a suceder en mi familia cuando alguien lee o descubre un artículo sobre un tema que nos llama la atención.

El artículo en cuestión se encontraba en el periódico "El País" y se llamaba "El "spaghetti crime" se dispara" y trataba sobre una nueva hornada (y una nueva forma de plantear la novela negra) de autores italianos que está llegando de forma masiva a nuestras librerías.

El mail en cuestión no iba más allá de querer saber si los destinatarios teníamos referencias de alguno de los autores que se mencionan en el artículo para poder tener una opinión adicional que le permitiese incluirlos o descartarlos en las listas de "libros a adquirir".

El tema volvió a salir un par de días más tarde con un café delante. Hablábamos de los que habíamos leído, del influjo (o no) de Camilleri, de Donna León, de Manzini, de Carofiglio. Y discrepamos, o discrepé, sobre la forma en que estaba planteado el artículo.

En el artículo se establecen paralelismos que no creo que sean reales y que quizás lleven a error.

Manzini, Dazieri, D´Andrea y Zilahy se enumeran de forma conjunta y se hace de ellos una descripción que si bien puede ser real en el caso de Dazieri (y, por lo que he leído, de Zilahy) puede llevar a error con respecto a los otros dos.

La novela de Dazieri ("No está solo") pasó por aquí hace cosa de un mes.

Dinámica, ágil, con mucho ritmo y sensación de película americana de persecución. Un thriller adrenalítico lejos del clásico de asesino en serie, renunciando a algo de esa tesión rayando en miedo/congoja para favorecer la vitalidad y la velocidad. Cierto que de fondo trata el tema de la "violencia" y los mecanismos que la desencadenan pero relegado a un papel circunstancial para el lector.  

Manzini, por su parte (o por la mía), no tiene nada que ver con esa forma de escribir. 

Pausado, con tensión, describe la situación social de Italia con precisión, asible/asequible por/para todos, sin la inteligencia superlativa y mordaz de Camilleri, pero con un estilo propio identificable, un protagonista (Schiavone) con el que resulta fácil empatizar y una forma de realizar crítica social realista, que tiñe la narración de un tono gris.


Pero construida por personajes con vida, ciudadanos y víctimas de la sociedad que se describe. Gente obligada a tomar decisiones y actuar conforme a lo que presume que le va a ofrecer/dar la sociedad y lo que necesita conseguir.  


"Pista negra" me gustó y cumplió perfectamente como introducción, "La costilla de Adán" fue mucho más all me sorprendió y engatusó, dejándome la sensación de autor a seguir con un estilo/planteamiento próximo al de Lorenzo Silva, Jean-Claude Izzo o Petros Markaris. Autor con sello propio.

Y llega D´Andrea y su "La sustancia del mal" que ofrece algo totalmente distinto a los anteriores.

Su forma de escribir es bastante directa. Con frases cortas y poca subordinación (o al menos esa es la sensación que me deja), mensajes claros, concisos y una historia circunscrita a un entorno concreto (Poco italiano y para nada Mediterráneo, que por amplio que pueda parecer en un plano acaba convirtiéndose en algo claustrofóbico donde los puntos de referencia son contados y las interacciones se producen con un número bastante limitado de personajes).

Es una novela que más que "social" podría llamar "costumbrista". Algo que con matices ya he utilizado para otros autores.

Lo hice (o al menos lo pensé ) con "Una trampa para cuervos" de Ann Reeves, pero la obra de D´Andrea tiene una mayor sensación de impacto y está  más condicionada por la geografía y la historia de la zona, con un  potente aunque algo agónico protagonista (Jeremiah Salinger) que se ve obligado a compartir protagonismo con un cañón tirolés que se lo come todo, marcando los tiempos con su climatología, sus habitantes y su peculiar ubicación geopolítica. 


 que te arrastra por su obsesión conforme avanzan las páginas, hasta compartir con él parte de su agonía.

Opaca en su lectura, no deja mucha capacidad de anticipación al lector, que lo que hace es sentarse y disfrutar de un tour que le va a ir haciendo conocer la región, las personas y los sucesos que se produjeron en la región hace treinta años.

Su narración en primera persona convierte la lectura en algo trabajoso, poco lúdico, una trampa para el lector que no consigue salir de la cabeza de Salinger, personaje con el que resulta muy difícil (por no decir imposible) empatizar, que nos arrastra por las páginas subordinado a su obsesión por descubrir la verdad aunque le lleve irremediablemente a la autodestrucción.

