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domingo, 24 de noviembre de 2013

Juntos, nada más

La novela que me gustaría haber escrito. Posiblemente la que nunca me habría planteado escribir.

Creo que con "eso" se resume en muy pocas palabras todo lo que representa para mí "Juntos, nada más". 

Una obra redonda y sencilla a la que no soy capaz de sacarle punta, que consigue que lo cotidiano parezca algo extraordinario y que las vivencias de tres criaturas marginales cobren una trascendencia impensable al comienzo de la novela.

Y cuando digo "impensable", no me refiero a que todo cobre un sentido totalmente nuevo y apabullante, que resulten ser otras personas de las que eran inicialmente o que se conviertan en salvadores del mundo. Hablo de la importancia de las pequeñas cosas, de como a veces dos errores hacen un acierto, de como lo único que hace falta para dotar una vida de sentido es dar con esa persona que saca lo mejor de ti.

Ninguno de los protagonistas de la novela (Phillibert, Franck, Camille o Paulette) pasarán a la historia de la literatura universal, es más a los pocos meses de haber leído la novela, parte de su persona se desdibujará por completo (Camille ¿era rubia o morena?, ¿qué era lo que le gustaba a Franck?, ...) dejando sólo un ligero esbozo de sus individualidades pero un grandísimo regusto el conjunto de la obra.

Una novela que habla, por encima de todo, de encontrar tu sitio en el mundo, de aceptarte (con tus virtudes y tus defectos) y de procurar no ser tan cuadriculado con lo que esperas de la vida, de dejar que las cosas vayan pasando y vivirlas, en lugar de intentar acomodarlas a las ideas que inicialmente pudiésemos haber imaginado.

Lo mejor de todo es que su lectura no está condicionada a un estado de ánimo, a un momento de tu vida, a una situación particular. Hay novelas (y películas) que dependen mucho de estados anímicos y situaciones personales, que están muy condicionadas por el momento por el que atraviesa el lector (o el espectador) en el momento de su lectura. Para mí, "Juntos, nada más" es una novela que disfrutas sea cual sea tu estado de ánimo, ofreciendo siempre la posibilidad de sacar algo en claro o te da la perspectiva que necesitas para valorar lo que está sucediendo en tu vida en un momento dado.

Esa es al menos mi experiencia, pues es la segunda vez que leo esta novela con casi siete años de diferencia. Creo que no soy (ni de lejos) la misma persona que era entonces, mi visión de las cosas se ha avinagrado un poco y, en general, creo que soy menos idealista y bastante menos romático de lo que era durante su primera lectura y, sin embargo, esta segunda lectura me ha sabido tan bien como la primera, sino mejor.

El comienzo, que recordaba árido y peleón, un poco soso, tenía en esta ocasión un mayor atractivo. Sin ser deslumbrante sí que me ha resultado más interesante y me ha servido para ir colocando las piezas que se "habían caído" de mi recuerdo. A partir de ahí, cuando la novela despega, el ritmo se acelera, los protagonistas cobran una nueva dimensión y las situaciones y las sensaciones se disparan. 

Difícil que no des con personajes o situaciones que "te toquen" porque las cosas que pasan son tan corrientes que las semejanzas se multiplican. Un poco de aquí, un poco de allá, poco a poco encuentras cada vez más agarraderas para sumergirte en la novela y, para cuando te das cuenta, se está acabando y la pena se empieza a aposentar en ti.

"Juntos, nada más" es una novela para regalar. O al menos para compartir. 

Una lectura para saborear sin prisas, de esas que cogerías una fría tarde de invierno para leer mientras estás tumbado en un sofá con varias horas por delante para disfrutar. Es, una de esas, que cuando la terminas te obliga a coger algo instrascendente para reubicarte un poco y centrarte de nuevo en el día a día. Y, algún tiempo después, volver a ella con el convencimiento de que te vas a reecontrar con una pequeña parte de ti.

