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viernes, 8 de septiembre de 2017

El perro de terracota - Serie del Comisario Montalbano, vol. 2


En el último post hablé de un artículo de "El País" dedicado a los referentes del nuevo "spaghetti crime" italiano, un conjunto de escritores llamados a suceder al que para muchos (entre los que me encuentro) es el padre/referente de la novela negra italiana actual, Andrea Camilleri.

Quiso la casualidad que por aquel entonces ya estuviese con la segunda entrega del Comisario Montalbano, lo que me ha condicionado un poco a la hora de establecer el siguiente post a escribir con la idea de enlazar el comentario de este libro con el post anterior.

No es la primera vez que Camilleri aparece por aquí

Es un autor que me gusta. No es uno de mis favoritos pero si un autor capaz de hacerme disfrutar y pensar. Es cierto que mi visión de sus novelas ha ido cambiando con los años, siempre primando las novelas sueltas (mas condensadas y directas, con una carga social/crítica mayor y una crítica más marcada) que las de Montalbano, quizás porque al ser obras posteriores es el estiilo del propio autor el que también se refina o los tiempos se vuelven "más seguros" y permiten un mensaje más claro. 
Considerándolo siempre un autor referente creo que hay que destacar que su estilo agradable de leer tiene un tono ácido y mordaz, con un trasfondo muy crítico con su país y el clima general del mismo, eso sí, un tono que endulza algo el mensaje y aligera el "peso" que como lector deposita en ti.

No son historias narradas con el corte del "spaghetti crime". No son adrenalíticas, no hay apenas acción (por no decir nada), afortundamente cuenta con un toque "negro" y "cínico" que ameniza y una prosa muy característica de frases cortas, mensajes concisos y escasa descripción. Y sin embargo transmite y narra como nadie, delimitando y señalando todas las carencias de la sociedad que habita.

Sus historias exigen aunque su forma resulte altamente agradable para el lector. Hay pocos autores que se puedan leer con un ritmo elevado y que sean capaces de construir una historia con un menor número de palabras (hasta el punto de que en varias ocasiones he hablado de lo poco que compensa económicamente su adquisición para el lector, que se deja una buena suma de dinero en novelas que, con un poco de atención, se pueden leer en 2-3 horas).

Curiosamente, conforme pasan los años y me hago mayor... o mejor, conforme voy disfrutando más con la lectura y presto más atención a los detalles y menos a la urgencia por terminar lo que tengo entre manos, me va resultando algo más árido, exigente como pocos, con un estilo que diverge del mensaje y una tendencia muy marcada a dejar un regusto agrio en el paladar.

Si coges sus novelas (sobre todo las primeras) la tendencia de la vista es correr y acelerar y la del cerebro dejarse llevar como hace con otras muchas novelas actuales. Entonces surge el problema, se pierde información, porque el quid de la cuestión en sus obras reside en lo que no dice, en lo que omite.

Lo fácil es sentarse a leer, pasar páginas y cuando terminas decir: "qué buen rato he pasado", "cómo me he reído cuando..." y sin embargo, cuanto más lo leo, más pesadumbre y resignación encuentro en sus textos. 

Con el paso de los años me resulta un autor concienzudo y brillante, de tóno bastante gris y no ese entremés ligero que en ocasiones utilizaba para intercalar entre novelas más "serias".

La realidad es que no es el único autor con denuncia social pero cuando uno mira atrás se da cuenta del elevado número de  crímenes y actitudes que nunca se corrigen en sus novelas. La tendencia que tiene el ser humano a ir asumiendo y aceptando una sociedad más corrupta, a justificar/admitir/resignarnos ante lo que pasa, convertidos en espectadores que asumen lo que pasa como "normal" y acostumbrados a la mierda que vemos a diario y silenciando el mensaje constante de queja social. 