Engancha y cautiva pero carece, eso sí, del candor y la empatía de otros protagonistas del género. En ese sentido el personaje creado por D´Andrea es ingrato para el lector, en una narración personal que absorbe toda la narración, sin dejar resquicio alguno para un coprotagonista o una narración desde otro punto de vista. 

Hay dos novelas que acuden a mi mente para establecer una posible comparación, eso sí, con matices. Ninguno es italiano pero es que D´Andrea, en esta novela, no se asemeja a ninguno de los referentes que se citaban en el artículo del periódico y es muy poco mediterráneo en la concepción del día a día, mostrando el contraste entre los habitantes del pequeño cañón tirolés del Bletterblach y los que pueblan las páginas de Manzini, a pesar de la escasa distancia kilométrica entre ellos.

La primera referencia que me viene a la cabeza es "La isla de los cazadores de pájaros" de Peter May, con la que comparte ese elemento social de clase y la necesidad de  autodeterminación cultural que subyace en las dos historias. Diferencias, la forma en que se muestra y como se trata. La diferencia fundamental es que MacLeod (el protagonista escoces de May) comparte las raíces y los orígenes, nació y se crió en el lugar que visita en la novela, por lo que nada le choca y lo vive como parte de sus recuerdos sin juzgar, frente a la crudeza de la narración de Salinger de su estancia, donde sufre el rechazo de parte de sus vecinos por ser un extranjero (algo que será siempre por mucho tiempo que pase con ellos) y esa sensación de "alienación" que le acompaña durante la mayor parte de la historia.

La segunda novela en la que pienso es "Pez en la hierba" de Ángel Gil Chieza, a la que me recuerda a pesar de que no son claras las similitudes salvo la idea de fondo. Es más, las tonalidades de la narración son distintas. 

La historia de Miquel Ortells contiene elementos de esperanza y redención que de alguna forma aportan algo de luz e ilusión para el futuro, aderezadas con una peculiar historia de amor que genera empatía en el lector. 


La historia de Salinger es más oscura, llena de amargura y obsesión con poca cabida para emociones y pensamientos positivos, relegados por la "necesidad" de saber que siente el protagonista. Una sensación que poco a poco se va asentando en el lector y que no le abandona hasta el final.


Eso sí, los dos cuentan con una gran virtud. Es novela única, no el comienzo de una larga serie y sirve para desconectar de lo anterior y leer algo distinto y autoconclusivo, que también se agradece.


La sensación final es buena. Incluso muy buena por momentos, con un final que parece sobrar por desentonar con el resto pero que termina de desenmarañar la madeja cuando hasta el lector lo daba todo por concluido.


Valoración: me ha gustado. Le ha faltado un pelo para el "mucho" y lo siento, pero hay una pizca de "uyyy" al final que me impide llegar a sentir la plenitud que le pido.


P.D: Del artículo quedan autores por comentar. Algunos (Vichi o Malvaldi imagino que aparecerán por aquí en algún momento). Otros, como Piazzese, ya han pasado por aquí y poco nuevo tengo que aportar y mejor que no comente nada de Maurizio de Giovanni que si comienzo lo mismo no termino, baste con decir que estaría en la misma columna que los Manzini, Silva, Markaris, Izzo y compañía.

jueves, 24 de agosto de 2017

La reina sin espejo - Serie de Bevilacqua y Chamorro, vol. 5


Devoto confeso de Bevilacqua y Chamorro y amante lector de su creador, debo reconocer que esta es, sin embargo, la novela de la serie (y de Silva) que más me ha costado siempre leer (y recordar).

He releído "El lejano país de los estanques" y "la niebla y la doncella" en varias ocasiones, "nadie vale más que otro" también a pasado el par de lecturas, sin embargo, "El alquimista impaciente" y "La reina sin espejo" me han costado siempre más.

"El alquimista..." por haber visto en algún momento la película en el ínterin y tener demasiado fresco lo que pasa y por qué. Sin esa emoción pierde algo la trama.

"La reina sin espejo" siempre ha quedado relegada en mis lecturas, fundamentalmente por no superar las siempre odiosas comparaciones, al menos las que podía hacer con el resto de las que conforman la serie.

Me explico que no quiero llevar a nadie a error, más que nada porque es una buena novela, simplemente no es una "de aquellas a las que Lorenzo Silva me tenía acostumbrado" y me ha hecho sentir algo... desamparado/decepcionado.