Y sí, sé que no he hablado mucho de ella, de sus personajes, de sus tramas... pero es que no hace falta. "Juntos, nada más" es un plato culinario que va muuuucho más allá de la enumeración de sus ingredientes, limitarme a describirlos sería minusvalorar el conjunto.

lunes, 14 de octubre de 2013

Orgullo y prejuicio

Cogí “Orgullo y prejuicio” con algo de miedo. Con la sensación de que me iba a adentrar en un tiempo pretérito dominado por polvos de talco y miriñaques, lenguaje ampuloso e imposturas. Esa sensación que me acompaña cuando pienso que voy a sumergirme “en una novela de época”, en un tiempo pretérito, y el miedo se apodera de mí y hace que tema el término “clásico” que siempre acompaña algunas novelas.

Nada más lejos de la realidad.  La obra de Jane Austin es cualquier cosa menos arrogante. 

Su lenguaje es suave y coloquial, su lectura sencilla y su trama tiene gancho. Los amantes de los melodramas latinos y las telenovelas sensacionalistas pensarán que le falta gancho, que no tiene fuerza. Para mí, que no soy muy dado a esas cosas pero sí al romanticismo sencillo, es una obra interesante, sorprendente y muy entretenida tejida entre mal(y sobre)entendidos erróneos, en presunciones marcadas por los prejuicios, la lucha de clases y el miedo a que dirán.

Los personajes “de época” con las señoronas (requete)sabiondas buscando el mejor partido para su hija es algo que me revienta, igual que las cazafortunas y las “damiselas en apuros”, afortunadamente Austin debía pensar lo mismo que yo y relega todos esos personajes a un segundo plano, dejando la trama principal a Elizabeth Bennet, una chica/mujer “moderna” dentro de su época, hasta cierto punto contemporánea, activa sin caer en el feminismo recalcitrante y a un Darcy que crece con la novela, conforme sus actos contradicen sus palabras y sus acciones acaban con nuestros recelos.

“Orgullo y prejuicio” es precisamente eso, un tratado narrativo sobre lo malo y contraproducente que puede llegar a ser nuestra propia cabeza, cuando los miedos y los desvelos, nuestras inseguridades y dudas toman el control. Cuando uno deja de ver la realidad y se limita a interpretarla sin darse cuenta de que lo que está aconteciendo.

También habla de redención, de lucha, de familia, de cariño y de amor pero, lo más importante, de respeto. Del que uno se gana con su forma de proceder, no por su cuna, nacimiento o posición social. 

Odio las sociedades clasistas, los status quo y las situaciones inamovibles. A aquellos que cuando miran al prójimo ven una situación inamovible y dejan de luchar y a quienes no entienden que a veces uno tiene que enfrentarse a la situación que tiene enfrente, no resignarse. Quizás por eso Darcy y Elizabeth, me han encantado. Precisamente en ese orden aún cuando él no es el  protagonista de la novela pues toda cuanto acontece se muestra desde la perspectiva de ella. Sin embargo es él, Fitzwilliam Darcy quien desde el primer momento hace frente a una situación que le impide alcanzar sus sueños, quien decide plantar cara a una situación que no le permite ser feliz.

En los intercambios verbales entre los protagonistas (porque para que fuesen diálogos habría sido necesario que se escuchasen), en sus desencuentros, en sus luchas por dejar sentadas sus bases y sus principios he encontrado sinceridad y normalidad, incluso cotidianidad (a pesar de que la obra sea de finales del siglo XVIII) y eso me ha gustado.

No creí poder encontrar “redención” en una novela que tiene más de 200 años pero en la obra de Austin la he hallado. Por momentos arrancó mi sonrisa e incluso me hizo temer que el final no fuese a ser de mi agrado pero lo fue y, lo que es más importante, la obra lo alcanza con naturalidad, sin imposturas, sin frases hechas ni guiños recurrentes.

Estoy seguro de que hay obras mejor narradas, que hay tramas más elaboradas y autores con una mayor capacidad para plasmas ambientes y costumbres pero pocas me han llegado tanto como esta novela, sencilla en su forma y con un fondo sorprendente.

domingo, 3 de marzo de 2013

"Warm bodies" - "R y Julie"

 ¿Cómo explicas a alguien lo mucho que te ha gustado algo? Hay gente a la que basta con mirarla para darse cuenta, te fijas un poquito y ahí está ese "algo" indescriptible (una exaltación, un arrobamiento, un ligero aceleramiento) que ha experimentado y que cualquiera que le conozca será capaz de identificar pero por escrito ¿cómo lo haces?

