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miércoles, 17 de octubre de 2018

Aviso de muerte - (Serie de Anne Capestan, vol. 2)


Cada uno tenemos querencia hacia algo. La mía es hacia mantener un equilibrio inestable entre orden y caos (y no lo escribo con "k" directamente porque el corrector me lo cantaría como falta y me toca las narices ver algo en rojo mientras escribo, que si no...)

Mi vida se basa en compensar. En encontrar la paz que me da tener parcelas  donde cualquier rastro de orden o raciocinio está supeditado a la intuición, las sensaciones o el mero dejarse llevar por lo que sale.

Cuando esa parte más caótica ha entrado en la zona que necesita ser cuadriculada la cosa ha ido muy mal. Algo parecido a lo que ha sucedido cuando he obrado de tal forma que la espontaneidad y lo errático han perdido su espacio en mi vida.

En las lecturas me sucede algo parecido. Me gustan mis clásicos, mi alternancia, mi... pero necesito que dentro de la rutina, de vez en cuando se produzca algún hecho que rompa la monotonía y  deje su impronta, algo que se salga tanto de lo habitual que permita generar un recuerdo propio que deje huella.

En el mundo de la novela negra tengo varios autores (como Jo Nesbo, Lorenzo  Silva o Olivier Norek) que destacan por ser creadores de auténticos novelones, historias completas y complejas que resulta muy difícil no recordar.

Sin embargo, hay un número bastante elevado de autores que entran en ciertas fórmulas tipo o en clichés que dificultan recordar sus historias (y hasta a sus personajes) conforme va pasando el tiempo porque no dejan una impronta personal.

Sophie Hénaff es una autora "singular", que escribe dentro del género negro pero que se sale de los clichés para construir novelas personales, fáciles de identificar, con sello de identidad (y, por que no, márchamo de calidad).

Sus historias son corales, llenas de personajes ricos en matices, que siempre dejan su impronta en el lector.

Es cierto que a veces pueden resultar demasiados y que la constante alternancia entre ellos, el cambio de nombres y el ritmo con el que suceden las cosas descoloca un poco, pero si le puedes dedicar un poco de tiempo al día para que de margen a que se asiente todo, leer sus historias es un placer. Imagino que para muchos culpable pero placer al fin y al cabo.

Y es que me gusta la idea de un grupo (llamese brigada, unidad o...) de personas con sus rarezas, que es capaz de encontrar dentro de su lugar de trabajo su equilibrio y su timing. Porque de eso va la serie, de cómo un grupo de personas que para la sociedad "no son aptos" por distintos motivos, es capaz de encontrar la forma de aportar dentro de sus peculiaridades, tics, manías y obsesiones.

No pretendo engañar a nadie, "Aviso de muerte" no es la novela del año, aunque su autora y la serie llevan recolectados algunos premios, pero sí un soplo de aire fresco, ese "algo distinto" que te permite sanear la cabeza y salir de lecturas rutinarias sin renunciar a la calidad de una buena historia,  mientras pasas un rato agradable y, a veces, hasta sonríes o te ríes con lo que sucede.

¿Su mérito? Construir una historia con personajes "singulares" (y a veces estrambóticos) sin caer en la parodia o en la pantomima, tomándose en serio a todos sus personajes, dotándoles de coherencia y fondo, mientras su creadora aprovecha para ir hablando  de todo un poco.

Para mí tiene la dosis que buscaba de tranquilidad, novedad, ingénio y alegría sin caer en la autocomplacencia, la repetición o el paroxismo. Y eso suena bien y me gusta mucho.

Es ágil, muy cómoda de leer y es capaz de generar cariño y empatía en el lector hacia los distintos integrantes del grupo mientras consigue intercalar, además, algo de crítica social.

Cuando me planteé escribir el post llegué a pensar en equiparar o, al menos, tratar de establecer una vinculación entre Fred Vargas y Hénaff o incluso mencionar a Patrick Weekes de forma tangencial, pero creo que puede generar confusión.

Weekes es fantasía y si bien su grupo de "insurgentes" tiene gracia, tiene un aire menos natural, algo más impostado que la autora francesa. Además, aunque en la segunda entrega de su trilogía se nota algo de cambio, hay una ligera tendencia hacia la parodia y si algo tienen las novelas de la escritora francesa es, precisamente, lo contrario, se toma muy en serio a cuantos pasan por sus páginas.

El caso de Vargas es distinto. Para mí es una escritura con una mente privilegiada, que escribe como nadie, pero lejos, eso sí, de cualquier tipo de convencionalismo. 

Su "pero", al menos el que sé que encuentran algunos lectores, reside precisamente en sus  personajes, Adamsberg en particular, tienen un punto estrambótico y surrealista que no llega a todo el mundo. Su particular forma de plasmar y representar/interpretar la realidad no llega/gusta a todos por igual y quizás la sitúe en un placer no apto para cualquiera.

En cambio, Hénaff es más cotidiana, más cercana, más mundana. Nos permite ser capaces de sentirnos uno más de su brigada y, a partir de ahí, crecer con la novela. Su lectura genera cariño y sensación de pertenencia y eso es algo que muy pocos autores consiguen alcanzar.

Por mucho que leas y aún con la sonrisa cómplice inicial ante esa panda de desarrapados, conforme avanza la novela cuesta no ver en ese conjunto heterogéneo y antagónico de personajes, un "algo" que nos hace sentirnos identificados, reconociendo en su obra un espacio de solaz e inclusión para quienes, en ocasiones, nos sentimos encasillados en ese gran corsé bautizado como normalidad.

¿Mejorable? fijo, toda lectura lo es, pero no sé de qué forma se puede conseguir o que se puede cambiar sin que en el camino desaparezca parte de la esencia que tiene.

¿Lo bueno? que si te va, si te gusta, te gustará mucho, porque llega. 

Como titulaba un artículo de "El país" sobre ella, es una "revolución silenciosa". Una escritora tranquila, que construye historias con sentido porque le dedica tiempo y, además, lo hace sin prisa (que es algo que no se valora pero que es igual o más importante aún). 

Valoración: Me ha gustado. Casi, casi, diría que "mucho", la verdad. Cualquiera de las dos novelas de esta serie está llena de personajes entrañables y relaciones afectivas singulares que merece una oportunidad de cualquier lector que quiera romper con lo cotidiano y que crea que "lo habitual" a veces necesita ser agitado.