La prosa de Lorenzo Silva, esa extraña musicalidad que tienen sus textos, con un ritmo y una sonoridad únicasque lo diferencia del resto de autores que conozco, sigue ahí. Es él, sin dudarlo y la novela, en ese sentido, tiene su sello.

Como novela social la trama (o las subtramas de la historia) tienen también relevancia y peso. 

Aunque se publicó hace 12 años, no sólo no ha perdido vigencia sino que sigue tratando temas muy candentes en el momento actual.


Por un lado, el mundo de la prensa rosa, los periodistas que "venden" personajes que no son para contentar a las audiencias hasta que llega un momento en el que no pueden ser quienes son abiertamente porque ya no concuerdan con el imaginario colectivo de sus espectadores.


Por otro, la trata de blancas. La prostitución en sus diversas formas y ramificaciones y el complejo y turbio mundo de la noche y de la corrupción institucional que ampara ciertas actividades ilegales.


Y de fondo Cataluña. El independentismo cuando aún no era del todo la forma en que se llamaba. El momento en que algunas competencias en materia de seguridad les habían sido traspasadas y la guardia civil y otros cuerpos de seguridad del Estado acababan de ceder el testigo a los mossos generando por entonces una extraña mezcolanza y solapamientos que dificultaban y enrarecían la labor policial. 

Todo eso está ahí. Un conjunto coherente, interesante y didáctico que con la pluma de Lorenzo Silva resulta extremadamente fácil de digerir pero (y es "mi pero", el que impide que la valoración vaya más allá de un "está bien") me falta ese algo especial que aporta normalmente el autor a través de sus dos protagonistas, química, instrospección, análisis de una generación (o generaciones) que van creciendo leyendo sus historias y de una sociedad en ligero declive.

Vila está triste en la historia, el regreso a Barcelona le cuesta y eso está ahí, pero fuera del hecho de que las palabras lo plasmen y generem "el clima previo" no hay más. No hay un desarrollo mayor y todo se limita (por primera vez en la serie) a acotaciones de un "narrador" impersonal que no te trasladan al pellejo de Bevilacqua. 

Algo parecido pasa con Chamorro, distante durante la mayor parte de la trama. Sin esa conexión particular que hasta la fecha siempre se había establecido entre los dos protagonsiats, en una novela que carga su peso algo más de lo habitual en Vila pero a costa de diluirla a ella y sustituir el diálogo amigable y la ayuda mutua por centrar la atención en la labor policial y en los distintos secundarios que van pasando por la historia.

Es una novela negra de tinte social que está bien, de lectura cómoda pero que no alcanza la comunión con el lector (al menos conmigo) como las anteriores. No "te toca la patata" y eso pasa factura cuando estás acostumbrado precisamente a que te den lo contrario. A mí me ha dejado algo frío y con una sensación de ausencia que arrastré hasta el final.

Fue esa sensación de pérdida y el distanciamiento entre la publicación de esta entrega y la siguiente (de 5 años, más del doble que las demás) la que me alejó un tanto de la serie. 

Un vacío que he intentado rellenar releyendo las 5 antes de retomar/afrontar "la estrategia del agua" con el estado de ánimo adecuado y el recuerdo vivo de por qué esta es una de esas series que siempre menciono y a las que me resulta sencillo hacer alusión.

Valoración: está bien.

P.D: Estaba leyendo el otro día que ya llega la adaptación literaria de "La niebla y la doncella", mi novela favorita de Bevilacqua y Chamorro. 


Mi susto llega cuando veo que el papel de Bevilacqua se lo han dado a Quim Gutiérrez. Para mí él no puede ser Ruben, lo siento. Lo digo antes de ver la película y asumiendo que luego, como pasa siempre, la veré y me deslumbrará y diré ¡ole, ole y ole! pero a día de hoy, para mí no es, ni será Ruben.


Roberto Alamo quizás, con pelo eso sí, tiene algo de la prestancia, le acompaña la voz, quizás algo de su presencia... quizás pudiese parcialmente. Quim Gutiérrez no.


Y Anglada no es Veronica Echegui, eso seguro que no. Y punto.


Sobre Aura Garrido como Chamorro...no puedo opinar porque tiene algo que sí y algo que no... cuando vea la película decidiré pero ahora mismo no lo veo. 