"Shibboleth" es el término que yo uso en este blog para resumir ese sentimiento pero a veces tengo la sensación de que se queda corto. Una vez más, ¿qué puedo hacer? pues voy a intentar plasmar en palabras una serie de gestos y comportamientos que en mi caso manifiestan mi entusiasmo hacia una novela:

- Pequeños trozos de papel colocados en las páginas donde hay una frase o un párrafo que en general me ha gustado: porque consigue resumir en pocas palabras una idea o un sentimiento (un "algo" que en algún momento he podido sentir/experimentar y en su momento no he sido capaz de explicar de forma convincente), porque su lectura evoca momentos o situaciones que he vivido y que de una u otra manera se han quedado grabadas a fuego en mi memoria o porque realmente me ha gustado, así, sín más. Mi versión de "Warm bodies" se ha convertido en una personificación bastante realista de un puercoespín ¿quién me iba a decir que dos entradas de cine podían dar para hacer tantísimos trocitos de papel? (Nota del autor: antes ni se me habría ocurrido cometer semejante tropelía. Guardaba todas las entradas de cine y tarde o temprano las metía en un album. Hoy ni me molesto, a las dos semanas de comprarlas es difícil encontrar el menor rastro de tinta, ¡como para encontrar el título de la película!

- Recomendar su lectura a propios o a extraños. Bueeeeno, realmente a propios, los extraños pueden deducir lo que quieran de los distintos post. Para recomendar algo sería bueno encontrar la forma de explicar los por qués, aunque dependiendo de con quién hable "la mujer del viajero en el tiempo" o el "Frankenstein" de Shelley me pueden venir como anillo al dedo. Y es que conocer a la otra persona tiene sus ventajas.

- Retrasar su fin: normalmente cuando una novela me gusta experimento sentimientos encontrados: un increible ansia por terminar la novela para ver cómo acaba y un miedo atroz a que termine y ya no haya más (normalemente va unido a un terror malsano ¿habrá un fin de novela que lo estropee todo?). En la lectura de "Warm bodies" he invertido tres días más de lo que suelo y ha sido totalmente intencionado, ni su lectura en inglés (por cierto se sigue muy bien) ni su duración (una cosa normal) sirven de justificación. He tardado lo que ( y porque) he querido (y nunca mejor dicho). Y es que de vez en cuando uno se tiene que parar a disfrutar con lo que está haciendo y esta novela me ha dado una gran excusa para hacerlo. Eso y un interés enorme de no tener que despedirme de "R" y de "Julie", por supuesto

 Lo cierto es que llegué a "Warm bodies" gracias al trailer de la adaptación cinematográfica (que me hizo reír y captó mi atención) y me quedé porque su lectura me atrapó, porque Isaac Marion sabe contar una historia y describir un mundo tirando (básicamente) de tres personajes (Kevin Perry, Julie y R).

2 chicos, una chica... ¡¡esta historia me la sé!!. Pues no, aquí no hay triángulo amoroso, posiblemente no sea factible decir que esta ese una novela romántica (tenga o no el amor presencia en ella), tampoco es una de terror (que nadie se preocupe), es un historia emotiva, tierna (sin ser ñoña) y realista, sobre todo realista, por mas que por ahí pululen zombies y bonys (y el que quiera saber qué son los bonys, que lea la novela). 

Una historia que habla de desengaños e ilusión, desamparo y esperanza, de rendición y de lucha, de odio, miedo al cambio e incluso de la discriminación como rechazo hacia lo distinto pero, por encima de todo, de lo que debería significar "vivir", por mucho que algunos de nosotros a veces lo confundamos con "sobrevivir". 

Es una lectura que merece la pena, que entretiene y distrae pero que a la vez hace que te replantees si tu mismo no te estás dejando llevar más de la cuenta, mientras habla de luchar por tus sueños, de afrontar nuevos retos y de no rendirse. Los amantes de las novelas románticas tendrán su momento, los de las películas de acción tendrán el suyo y los que como yo de vez en cuando disfruten con un poco de humor negro también encontrarán un par de instantes en los que sonreirán (y se reirán sin pudor).