Y en los ratos libres... "Constantine: City of Demons", película animada oscura como su personaje protagonista, con tintes muy negros. Una película a juego con la segunda entrega literaria de las aventuras (o eran desdichas) de Eric Carter, el personaje creado por Stephen Blackmoore.

Y musicalmente...sigo con Jess Glynne y  su bozarron cuando busco un descanso, por ejemplo con "All I am" y me sorprendió hace poco "There´s no way" de Julia Michaels con Lauv.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Instinto y pólvora


Soy más de leer para desconectar (por mucho que siempre se pueda aprender algo por el camino) que de leer tratados o disquisiciones sobre materias concretas.

Quizás por eso hasta hace apenas algo más de un mes no había tenido noticias de este libro y, de no ser por la injerencia externa de una amiga que me envió un enlace en el que hablaban de él j, creo que habría seguido viviendo en la inopia tan tranquilo.

Tras una temporada muy disperso, con demasiadas cosas encima y poco tiempo para dedicarle a cosas más baladís (o para dedicármelo a mí), al final los días se suceden y cosas que hasta ahora eran más o menos habituales van desapareciendo hasta que dejan de formar parte de la rutina cotidiana y de los recuerdos más próximos.

Son esas cosas que posiblemente no te realicen como persona (como leer sinopsis y comentarios de expertos sobre cine, teatro o libros, mirar recetas raras para ver si aprendes algo o tumbarte un par de horas a ver una película sólo por el mero hecho de poderte relajar y no hacer nada durante una tarde) pero que te permiten mantener el equilibrio en un día a día cada vez más estresante y desasosegante.

Entre los placeres de los que adolezco en los últimos días está la búsqueda de nuevas novelas o cotillear foros ajenos que aporten ideas con las que encontrar esa historia curiosa que añadir a la lista de lecturas pendientes.

En resumen, que me disperso: por mis propios medios no hubiese llegado a tener esta novela en mis manos. Como en algún otro blog y en algún artículo de prensa encontré referencias adicionales y lo que leí me llamó la atención, finalmente, me hice con la novela.

Lo primero para comenzar debería ser una corrección: novela es un término inexacto que no termina de encajar por completo con un texto que tiene algo de tratado (en este caso sobre la ciberdelincuencia, Internet y la situación social actual) y algo de biografía novelada.

A caballo entre esas dos partes claramente definidas, surge una lectura curiosa que hasta la mitad aproximadamente, ayuda a entender alguna de las cosas que suceden en la sociedad y que no dejan de tener presencia constante en los medios de comunicación, permitiendo redimensionar y acoplar lo que sabes, oyes, escuchas y crees para terminar de formarte una impresión real de lo que hay "ahí fuera", en ese basto universo llamado "Internet".

Sin llegar a tener una edad para considerarme obsoleto en materia informática, sí empiezo a estar en ese momento en el que soy consciente de la divergencia cada vez mayor entre lo que era una "herramienta" y lo que empieza a ser el lugar de evasión constante donde uno se pierde de forma constante, olvidando que el llamado "mundo digital" o el "virtual" es tan peligroso como el real.

Seguramente tenga la edad de sus padres y como  nunca he tenido una necesidad imperiosa de manejarme y conocer Facebook al detalle o cualquier otra red social, desconoceré el porqué de la necesidad de tanta gente por "estar ahí" pero he asistido a charlas sobre los riesgos de Internet y he visto la cara de pasmo que se les queda a alguno de sus tutores cuando descubren lo que "una burda herramienta de juegos" puede llegar a generar dado el mal uso que muchos hacen de las redes.

Hace unos años, "Los Compadres" hicieron un sketch sobre los peligros de "la nube". Algo digno de verse (Ver sketch,) y que trataba de servir como aviso para navegante.

Por mucho que carezca de la gracia de los humoristas andaluces, creo que los distintos relatos que utiliza Barrera para formar su relato explican sobradamente los "peligros" que rodean a nuestros hijos y a nosotros mismos (a fin de cuentas nuestros datos personales están en la red), la escritora trabaja en ese ámbito y nos ofrece una información más completa y amplia de la que normalmente recopilamos por nosotros solos.

Aunque sólo fuese por eso sería más que suficiente como para recomendar la lectura a todos aquellos que aún no sean conscientes de la forma en que ha cambiado nuestro mundo y el daño que puede llegar a causar en nuestro entorno un uso imprudente de los recursos de la red, sea a nosotros directamente o a aquellos que están a nuestro cargo.

No pretendo engañar, "Instinto y pólvora"  no es la más dinámica de las lecturas que han pasado por mis manos pero aporta un granito de arena que no deberíamos dejar pasar así como así.

La segunda parte, la novelada/autobiográfica, no está mal aunque deja bastante menos huella.

Por cuestiones laborales, por haber pasado por procesos similares y quizás por simpatía hacia alguien que ha luchado por lo que ha creído a pesar de los costes que esa lucha a corto/medio plazo pudiese suponerle, creo que lo mejor de la narración no reside en la explicación y defensa de la labor policial ni en su intento de humanizar una figura cada vez más en entredicho sino en la parte más humana, la suya, la de la persona inconformista que ante una vida que no siempre le ofrece lo que busca acaba por buscar siempre un camino en donde el éxito dependa fundamentalmente de su capacidad, esfuerzo y entrega.

Valoración: Está bien.

No creo que éste sea un libro para deleitarse ni que se aproxime a ser una lectura agradable que llame a la evasión y disfrute, siendo, como es, una "memoria" de los pasos laborales de una joven policía y lo que ha aprendido (y perdido) por el camino para llegar hasta donde está.

Hay un momento en que se hace larga (quizás hasta algo pesada) porque tiene un momento muy "me, mi, conmigo" (y no es la canción "ya no quiero ná" de Lola Índigo) que satura un poco si bien seguramente en las páginas finales se encuentra una de las mejores descripciones de lo que es ser opositor y el coste personal que impone a quienes se aventuran a intentar a entrar en la Administración (sin importar el tipo de puesto).