Así que este mes dos chascos relacionados con Bevilacqua. O cojo "la estrategia del agua" pronto y cambio la tendencia o la liamos. Y no está en los planes a corto plazo así que mal vamos.

martes, 25 de julio de 2017

Las ovejas de Glennkill


Tras un par de novelas que me dejaron sensación de leído-releído-y-visto-mil-veces hace un par de semanas opté por arriesgarme con un experimento, probar una novela de investigación llevada a cabo por ovejas.

El objetivo, dar con algo distinto que me permitiese salir un poco de la monotonía habitual o de las fórmulas más convencionales y, si era posible, reírme un rato, porque asumí (puede que erróneamente) que en las páginas de este libro encontraría más de un comentario gracioso que amenizase una tarde.

¿Lo conseguí? Sólo en parte. 

He podido leer algo distinto y curioso, lejos de lo que suele pasar por mis manos pero apenas he sonreído, quizás porque su autor nunca pretendió que ese fuese el objetivo de su novela.

Leonie Swann se aproxima en esta lectura a lo que hizo (o también intentó) Mark Haddon hace unos cuantos años con "El curioso incidente del  perro a medianoche", escribir una historia distinta que nos ponga en el "pellejo" de alguien que no percibe el mundo como nosotros.

Haddon utilizó un niño autista, Swann ovejas. Ninguno llevó a sus personajes a las zonas comunes y se agradece. 

En el caso de Maple, Mopple The Whale y compañía son ovejas, se comportan como tal y, lo más importante, aunque entienden nuestra lengua y lo que comunicamos, no son capaces de comprendernos y entender más allá de la literalidad de las cosas, porque su mundo no es el nuestro.

La novela, que tiene algún punto curioso (como la visión de las ovejas del alma), se dedica a contrastar dos situaciones y realidades distintas, la que nosotros como lectores comprendemos/deducimos por los fragmentos de conversación e incidentes que tienen los animales en sus encuentros con distintos humanos y la que ellas, con una visión del mundo totalmente distinta, perciben.

El contraste es curioso y peculiar, debería (como consiguío Haddon con su novela) mostrarnos las limitaciones y condicionantes que conforman nuestra cotidianidad y mostrarnos "desde fuera" con la mirada de quién nos mira sin juzgar y con otros valores presentes.

En todo eso la novela está muy bien, es lo suficientemente curiosa y aporta algo como lector, que cuando comienza la lectura sólo tiene una visión, "la de las ovejas", que son quienes conocen a los distintos "humanos" que aparecen en la historia y termina la trama con un conocimiento distinto al de ellas porque los acontecimientos narrados muestran cosas que los pequeños animales no son capaces de entener y valorar en su justa medida.

Pero para mí hay peros y condicionan mucho la reflexión final sobre la novela.

Empezando porque no me he reído como esperaba (pero eso es en parte culpa mía) y terminando por el tono general de la novela, que es bastante lúgubre y apagado. Así que no ha sido lo que buscaba precisamente cuando pensaba en "arriesgar", si bien he de reconocer que en todo momento han tenido que lidiar con la imagen/recuerdo de la oveja Shawn, con cuya película disfruté y cuya sombra se ha cernido siempre sobre la pobre Miss Maple y sus compañeras.

Y es que, en contraste con las protagonistas de Nick Park,  a las ovejas de esta historia, a todas ellas (quizás con la excepción de Mopple The Whale), les falta algo de chispa.

No ayuda la narración, que es demasiado pausada, y una trama que tiene más de narración contemporánea, sin más, que ese de "misterio" que usan muchas páginas para describirla. 

Es una novela de corte social que centra el foco de la historia en una comunidad, sus secretos y dinámicas internas y un difunto lleno de claroscuros, siempre visto/analizado desde la óptica de unas protagonistas que no comprenden los vericuetos del ser humano.

Sin ritmo que acompase la lectura, ésta se hace larga (con un par de pasajes que se eternizan un poco) y la lectura acaba siendo algo menos apetecible de lo que sería deseable (o de lo que buscaba) en un periodo estival que parece llamar más al disfrute banal y al despendole que a la introspección crítica sobre la naturaleza humana.

Valoración: está bien. Por desgracia ni me ha dado lo que buscaba cuando la escogi ni ha llegado a dar lo que creo que podría haber alcanzado teniendo en cuenta los mimbres iniciales.

Eso sí, me parece una experiencia distinta que se puede afrontar en esos momentos en que uno busca un cambio, eso sí, siempre que lo haga sin pretensiones.