Es injusto, cuando una obra te ha gustado en conjunto, destacar algún momento en particular pero resulta imposible no marcar las clases de conducir de R, los intentos de éste por comunicarse utilizando fragmentos de canciones de Sinatra, los dos momentos polaroid y un momento próximo al final en el que R ... y luego tiene que confesárselo a Julie y.... (y mejor que nadie intente rellenar los huecos porque es casi imposible  averiguarlo así que ¡¡deja de perder el tiempo, desiste y ponte a leer!!).

Ahora, mientras termino el post me surgen dos dudas que no consigo quitarme de la cabeza: ¿leyó Angelina Jolie esta novela antes de ponerse su tatuaje "quod me nutrit, me destruit" (lo que me nutre me destruye)?¿Es "Warm bodies" la mejor representación de que "sómos lo que comemos"?


Con la esperanza de que quien lea la novela relea este post y compruebe si mis momentos y los suyos coinciden y que mi párrafo anterior ha estado realmente sembrado (modestia aparte), me despido recomendando esta novela que casi seguro disputará el premio a la mejor del año en la próxima entrega de premios de "La hoguera...". 

Y aprovechando que "el Pisuerga pasa por Valladolid"... la mejor novela del mes de febrero se la voy a dar a "El alquimista impaciente"... porque pasan los años y sigo teniéndola presente, porque a pesar de que no es una novela reciente sigue estando de actualidad y porque a "Manhattan in reverse" (por mucho que me haya gustado) es notable pero le falta ese puntito que...

domingo, 30 de diciembre de 2012

iBoy (Shibboleth II)

Si "iBoy" no es mí novela de esta año poco le va a faltar, porque me ha gustado (mucho, mucho), porque me ha sorprendido cuando menos lo esperaba y porque compagina el entretenimiento con algo de sensiblería, aunque quizás sea mejor empezar por el principio.

Siempre tengo la sensación de que hay quien piensa que para hablar de lo peor del ser humano y de nuestras miserias es necesario llevarnos a un futuro post-apocalíptico. Da igual si es en cine (por ejemplo, "Dredd 3d", que vi ayer) o en literatura (evidentemente, "En la carretera" de McCarthy o mucho más antigua, "Soy leyenda" de Mattheson). Lo que aún no he averiguado es el por qué, no sé si es que no se dan cuenta de que una parte del camino que "podría desencadenar" ese futuro ya está pasando/ha pasado, si es que no pierden la esperanza de parar el proceso o si, simplemente, prefieren ser políticamente correctos y no molestar a "las masas lectoras" hablándoles de una realidad que (lo mismo) ya están sufriendo en sus propias carnes. 

Evidentemente el canibalismo no está extendido por el planeta, el respeto por los demás todavía no se ha perdido por completo y aún hay gente que no se ha resignado y ha dejado de luchar, pero el presente no dista tanto de un futuro deplorable que, por desgracia, puede no estar tan lejos. ¿Entonces?

Por eso me ha gustado tanto la novela de Kevin Brooks, porque está ambientada hoy y, además, porque para hablar de situaciones extremas y de sociedades que se empiezan a colapsar no ha ambientado su trama en el continente africano ni el la región más pobre de sudamérica, sino en Londres, en un barrio marginal, en uno de esos "territorios" de las grandes ciudades donde nadie quiere mirar y a donde no llegan todas las buenas intenciones y los proyectos de los políticos. 

Además Tom Harvey, el "Iboy" del título, no es un personaje que se limita a sobrevivir y que sólo reacciona para salvar su vida o salir de su miseria, lo hace por miedo a que lo que ha sucedido (la violación de su amiga Lucy) vuelva a acontecer y eso es un cambio argumental con respecto a otras novelas anteriores pues en esas casi todos los protagonistas se limitan a reaccionar ante lo que les está aconteciendo, situados entre la espada y la pared no les queda más remedio que moverse, pero ese no es el caso de Tom, a diferencia de lo que hacen todos los demás personajes de la novela o como hacemos los demás (al menos como hago yo la mayor parte del tiempo)  que se limitan (nos limitamos) a pensar que "esas cosas pasan", "que no van a cambiar", "que algo habrá hecho para merecerlo", "que eso no me va a pasar a mí nunca" y "que la vida es una mierda pero que qué se le va a hacer".