En otro orden:

Poco que contar. Un mes muy liado, con "Hunger" de Florence+The Machine, "Natural" de Imagine Dragons y "Happier" de Bastille sonando cuando lo cotidiano deja margen a lo extraordinario.

jueves, 12 de julio de 2018

Cucarachas - Harry Hole, vol. 2


Tras un periodo largo sin disponer de tiempo y siendo consciente de que, condicionado por mis circunstancias laborales,  iba a ser un poco Guadiana en mis lecturas opté hace tres semanas por la lectura de la segunda entrega de la serie de Harry Hole.

La apuesta era, desde todos los puntos de vista, muy segura. Jo Nesbo es un autor al que cuesta resistirse, con novelas bien hilvanadas y cautivadoras que no te dejan desengancharte fácilmente y que generan una huella lo suficientemente precisa para saber siempre dónde estabas cuando la interrupción se produjo.

Hole, que es su máximo exponente literario, es un personaje inolvidable, un antihéroe que genera mucha empatía en el lector pero ninguna gana por estar en su pellejo, pues su creador tiende a maltratarle una y otra vez.

Decir eso pocos post después de escribir sobre "Maderos", de Ken Breuer es una temeridad, porque su alcóholico protagonista tiene también su dosis de castigo literario pero la realidad es que entre Jack Taylor y Harry Hole hay un abismo humano insalvable.

Hole es un hombre golpeado por la vida, obsesivo, apagado, con pocos asideros para mantenerse estable. Su tendencia a sumergirse en fases oscuras, recurrentes, en una búsqueda de justicia que no encuentra necesariamente la satisfacción en la realidad le generan desazón y tristeza, sumergiéndole en fases depresivas y autodestructivas a las que nos arrastra. 

Nada de lo que le sucede en las novelas puede ser considerado, de por sí, extraordinario. Nesbo no es un escritor que necesite forzar las cosas para llevar de forma paulatina a su creación hacia el abismo una y otra vez. 

Tampoco es un autor dado a la justificación barata o a buscar generar una empatía fácil entre el espectador y su creación, pues en todo momento deja claro el carácter autodestructivo de su inspector, combinando un personaje carismático y con un claro sentido de la responsabilidad con una tendencia autodestructiva siempre presente.

Así, la lectura de cualquiera de las novelas de la serie, especialmente las dos primeras, que suceden fuera de Suecia ("Murciélago" y "Cucarachas") ofrecen al espectador tres elementos fundamentales que las destacan sobre el resto.

Por un lado su autor nos introduce en la cultura y forma de entender la vida de distintas civilizaciones y sociedades. En "Murciélago" fue Australia y en "Cucaracha" es Tailandia, de la que muestra las diferencias sociales y culturales en el día a día de la urbe y como toda esa singularidad geográfica y social se plasma en una forma distinta de concebir la propia sociedad y lo que se considera "normal".

Por otro, estamos ante una novela de investigación que consigue ofrecer lo mejor del thriller americano, con ritmo, tensión y misterio pero sin caer en los clichés más habituales del género ni repetir las fórmulas que le sirvieron en la primera entrega de la serie. Es, por tanto, una lectura fresca que no recuerda a ninguna otra (del autor o del género).

Y lo mejor es que lo hace sin perder la parte introspectiva de la novela nórdica moderna, con el mérito de conseguir aunar la acción y la tensión de la investigación con la parte sosegada, calma y dura del viaje interior del protagonista.

La novela, al menos en su traducción al castellano, resulta muy cómoda de leer, eso sí, con un número significativo de hojas.

Cautivadora por momentos, cuesta un tercio de la novela llegar a situarse en la trama principal y llegar a funcionar con los nombres de los distintos personajes. 

Resulta dura por momentos, pues la pederastia (sin ser explícita) tiene un pequeño hueco en la trama y los personajes que van surgiendo no son estereotipados pero, quizás por eso, tampoco especialmente definibles com buenos o malos.

Durante la lectura tuve que parar durante casi 10 días. Quizás por eso quiero poner en valor el hecho de que no sólo no me costó retomar la lectura sino que, además, durante los primeros días llegué a echar de menos el poder sumergirme en ella.

Sigo deseando releer "Petirrojo" y "Némesis" para poder avanzar en la serie y terminar la trilogía que forman con "la estrella del diablo" pero creo que parar y leer las dos primeras entregas ha sido lo correcto para poder llegar a entender el cómo y el por qué de la forma de ser de Harry Hole.

Valoración: me ha gustado mucho. Para mí es un "must" ineludible de quienes disfruten con una buena lectura, sea o no amante de novela negra.

En otro orden de cosas: Sin tiempo para la televisión y a rastras con muchas otras materias, la música es la única compañía constante que he tenido este tiempo.

Me quedo con "En aire y hueso" de Izal,  "Jump" (versión acústica) de Julia Michaels, "Makeba" de Jain, "Karma" de Years & Years, "Take me home" de Jess Glynne y, el placer culpable de la semana.. "Ni la hora" de Ana Guerra y Juan Magán.

martes, 12 de junio de 2018

Carter - Carter, vol. 1


Hacia finales del año pasado leí uno de esos artículos sobre "las novelas que hay que leer" o "Las novelas que han triunfado"... y aparecía "Carter" como una de ellas.

En varios días el nombre salió en varios momentos de distintos artículos lo que hizo que aunque sólo fuese por la reiteración, me decidiese a darle una oportunidad.

A día de hoy sigo sin ver qué le vieron o qué le ven a esta novela. No sé si es el recuerdo de una novela que un crítico leyó hace años y que entonces le marcó o si detrás hay cuestiones promocionales, no lo tengo claro, aunque imagino que tiene más que ver con lo primero.

A mí, que la leo rozando los 40 por primera vez, me deja sensación de mal envejecido en el recuerdo, dentro de que,  ya de por sí, se trata de una novela negra de un tipo que no me llama mucho la atención.

"Carter" es una historia de venganza por la muerte de un hermano. Un sicario mafioso decide viajar al pueblo de su infancia para descubrir la verdad sobre el fallecimiento de su hermano mientras recuerda sus orgénes y el cómo llegó a convertirse en el matón que es actualmente.

La historia no tiene mayor profundidad ni aporta tensión adicional. No hay misterio, no hay  investigación criminal ni se trata de una novela de corte social que aporte algo de la zona, el entorno o el periodo de tiempo concreto en que se desarrolla.