Sus libros están llenos de denuncia. Son muchas las novelas de Camilleri en el que el crimen no paga o no lo hace en los términos y la forma en que estamos acostumbrados pensar (o sería conveniente demandar a nivel social)

La primera vez que me di cuenta de esto fue con "La muerte de Amalia Sacerdote" y, poco a poco, empecé a releer varias de sus novelas y  comprobar que la escritura de Camilleri es harto complicada, llena de elipsis y silencios que debe rellenar el lector conforme avanza la novela y perífrasis que "rodean" la cuestión sobre la que se habla pero sin terminar de nombrarla, siempre con un tono apagado y lleno de pesar, por mucho que sus diálogos y la frescura de la réplica lleve a pensar justamente en lo contrario.

A la gracia fácil con Catarella llega el recordatorio de cómo ese "personaje" llegó a la Comisaría. El "amigo" de Montalbano, Mimi Augello, tan agradable para el lector en la primera impresión  no actúa nunca en beneficio de la sociedad, sino del suyo propio, movido por el afan de llegar más rápido y de la forma más asequible posible a sus metas sin atender a las consecuencias de sus actos, urgido por una necesidad extrema de destacar y acaparar los focos. Falso modesto, narcisista integral, trepa de carrera, nada de lo que ves cuando nos lo presentan hace presagiar lo que te vas a encontrar al final. Lo que los relatos muestran de él.

Y "en el perro de terracota"...

Es la obra más confusa que recuerdo de Camilleri, desconcertante como veinteañero peleón que fui en su día (y que sigue ahí pugnando por no marcharse), con una historia que comienza en un punto para terminar con algo totalmente distinto.

No se trata de una evolución/avance coherente de la trama sino de la intercalación de tres historias distintas que se van sucediendo poco a poco.

Ninguna de las historias posee una gran entidad por sí sola, cada una sirve de desencadenante de la siguiente y lo que resta se nos narra de forma entrelazada, contando su conclusión no de forma directa a través de los ojos de Montalbano sino de forma tangencial, por medio del boca a boca de terceros.

En su día no entendí los saltos y lo interpreté como un totum revolutum que su creador ideo para vender como libro tres relatos cortos. Veo algo distinto, en una interpretación posiblemente equivocada pero que hoy suena bien cuando lo pienso... Veo investigaciones que llegan a callejones sin salida, no porque no se sepa qué ha pasado sino porque tal y como está en ese momento la sociedad quien investiga asume la imposibilidad de llevarlas a buen término.

Las explicaciones a los hechos posteriores no son más que la escenificación como los temores de Montalbano acaban por hacerse realidad.

Mi visión deriva del desarrollo de una idea/planteamiento que creo que Camilleri intenta hacernos llegar a través del jefe del cuerpo de Policía, en una charla personal que tiene con el protagonista, en el que habla de la necesidad del Comisario de buscar otros objetivos "idealizados" para cubrir la frustración y el dolor dejado por investigaciones insatisfactorias que castigan la moral y frustran a quien trata de hacer las cosas bien.

La sucesión de las historias es vertiginosa, la narración incisiva, la crítica omnipresente y la denuncia social forma parte de cada una de ellas. 

En estos relatos vamos a encontrarnos una muestra más del triste sino de Montalbano (elegido por un conocido mafioso para ser quién le aprehenda), presenciaremos una tragedia con tintes atemporales (la escribió Camilleri en 1996, habla de eventos ficticios de 50 años antes y, tristemente, mantiene el vigor hoy) y presenta una muestra adicional de cómo a veces (en según que ámbitos es más correcto decir "casi siempre") el crimen no paga y la ineptitud (y la mala fe) de muchos de los empleados de la administración (policial, judicial, gubernamental....) y personajes de la propia sociedad, tiende a dejar crímenes sin castigo (o, al menos, sin que se castigue a todos los culpables) y a quien obra bien padeciendo.

Demasiado comentario para un libro que se lee en apenas 3 horas pero que deja, eso sí, reflexión para algún momento posterior.

Valoración: Me ha gustado. Aunque reconozco que quizás no era la lectura que necesitaba en ese momento concreto y que lejos de darme paz y transmitirme alegría, apagó algo en mi interior con el mensaje de fondo. 

miércoles, 18 de enero de 2017

La forma del Agua - Serie del Comisario Montalbano, vol. 1


Soy lector de Andrea Camilleri desde hace bastantes años. 