Y no es que a Tom no le haya pasado nada, al contrario, él también sufrió una agresión, el resultado de una broma de mal gusto que acabó mal y que le dejó en coma durante 3 semanas, tras la que despertó con restos de un Iphone incrustados en su cerebro y la capacidad para conectarse directamente a la red. Es entonces cuando decide hacer algo, aunque en un primer momento decide hacer algo porque, como leyó en Spiderman, "un gran poder conlleva una gran responsabilidad", pero claro nadie le explicó ni en los tebeos ni en la televisión ni en la vida que toda acción conlleva una reacción opuesta e inversa y que cada uno de nuestros actos se cobra también un pequeño precio y eso es algo que el tiene que aprender "por las malas", porque tener acceso instantaneo a toda la red de datos de internet puede ser una virtud pero también hay que estar preparado para lo que venga después y él no lo está. Es entonces cuando Tom aprende nociones sobre el "relativismo moral" y sobre los distintos matices del bien y el mal, es entonces cuando se ve obligado a madurar.

No he reventado nada de la trama pues lo narrado apenas sucede en las primeras 20 páginas de la novela y, encima, ya viene contado en la sinopsis. El resto es posiblemente una de las mejores críticas a la sociedad actual y a la pérdida de valores que he leído en los últimos años, sobre todo teniendo en cuenta que además está ambientada en una sociedad desarrollada del "Primer mundo" y no en países en vías de desarrollo. Aquí no valen coartadas morales de que eso "no sucedería aquí" o "es que ya se sabe que allí abajo...", "esto" es el aquí y el ahora de una sociedad caduca y obsoleta incapaz de hacer autocrítica, y va siendo necesario.

"iBoy" habla de la falta de privacidad que ha supuesto internet cuando enfrente se tiene a alguien con los recursos suficientes para explotarla en todo su potencial, de la pérdida de valores de la juventud fruto de la dejadez de las instituciones y de sus "mayores", de la pérdida de sentimiento y de la deshumanicación del ser humano. Nadie se debería llamase andanas, la novela no lleva lo que está sucediendo a su vertiente más extrema, simplemente sigue mirando cuando llega al punto donde nosotros (habitualmente) retiramos la mirada y es que, por mucho que estemos acostumbrados a ver noticias aterradoras en las noticias (muchas de ellas acontecidas en nuestra propia ciudad), nunca nos cuestionamos el cómo se ha llegado a esa situación y el "hacia donde" nos estamos dirigiendo. La novela de Brooks mira directamente al origen del problema y nos lo muestra sin pudor. En su caso encarnado en la vigura de "Hell-man", "The Devil" o Howard Ellman, la figura que se sitúa detrás de todo el mundo clandestino de la ciudad, el jefe en la sombra, el hombre que da miedo precisamente porque representa todo aquello que no queremos, un producto de nuestro tiempo.

No pretendo engañar a nadie, ver las miserias de nuestra sociedad es complicado y por eso la lectura de la novela no es fácil, a pesar de que está bien escrita y se lee con una enorme facilidad (incluso en inglés). Hay momentos muy duros porque aunque la violación no se narra si hay las suficientes referencias como para que un adulto entienda lo que pasó y ver lo que está pasando en el bloque de edificios en el que vive Tom y en las zonas aledañas "duele" y "revuelve" pero "Iboy" también habla de esperanza y de que aún es posible hacer algo porque si algo rebosa el personaje de Tom es "humanidad" y "cambio" y porque conforme avanza la novela uno se da cuenta (como se da cuenta él) de que en el fondo es un hombre en una misión, una de rescate (no de venganza) que cada una de sus dos partes  (en constante lucha) ha emprendido a su manera, Iboy buscando evitar que "vuelva a pasar" utilizando las herramientas que tiene a su disposición y Tom intentando recuperar para la vida a su amiga Lucy, con lo único que tiene, amor.