Veo la portada del libro, con Michael Caine y siento una sensación confusa. Para mí Michael Caine es un actor mayor, al que asocio con personajes amigales, entrañables o curioso (no sólo el "Alfred" de Batman pero también) y me cuesta verle en ese registro áspero , brutal y carente de profundidad o matices.

Creo que hoy en día sería una película de serie B de las que Jason Statham intercaló en algún periodo de su vida en donde todo consiste en mamporros, tiros y acción pero en "versión malilla", no la serie de Transporter o "The mechanic", que es un poco lo mismo pero con lago más de clase.

Leyendo y pensando después en la novela no me quito la sensación de película de los 80 con Charles Bronson de fondo  en uno de esos roles recurrentes que siempre le he achacado.

A Bronson lo rehuí de joven y lo seguiría haciendo ahora mismo. A Statham, muy a mi pesar, le seguiría dedicando alguna tarde aburrida si en la televisión pusiesen la película de turno y no hubiese y no tuviese nada mejor que hacer.

Pero estoy en un momento en que el tiemo escasea (lo demuestra el blog y aún más mi lista de lecturas de este año) y aunque estoy lejos de ser un sibarita de la lectura, sí que le pido a lo que tengo entre manos que me aporte un mínimo (aprender algo, entretenerme, disfrutar, que sea capaz de sumergirme en sus tramas...) y la novela de Ted Lewis no lo ha conseguido en ningún momento.

Durante toda su lectura (de esto hace casi dos meses) tuve la sensación de no estar leyendo sobre una persona o un "personaje" sino sobre una bola de billar al que todo el mundo mete "tacazos" y lo único que queda por ver es si en algún momento será ella la que acabe en el hoyo en lugar de la que mande al garete al resto.

Es una lectura que considero poco productiva y nada atractiva, que en un momento acaba por generar parálisis en la lectura de quién está sujetando el libro porque no hay nada que te ayude a retormarla con ganas y a querer "volver a disfrutar" con ella entre manos.

Su personaje protagonista es un tipo duro porque obra como uno, es violenta y es cruda pero sus personajes no tienen trasfondo (ni Carter ni sus diferentes némesis) y conforme vas leyendo hay una sensación adicional de viejuno que no te quitas de la cabeza. 

Para mí se ha tratado de una novela que no envejece bien, que encima ha llegado en un mal momento y, para más inri, de un subgénero al que no he terminado nunca de cogerle el pulso. No niego que no me llegó en el mejor de los momentos pero no creo que de haberme cogido en un momento álgido el resultado final de mi valoración hubiese variado mucho (aunque no sé si habría obviado parte de la crítica al estar saciado en otros frentes o si la misma habría sido más encarnizada por el contraste con otras que hubiesen sido coetáneas de ésta en mi estantería).

Valoración: no me ha gustado.

P.D: Sin apenas tiempo y bastante cansado, las últimas semanas ha sido complicado encontrar el hueco para leer en condiciones y centrado. Ese periodo no ha afectado la opinión sobre "Carter" pues su lectura fue algo anterior a la vorágine de las últimas semanas.

Tras las últimas dos semanas creo que poco a poco estoy pudiendo retomar el hilo y aunque estoy lejos del ritmo que me gustaría está a punto de caer la tercera novela en tres semanas y aspiro a que sea indicativo de que poco a poco vuelvo al redil. Trataré de recuperar las novelas que se quedaron sin comentar y de incorporar todas las nuevas cuanto antes.


jueves, 19 de abril de 2018

Un cadáver muy frío - Las cosas y casos de la señora Starling, vol. 1


Novela de entretenimiento,  ofrece un escape ligero a quien busca alternar historias cómodas entre novelas exigentes.

Ligera, amable, agradable, con un toque de humor que se agradece, la primera novela de la serie protagonizada por Anne Starling es un pequeño placer culpable del que se disfruta en un par de ratos libres, no hace falta nada más.

Es relativamente breve sin llegar a ser una historia corta, lejos de los puzzles kafkianos que habitan en las estanterías de muchos hogares en esos días.

De lectura rápida, se supone una lectura "de época" al menos se ambienta en la mitad del siglo XX pero no supone un ejercicio imaginativo para el lector, que podría llegar a situar a la Señora Starling y al sufrido inspector Crawford en prácticamente cualquier otro momento temporal en el que la mujer tuviese a nivel social un rol estereotipado clásico.

Lejos de la ambientación más exigente de Anne Perry, la novela de Ana Bolox es mucho más agradable de trato, consiguiendo reproducir la mejor de las químicas de las buddy movie  de los 80-90 con la relación amor-odio entre dos protagonistas de sexo opuesto condenados a chincharse y ofenderse mientras giran el uno alrededor del otro.

Uno de los grandes méritos de su creadora, si no el "gran" mérito, es conseguir que los dos protagonistas resulten creíbles y verídicos, reales en los tiempos actuales en un ambiente más clásico y sexista.

Como lectura cuida las formas, se aproxima mucho a la "cozy mistery" más habitual aunque hay un par de amagos algo más violentos de lo que suele verse en esas historias pero en general se trata de una lectura cuidada y amigable, asequible para cualquier sensibilidad, próxima a series televisivas como "Luz de luna" o la más reciente "Castle".

Se agradece el cambio de protagonista y que ésta, una Anne soberbia, sepa mostrar la dura realidad de la época (de demasiadas épocas quizás) sin convertir su discurso en una proclama sobre la igualdad. Esa parte la deja para aquel lector que quiera verlo, para el que no, será simplemente un buen pasatiempo.

Rápida en el desayuno, curiosa en el trato, una historia de personajes más que una novela de ambientación, apenas hay descripción salvo para mostrar lo que sería el decorado de fondo y la época, pero dejando mucho margen al lector para construirlo "a su manera".

La novela no tiene quizás el diálogo vivo y la crítica social de las historias de Malvaldi, no exige capacidad para leer entre líneas como Camilleri y, desde luego, no arranca ninguna risa estruendosa, pero sí un par de sonrisas canallas y un sentimiento de agradecimiento hacia dos personajes que gustan sin que te des cuenta de que te están llegando.

Queda la duda de hasta que punto perderá la gracia cuando se lean cuatro o cinco entregas de la serie. ¿Irá la situación in crescendo como sería de esperar o se convertirá en una repetición de fórmula que poco a poco irá perdiendo fuerza ante la pérdida de novedad y la falta de actualización?

Supongo que para descubrirlo habrá que darle un par más de oportunidades, por lo menos la primera se la ha ganado.

Valoración: Me ha gustado.

viernes, 16 de marzo de 2018

Maderos - Jack Taylor, vol. 1


Hace cosa de unas semanas un compañero me habló de una serie que estaba viendo. Era antigua, corta y tenía como protagonista a un expolicia, ahora detective privado que se pasaba el día bebiendo. Decía que la actuación de Iain Glen era muy buena y que le estaba gustando tanto que se estaba planteando buscar los libros en los que estaba basada.

Como soy un culo muy inquieto me adelanté y me puse a buscar por todos los sitios hasta dar conla primera de las novelas.

Creo que si soy sincero sería justo decir que ni por el título ni por la portada le habría dado una oportunidad, pero como soy de esos kamikazes que cuando ve un trailer de película que le llama la atención y descubre que es adaptación de una novela corre a por ella antes de ver la película ante la presunción (a veces equivocada) de que la novela siempre será mejor, no dudé en hacerme con el libro.

No puedo extenderme mucho porque sería ser injusto con la novela que si tiene algo de entrada es su brevedad y la capacidad para contar una historia diferente en un espacio bastante decente de hojas, sin alargar más de la cuenta y sin dejar cabos sueltos.

Se trata de una novela cruda, directa e incómoda, donde el alcohol está omnipresente y con un protagonista hundido en la miseria. Así le conocemos y, por desgracia, pase lo que pase en el libro, mejor, lo que se dice mejor, no le dejamos.

Como novela negra de investigación creo que vale lo justito. No es ese su punto fuerte y la trama en ese sentido es bastante directa y cómoda para el escritor. Si por mi fuese creo que podría ser más una novela costumbrista o social que novela negra pero dado el cariz que siempre hay de fondo, la psicología del personaje y ciertos comportamientos a lo largo de la novela prefiero ponerle la etiqueta donde mucha más gente la va a clasificar.

Como lectura, género a parte, me produce cierta ambigüedad, la verdad.

Por un lado no me ha resultado una novela negra que como tal aporte, como se deduce de mi comentario previo. He leído otras mucho mejores incluso muuuuuuchas otras mejores o iguales más gratas de leer. En ese sentido como lectura de investigación, social o negra te deja bastante poco de recuerdo.

Otra cosa es Jack Taylor. Su construcción y la forma en que Ken Bruen nos arrastra al mundo de la adicción, la desesperación y la tristeza es, de alguna manera, cuando menos reseñable. Otra cosa es que como lector resulte una lectura grata (para mí no lo es) y que su personaje acabe resultando para quién le observa un pobre desgraciado sometido a infinitos vaivenes. 

La manera en que su creador construye un personaje autodestructivo al que parece que la vida pone mil y una trabas para que no pueda dejar atrás su sino es desgarradora y la lectura, breve en el número de páginas se acaba haciendo ardua para quien no disfrute del proceso.

En esta parte tengo de nuevo una dualidad, como lector neutro me parece reseñable la capacidad de alguien para construir una situación tan desesperanzadora y tan "injusta" sin tapujos ni cortapisas. Como persona en busca de evasión (y con una clara sensibilización hacia las cuestiones del alcoholismo) me ha resultado hasta cierto punto claustrofóbica la manera de sumergirte en una novela para hablar de un tema que personalmente te repele y que, sin embargo, una vez que la empiezas acaba haciendo que no la abandones hasta el final.

Se trata de una dualidad que a día de hoy aún mantengo, incapaz de decidir si leeré la segunda entrega o no, convencido desde el principio de que las desdichas de Jack Taylor no han hecho más que comenzar y que montarse "en su carro" es aceptar seguir a un personaje hacia su destrucción en un proceso lento, constante e inexorable.

A la hora de valorar el resultado tengo el mismo problema. 

Por gusto, es decir, por la probabilidad de que me haya satisfecho lo suficiente y vaya a recurrir a la siguiente entrega para distraerme y evadirme me sitúo mas en un "no lo sé pero creo que no", que se traduciría en  un "No me ha gustado".

Por la forma en que se construye y el conjunto de emociones que me ha hecho sentir (no estando el rechazo hacia la lectura entre ellas por mucho que me moleste), debería decir que está muy bien si estás dispuesto a pagar el peaje.

Quizás por eso lo voy a dejar en un "Está bien", que la califica como una lectura bien construida y un autor a tener en cuenta pero con la distancia propia de quién ha leído la historia sin sentir placer con ello.

Valoración: está bien.

En otros ámbitos:  El otro día pude ver "Amor a la siciliana", que es cualquier cosa menos una película romántica. 

Crítica durísima a la realidad italiana, a la mafia y a forma en que Estados Unidos contribuyó a que se asentase como forma de gobierno. Con algo de "humor" y un guión que aún hoy sigo buscando si ha escrito o se ha inspirado en Andrea Camilleri de alguan forma.


viernes, 9 de marzo de 2018

Rosy and John - Serie Camille Verhoeven, Vol. 3


Pierre Lemaitre es, sin discusión, la gran incorporación a mis preferencias literarias en el último par de años.

Directo, conciso, con una capacidad increíble para construir historias que te tocan a pesar de que intentas mantener la distancia recordándote que se trata "simplemente" de un libro.

En menos de cien páginas (una longitud que para muchos sólo sirve para introducir a los personajes) el autor francés construye una historia triste, cargada de emoción y con tintes trágicos que le sirve para mostrar  la catadura moral de la clase dirigente de cualquier país (sea o no desarrollado) y el conjunto de palmeros que les acompaña, la incapacidad de los seres humanos para escuchar por encima de sus prejuicios e intereses y la frustración de quién vive su trabajo con respeto y a riesgo de perder un poco de su humanidad cada vez cque se ve obligado a intervenir para evitar una desgracia.