Creo que "Iboy" podía ser una buena lectura didáctica para muchos adolescentes actuales, incluso podría sustituir  la lectura de "Ética para Amador" de Sabater, con que yo crecí. El mundo ha cambiado y los niños siguen siendo niños pero lo son en un mundo que les muestra demasiado de una forma repentina y brusca, que son incapaces de procesar adecuadamente. Quizás por eso ésta sería una buena lectura a partir de cierta edad y siempre acompañados, una novela para comentar y sobre la que hablar. 

Creo que muchos padres y aspirantes a padres deberían echarle un vistazo para intentar entender "lo que está pasando" a una generación que ya nos coge un poco lejos y que no llegamos a entender por completo porque su "infancia" y su "adolescencia" poco o nada tienen que ver con la nuestra (y eso que a mí no me coge especialmente lejos... al menos en cuanto a número de años se refiere). Pero lo más importante es que esta es una novela que suma, que aporta algo, que te muestra algo (porque para que enseñase tendríamos que dejarnos y que pensar y eso es algo que quizás ya no estamos tan acostumbrados a hacer) y que debería llevarnos a cuestionarnos a nosotros y  a la sociedad que estamos construyendo con un poco de autocrítica y mirando mucho más allá de los dichosos modelos educativos (que esos sí que están haciendo aguas por todos los lados).

"Iboy" es una novela para leer y para releer. Para guardar para esos días en que uno pierde parte de la esperanza en el ser humano y se da cuenta de que hemos perdido el camino. Y está en español, que yo no lo sabía cuando la compré (aunque tampoco creo que hubiese cambiado las cosas).

domingo, 10 de junio de 2012

El fantasma de la Ópera (Shibboleth I)

Hay un episodio en la segunda temporada de "El Ala Oeste de la Casa Blanca" en el que un grupo de chinos , perseguidos en su país por ser católicos, se dirige a las costas americanas solicitando asilo político. Durante todo el episodio el Presidente Barlett evalúa la situación pero siempre se encuentra con el mismo dilema ¿cómo saber si son auténticos creyentes o si es un grupo de personas que se esconden tras la religión para lograr la residencia americana? 

En un momento puntual Barlett recuerda un pasaje de "El libro de los jueces" en el que los Gileaditas tras haber conseguido derrotar a los Ephraimitas, les mandan de vuelta a su territorio y bloquean el acceso al suyo situando centinelas a lo largo del río Jordán. Cuando una persona intenta pasar a territorio Gileadita el centinela le pide que diga "Shibboleth", pues en la lengua de los Ephraimitas el sonido "sh" no existe. Si el solicitante es incapaz de pronunciar la palabra es asesinado. 

Sin haber llegado a dar con la solución al problema el Presidente decide reunirse con el representante de los refugiados convencido de que deberá denegarles la entrada, pero durante la entrevista aquel hace referencia a ese mismo pasaje para explicar que entiende la disyuntiva a la que se enfrenta el máximo representante del gobierno americano, es entonces cuando pronuncia el (ya famoso) "Shibboleth" y, sin haberlo pretendido, logra el asilo para su gente.

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Nada me gustaría más que conocer una palabra cuyo uso permitiese a cualquiera que leyese este blog saber que un libro en concreto es "uno de esos libros", de esos que te llegan y se convierten en inolvidables. No el mejor que has leído, ni destila estilo por los cuatro costados, ni tiene una trama singular, pero, por algún extraño motivo, te "ha llegado" y eso lo sitúa por encima decualquier otro por más que la suma de sus distintas partes debería dar un valor mucho menor al conjunto. 

"Estupenda", "mágnífica", "sobresaliente", "obra maestra", "espectacular"... todas son formas de alabar una novela pero ninguno refleja ese algo más al que me refiero. Ese elemento intangible que se adueña de ti durante la lectura de la novela y que ya no te suelta nunca más.  Para referirme a eso voy a tomar el vamoso vocablo "Shibboleth" y, a partir de ahora lo utilizaré para definir aquellas obras cuyo valor no soy capaz de cuantificar pero que a mí me han parecido algo único.