Verhoeven es, posiblemente junto a Harry Hole, uno de los personajes más tristes y complejos que existen en el panorama literario actual, coincidiendo, además, sus creadores en la idea de procurar una descripción minimalista de sus protagonistas, dejando que sean los hechos y sucesos los que los perfilen ante nuestros ojos. p.

El caso del personaje francés es el más marcado de todos. Parco, introspectivo, inquieto y emotivo, tener a Camille como Cicerón en el mundo de Lemaitre (que por desgracia es el nuestro también) es someterse a un pequeño castigo, consciente (tras haber leído varias novelas suyas) y culpable, donde ejercemos de voyeristas impasibles ante las desgracias e infelicidades de un personaje que  trata de ayudar y  que, como los protagonistas de las tragedias griegas, siempre ve como no alcanza su objetivo acumulando mayor frustración y una sensación de insatisfacción y tristeza que siempre acaba repercutiendo de forma solidaria en el lector.

"Rosy and John" se construyó como una historia breve por entregas para poder leer en dispositivos no diseñados precisamente para la lectura o, al menos, poco propiciatorios para conseguir una lectura 100% satisfactoria.

Quizá por eso el conjunto es conciso, directo, carente casi de descripción (o al menos realizándola con silencios y situaciones, escamoteando las palabras) pero no priva en ningún momento al lector de disfrutar de un texto literario único, leíble en apenas 2 horas que como lector tratas de alargar y dilatar lo máximo posible sólo para no tener que salir de la historia.

Y, como sucede en "Irene" y "Alex" un final difícil, que no creo que deje indiferente a nadie, por mucho que quizás en esta entrega es en la que resulta más sencillo entrever hacia donde se dirigen todos los personajes.

Valoración: Me ha gustado

P.D: Pocas novedades, quizás la única reseñable sea Alice Mertón y su "No roots", el resto... más de lo mismo.



martes, 20 de febrero de 2018

Años de Sequía - Aaron Falk, vol. 1


La novela de Jane Harper es una muy buena novela que quizás me llega en un momento en el que la novela social de corte realista ha colmado un poco mi estantería y quizás al final, cuando la valore, no seré del todo justo.

Supongo que es lo que pasa cuando te sacias de algo en un periodo corto de tiempo. También el resultado de la insatisfacción cuando buscas una cosa y encuentras otra, por buena que sea.

"Años de sequía" es una novela hasta cierto punto costumbrista que plasma la situación de desamparo de una comunidad en la que una sequía casi permanente está acabando con el medio de vida de la zona y la dura y complicada situación que viven sus habitantes.

El suicidio de uno de sus habitantes, justo después de matar a su mujer y su hijo, parece poner el punto final a la existencia de todos ellos hasta que un antiguo amigo del fallecido (y es vecino del pueblo) regresa y acaba investigando el suceso.

Es una novela de ambiente claustrofóbico a pesar de narrarse en una extensa explanada de tierra árida. Sus escenarios son limitados, así como los personajes que intervienen en la narración y generan en el lector un ambiente agobiante y recargado que genera angustia.

Harper consigue que entendamos y comprendamos parte de la opresión que padece Aaron Falk durante la historia, ese agobio constante ante un pueblo de mirada hostil y un pasado recurrente que no hace mas que abordarle paso a paso. Y se agradece.

El problema (más bien mi problema porque se deriva del orden en el que los libros han ido cayendo en mis manos) es que la construcción con flashbacks y esa "vuelta a casa" se parece de forma parcial a "Ángeles en llamas" o "La isla de los cazadores de pájaros".

De la primera, para mi gusto la más próxima aún con matices, la separa el carácter de su protagonista. Dove Carnahan, el personaje creado por Tawni O´Dell es más amigable (a pesar de la crudeza de su narración), más sociable y, por ende, más enfatizable. También es menos contenida y creo que para alguien a veces demasiado impulsivo o con tendencia a saltar con un arranque de mal genio o una mala contestación resulta más fácil encontrar similitudes con ella que con Aaron Falk, más hierático y contenido, más impávido de cara al exterior, por tortuosa que sea su vida interior.

Además, salvo excepciones, el ambiente claustrofóbico de la novela se transmite también al trato con Falk, con pocas intervenciones con terceros, mucha reflexión y mucho proceso interno, frente a la apertura y diversidad en el trato de Carnahan.

La gran ventaja de "Años de sequía" frente a "Ángeles en llamas" podría haber sido la introducción de Australia y su paisaje como parte integrante de la novela, algo que la distanciase sobremanera de cualquier otro pequeño pueblo de casi cualquier parte del mundo occidental, perono parece que esa fuese una de las prioridades de su creadora y, en ese sentido, la novela queda algo desvirtuada.

Posiblemente esa sea la gran diferencia con "La isla de los cazadores de pájaros" de Peter May, ese carácter costumbrista de la novela que nos traslada a una forma de pensar y obrar totalmente ajena a la nuestra o, al menos, lo suficientemente dispar como pactar la atención y hacernos querer saber más. Evidentemente en la propia narración y en la forma en que se construye la novela surgen paralelismos y cierta similitud por momentos pero la apuesta de May por convertir el entorno en un personaje y dotarlo de vida propia, convierte a su novela en algo más, en un "me ha gustado mucho" sobre el "Me ha gustado" que ha acompañado a otras novelas que, por lo demás, son bastante similares a la suya.

No hay mucho que me quede por decir, la verdad. Creo que "Años de sequía" es una buena novela, que quizás para haber conseguido el "muy" sólo le fallé yo, que vengo de un último año con varias historias de corte similar y que hoy justifico mi valoración siguiendo un criterio pero que de haber leído las novelas en otro orden, mi valoración habría podido sufrir alguna variación.

Valoración: Me ha gustado.

P.D: empiezo a necesitar un cambio de aires literario. Así que espero que nadie se extrañe si en las próximas semanas, tras los comentarios sobre "Dead Things", "Rosie and John" o "Maderos", aparece de nuevo Marco Malvaldi con su peculiar bar, Fred Vargas con Adamsberg, algún toque de humor surrealista de Christopher Moore o, quién sabe, esa famosísima perra de tres patas que acompaña a la señora Petrovna en la novela de Andrea Bennett.

En música... no me puedo quejar. "La mujer de verde", "Copacabana" o "Pequeña gran revolución", todas ellas de Izal parecen haber venido en este momento a dejar huella.




lunes, 12 de febrero de 2018

El crimen del paludú - Serva la Bari, 2


La lectura no ya como entretenimiento sino como punto de encuentro de personas afines con gustos distintos.

Esa búsqueda (no reconocida) de un imaginario común que nos permita acercarnos a aquellos que queremos con referencias y momentos vividos de forma individual pero que sea posible compartir porque de alguna forma la otra persona haya llegado a la misma situación.

Dar con un medio de disfrute colectivo que poder comentar que trascienda la consabida televisión y los espacios de consumo masivo.

Poder hablar de algo con gente sin que tenga que ser por narices "Juego de Tronos" o "Gran Hermano".

La risa compartida por el recuerdo de un chiste que no  hace falta repetir porque con un par de palabras sueltas todo el mundo lo acaba asociando.

Marketing encubierto a una ciudad singular que permite acercarla a alguien ajeno a ella para que entienda parte de la idiosincracia de la ciudad y de quienes habitan en ella sin perder por ello un ápice de su naturalidad.

Todo eso es para mí "El crimen del palodú" o, mejor aún, lo son las tres primeras novelas de la serie de "Serva la Bari" o de las disputas entre rancios y modernitos.

Tengo poco que aportar sobre la novela en general. He vuelto a sonreír en algún pasaje, el reencuentro con Sevilla ha sido igual de placentero que en las ocasiones anteriores y  sigue siendo una lectura de dos-tres horas, amena, agradable y con un punto canalla que me gusta mucho.

La releí, no porque no me acordase de ella sino porque gente de mi entorno estaba haciéndolo y era una forma de tener un punto en común adicional para comentar y reirnos con algo, porque si algo tiene cualquiera de las novelas de Julio Muñoz Gijón (@ranciosevillano) es que su recuerdo siempre suele ser mejor que a la lectura y sus chistes ganan mucho cuando se disfrutan de forma compartida.

Elegí este momento porque tras "Ángeles en llamas" y "Tres funerales para Eladio Monroy" necesitaba algo ameno y ligero que me diese un respiro ante tanto exceso de realismo. Y fue un acierto.

Y, como he dicho, el recuento final es muy bueno porque durante una semana el recuerdo perduró, sirvió para amenizar alguna momento acompañado y poner algún momento alegre en una comida familiar donde muchos ya habíamos catado esta peculiar forma de escribir que, por desgracia se da poco.

"El crimen del paludú" sigue siendo hasta la fecha el más flojo de los tres libros que he leído de la serie. Le falta el efecto sorpresa de la primera y no tiene el encanto del principio del cambio de la tercera (en donde Madrid empieza a cobrar algo de importancia como personaje) pero es cierto que Jiménez empieza a cobrar peso y con él la obra tiene la dimensión perfecta que lo ajusta a lo que se espera de ella.

Valoración: me ha gustado.

En otros ámbitos..

He visto "La niebla y la doncella". Me gustaría decir que me equivoqué con mis prejuicios y que al verla me reconcilié con las adaptaciones de novelas a la gran pantalla pero sería mentir.

Quim Gutiérrez es hierático y carente de chista. Superficial y superfluo en la adaptación de un personaje que si se caracteriza por algo es precisamente por lo contrario, su intenso proceso interior, sus dudas, su pesar.... no hay nada del Bevilacqua de Silva en su interpretación y con "su ausencia" pierde la mayor parte de la novela.

Aura Garrido es una actriz que en general me gusta y esperaba una "Alicia Chamorro" próxima al personaje original pero su rol es casi tangencial, desprovisto de su naturaleza compleja y muy alejada de la complicidad que deberían exudar los dos personajes en pantalla.

De Verónica Echequi sólo puedo decir que no era la Anglada que leí pero que de todos los actores es quién más se asemeja a lo que escribió en su día Lorenzo Silva.

En cuanto a la trama... me quedo con la duda de si quién guionizó llegó a entender lo que había detrás de la historia y en qué momento confundió la sutileza con lo burdo. Hay una reescritura de algunos pasajes y un cambio de la arte final, que unido a algunos saltos y disgresiones que hacen que, salvo que hayas leído la novela, las cosas no tengan sentido (ni siquiera alguna de las conversaciones entre Bevilacqua y Chamorro, copiadas de la novela pero despojadas de todo sentido).

Quizás si no se ha leído la novela la película resulte curiosa y coherente. Para mí carece de esos dos elementos, actuación aparte.

lunes, 29 de enero de 2018

Ángeles en llamas


"Ángeles en llamas" fue una de esas novelas que adquirí tras leer un par de buenos comentarios en artículos periodísticos y blogs pero que, cuando hace más o menos tres semanas acudí a la lista de apilados y casi olvidados (formada por experimentos, libros totalmente desconocidos y apuestas sin red) sin tener muy claro qué iba a leer.

Cogí esta novela como pudo haber sido otra. Me gustaría alegar que me fascinó su sinopsis, pero no la recordaba y no la releí. La idea era coger algo al azar de esa pila y ver qué tal.

El arranque fue bueno, básicamente porque desde las primeras páginas queda claro que no es un thriller de psicópata, lo que es muy de agradecer dado que mis últimos intentos de finales de 2017 en esa dirección de finales de 2017 fueron un "fracasooo absolutoooo", que dirían los lobos de la película "Cigüeñas").

Descartado el riesgo inminente de chasco quedaba por ver qué me iba a encontrar.

Una vez leído es muy difícil clasificar la novela de Tawnie O´Dell, diga lo que diga la Etiqueta de la derecha.

Propiamente no es lo que yo consideraría una novela social, por mucho que su trama esté condicionada por el pequeño microcosmos en el que habitan sus protagonistas.

Para mí, la novela social es una novela con cierto punto de denuncia social hacia un momento y una forma de entender ciertos temas en una sociedad. Y eso no pasa en esta novela.

De los relatos que han pasado por aquí, el que quizás me resulte más similar en cuanto a planteamiento global es "Naturaleza Muerta" de Louise Penny, con un desarrollo muy propio de las mejores obras de P. D. James, contando con un núcleo reducido de personajes y todos con su momento de importancia dentro de la obra, un conjunto narrado en su mayor parte desde puntos de vista subjetivos, definiendo entre todos el periodo de tiempo posterior a una muerte.