Hacía ya algunos años que había leído la novela y siempre la he recordado con un gran cariño. La película, por mucho que en ella saliese Emmy Rossum, fue un mal sustituto y ya hace algún tiempo que sopeso la idea de intentar ir a ver el musical a Londres aprovechando que es su vigesimo quinto aniversario... pero con la certeza de que todos vamos cambiando con los años y sabeedor de que conforme pasa el tiempo tenemos tendencia a recubrir nuestros recuerdos con una patina protectora que siempre parece que los hace brillar un poco más, decidí releer la novela. 
Hace unos meses (el tiempo pasa muy rápido últimamente así que ya no puedo precisar sin tres, cuatro o cinco) intenté volver a leerlo. Lo cogí un día pero, lamentablemente, el intento no sobrevivió al viaje en autobús. Apenas había leído 20 páginas, es cierto, pero ahí no estaba nada de lo que yo recordaba, no conseguía meterme en la novela y acabé por cerrar el libro y terminé el trayecto mirando por la ventana y pensando en si había perdido una de mis novelas.

No recuerdo que novela cogí en aquella ocasión pero la que fuese consiguió sobreponerse a mis estudios, a la dispersión de mi cabeza y a cualquier otra circunstancia que por aquel momento me tuviese distraido. Lo que no olvidé fue esa sensación de duda que se había apoderado de mí en aquel momento. Casi todas las novelas de "la lista" pasaron a un segundo plano, pues no estaba dispuesto a seguir perdiendo libros así como así. Preferiendo un buen recuerdo que una nueva duda opté por dejar el tema relegado a un segundo plano y seguir con lecturas mas "mundanas".

Hace poco más de una semana sentí el impulso de volver a coger "El fantasma...". Un "todo o nada" en el que el destino de la obra estaba en peligro. Si me volvía a atascar, si me desencantaba recuperaba su sitio de antaño en la balda pero pasaría mucho antes de un nuevo intento, si gustaba.. si gustaba todo lo demás daba igual.

Las primeras páginas volvieron a costar pero como esta vez estaba preparado logré sobreponerme a Raoul, Vizconde de Chagny y a los nuevos directores  Richard y Moncharmin y, poco a poco, volví a estar dentro de los entresijos de la Ópera, ahí en medio de la función cuando la primera muerte sucede y el Fantasma deja de ser un rumor para convertirse en algo tangible.

Apareció la Sra. Giry y el recuerdo de "La Sorrelli" se fue difuminando dejando su espacio a la pequeña Meg y, por supuesto, a "la Helena de Troya" que siempre resulta ser Christine Daae y, para entonces, ya no había marcha atrás. 50 páginas, creo que no hicieron falta más para volver a estar inmerso en la trama. De repente todo tenía ritmo y era capaz de oír a la soprano cantar. Mi piel se erizaba con la representación de "Fausto" (obra que compré tras la primera lectura de esta novela y que espero ser capaz de leer tras esta segunda) y disfrutaba con el "juego del escondite" con que el Fantasma castigaba y martirizaba a los nuevos directores, a quienes enseñaba sus nuevas responsabilidades.

Amor, traición, desengaño, asesinato, redención... todo tiene cabida en la novela de Gaston Leroux, incluso la duda. ¿Merece Christine Daae la suerte que corre?¿realmente ama al Vizconde o es el miedo al Fantasma lo que le lanza a sus brazos?¿nunca llega a querer al fantasma?¿es el Vizconde héroe o villano?Y si es héroe... ¿por qué me cae tan gordo?¿Puedo querer a "Erik" y temer al Fantasma cuando se tratan de la misma persona?¿El Fantasma, nace o se hace?¿Y por qué me gusta tanto "El persa" cuando ni tan siquiera llego a saber su nombre durante la novela?

 Tres días me duró el relato y eso que no le dediqué ningún periodo adicional, sólo los trayectos en transporte público y las caminatas para llegar a los mismos, lo de siempre cuando tengo poco tiempo disponible en casa. Pero leí con avidez, con la alegría contenida que me dio el "haber recuperado" la novela y todo lo que ella me mueve. Mi primer "shibboleth"...habrá más porque la puerta para los demás vuelve a estar abierta.