L. Penny superó esa versión en la primera entrega de las investigaciones de Gamaché, con una obra algo menos plural pero con una visión de los sucesos bastante repartida a pesar de contar con un protagonista muy definido. Eso sí, el suyo es muy carismático y es el responsable de atraer siempre la atención del lector y mantenerla centrada.

Tawnie O´Dell no construye la novela sobre la coralidad, por mucho que son varios los personajes que aparecen de forma reiterada en su historia. Su obra se centra en Dove Carnahan, una jefa de policía cincuentona a la que vamos descubriendo durante la narración, partiendo de una posible "jefa" pueblerina algo limitada en su vida interior y terminando en una mujer muy compleja, dual, difícil de etiquetar y, aún más, de enjuiciar a pesar de lo que se va descubriendo de/sobre ella.

En ese sentido se podría decir que la novela se centra en el pequeño ecosistema social de un pequeño pueblo minero de Pensilvania y narra y habla de los distintos secretos de un par de familias de la región.

Es una trama muy cruda, no tanto por lo que cuenta como por lo que ocultan sus silencios y lo que deja para que el lector vaya deduciendo de las pausas que se producen.

No creo que haya ninguna imagen en su lectura que espante al lector pero sí mucha historia pasada que le haga mirar con cierto pavor a lo que se narra.

No resulta fácil leer la historia sin experimentar más de un cambio de opinión, cierta sensación de incomodidad y la obligación como ser humano de valorar lo que nos han contado y la forma en que algunas de los personajes se han comportado.

Nuestra visión de muchos de ellos cambia a lo largo de la novela y, aún cuando vas descubriendo sus mayores secretos (algunos de ellos realmente duros), no siempre eres capaz de replantear tu opinión sobre ellos.

Como lector no me gusta que jueguen conmigo. Defino ese "jugar" como el que el escritor de turno me lleve por un sitio y, de golpe y porrazo dé un vuelco a la trama, sin mucho sentido y sin justificación que lo ampare, para poder terminar la historia en la forma y manera que él lo tenía previsto.

O´Dell no juega contigo en ese sentido. Simplemente consigue que quieras conocer la historia que hay detrás (no sólo del asesinato de una joven encontrada muerta al principio de la historia, sino el pasado de la propia jefa de policía y su extraña relación amor/odio con el jefe de la policía nacional) y que ese impulso te lleve a seguir adelante por dura, cruel, incómoda y terrible que pueda resultar lo que se descubra.

Pocas veces he leído una novela tan poco agradecida por todos los temas que toca (abuso a menores, encubrimiento de asesinatos, maltratos internos dentro de una familia, comunidades reducidas donde todos cuchichean y nadie cuenta lo que realmente sabe y un sistema social que falla a muchos de sus usuarios) que me haya conseguido mantener enganchado sin sentir en ningún momento la necesidad de dejar la historia aparte.

No he terminado "Ángeles en llamas" porque tenía que hacerlo sino porque quería hacerlo. No he sufrido sino que me ha cautivado y eso no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta que ninguno de los temas que aborda me resultan cómodos y que durante su lectura, como me pasó hace poco con "Tres funerales para Eladio Monroy" (la semana anterior pero con otro tema igualmente escabroso y una resolución moralmente cuestionable), me haya vuelvo a ver obligado a tener un pequeño debate interior sobre como es posible que una persona de polaridad programada (como he sido hasta hace poco), haya podido topar en las últimas dos/tres semanas con dos historias que me hayan hecho aceptar una zona intermedia donde, sin justificar lo que sucede, no soy capaz moralmente de criticar la forma de obrar de los protagonistas y, lo que aún me resulta más sorprendente, no haber sentido el impulso de apartar la mirada ante lo que sabía que iba a leer.

No creo que esta historia satisfaga a quien busque una descarga de adrenalina (sea a modo de investigación atropellada llena de acción o de thiller de tensión donde no se sabe cómo va a acabar todo), ni creo que ningún alma especialmente romántica vaya a ser capaz de encontrar en sus páginas ese rayo de luz al que aferrarse las semanas venideras si la vida les golpea, pero sí considero que mucha gente (aquella que no niega que en la vida pasan muchas cosas malas y que el terreno de lo moral, lo legal, lo correcto y lo que no lo es se ha ido desdibujando mucho en los últimos años) encontrará este libro difícil de dejar una vez lo has comenzado.

Acercarse a esta novela debería ser algo meditado y muy sopesado, con la aceptación de que a veces una buena lectura no es aquella que te deja un buen sabor de boca sino la que es capaz de conseguir que te quedes a conocer una realidad que en tu vida cotidiana no quieres llegar a vislumbrar en modo alguno, agusto como estás en tu pequeño rincón del mundo mirando tan sólo a sitios donde no crees que vayas a encontrar nada especialmente aterrador.

En ese contexto y teniendo en cuenta que por temática y forma de obrar la historia sobre la que estoy escribiendo es una de las más duras que he afrontado últimamente, creo que es una lectura a tener en cuenta, en ese tipo de novela "real" y "cotidiana" que muestra que las cosas más aterradoras no siempre acontecen a manos de personas con algún tipo de desviación psicológica y que todos, de alguna forma, somos el resultado de pequeños eventos que a lo largo de nuestra vida nos han ido dando definiendo.

El lenguaje es muy asequible y los personajes atractivos, a pesar de que todos ellos portan algún tipo de barrera exterior que les protege de la mirada de los demás.

Quizás ninguno sea memorable pero el conjunto está diseñado para dejar huella y que nadie permanezca indiferente ante lo que lee.

Valoración: me ha gustado.

P.D: En las últimas semanas he visto dos películas para pasar el rato e ir dejando atrás los quehaceres diarios. 

"Toc, toc", la adatación de la obra teatral, que sin el efecto sorpresa pierde algo de gracia pero que sí arranca un par de carcajadas y alguna actuación reseñable.

"Asuntos de familia", francesa, supuestamente de humor (que no tiene mucho) y con un Jean Reno claramente mayor. Un entretenimiento culpable con mejores secundarios que principales pero lo suficientemente agradable como para dedicarle una noche libre.