Comencé con la serie de Montalbano, hará casi una década y, poco a poco, me fui adentrando en el universo de sus novelas independientes, siendo "La muerte de Amalia Sacerdote" una de mis preferidas y "La ópera de Vigata" y "La concesión del teléfono" las dos novelas con las que más he disfrutado.

Lo fácil... decir que lo que más me gusta es su acidez y capacidad para describir todos los pormenores de la corrupción en la sociedad italiana, la forma en que se gestiona y como mancilla a todos cuantos toca, sin dejar incolume a ninguno de los estamentos de la sociedad pero con el tono justo para que uno no sienta que todo es una mierda. 

Su único pero, lo que menos me gusta... su enorme brevedad. En apenas 3 horas uno puede dar cuenta de prácticamente todos los libros del autor italiano.

Lo difícil... reconocer que mi percepción de Camilleri ha cambiado con los años. Lo que antes parecía vanalidad y satira sencilla se ve ahora con una mirada algo más cínica y ligeramente  resabiada, que disfruta con la trama siguiendo cada paso, leyendo con menos premura y fijándose más en los detalles, reconociendo alguna de las artes y maneras con las que hay que transitar por el día a día laboral y al desenvolverse en la propia sociedad.

Así, la lectura fluida se convierte en divertimento a dosificar, procurando ser capaz de seguir el hilo de un autor que tiende a moverse con habilidad en el juego de espejos y medias verdades que Montalbano tiene que tejer para  sobrevivir en un entorno hostil, donde nadie es de fiar y un paso en falso puede llevar a la supresión inmediata de tu vida.

La ligereza en el trato puede llevarle a pensar al lector que se encuentra ante una obra menor, ligera e inocua, que exagera y entretiene y no en una de las mayores denuncias sociales que existen sobre el sistema de corruptelas, servidumbres y mafias que campan por sus respetos en muchas de las sociedades mediterráneas actuales.

Camilleri no describe la realidad con el tono narrativo, mesurado y lineal de Petros Markaris, ni con la pesadumbre y el ambiente funesto y derrotista (casi derrotado) de Jean-Claude Izzo, pero va desmontando capa a capa cada estrato social, explicando la gran mentira que se esconde dentro de la actual construcción del Estado de Bienestar y de los (así llamados) Estados Sociales y de Derecho.

Mi sensación, por lo menos hasta hace un par de semanas, era que la mejor versión del autor se estaba dando en los últimos años (con la excepción de "Mujeres", que no me gustó), porque aunque (o gracias a que) la sutileza ya no llega al mismo grado de finura que antes, el mensaje es un puntito más directo e incisivo pero la relectura de la primera entrega de Montalbano me hace dudar de si lo que ha cambiado es la mirada del lector y no la forma de escribir del narrador.

Cuando comencé con este tipo de novelas lamenté profundamente la situación de Italia, me compadecí por cuanto les acontecía, no entendí cómo se permitían tener los dirigentes que les lideraban y, por supuesto, que hubiesen dejado que la corrupción se asentase en todas sus instituciones. Ahora me doy cuenta de que la distancia entre la Italia de Camilleri y la España actual no es tanta y que quizás lo que realmente nos separa es que alguien se haya atrevido a profundizar en la situación y denunciarla de una forma comercial y de fácil consumo.

En concreto, en "La forma del agua" nos encontramos con una muerte accidental de la que muchos intentan sacar partido y en la que Montalbano intenta poner algo de luz y, como se descubre al final, que haya algo de justicia. 

En el camino le veremos mostrarse como uno de los más grandes actores de la historia (y no precisamente por su arte con el disfraz), navegar en un "mar bravio" como sólo el más avezado de los pescadores es capaz y logar esconder sus más recónditos deseos y anhelos incluso a los ojos del espectador hasta el golpe de efecto final.

Como lector... creo que pocas autores son capaces de crear un ritmo y un mensaje tan claro con tan poco, dando además un toque de humor e hilaridad muy de agradecer, por mucho que es difícil dar con una novela suya que no amargue al final.

Como ciudadano... lamento que no haya más gente con la capacidad e interés por denunciar y poner de manifiesto las miserias de la sociedad que habito para ver si poco a poco el mensaje así cala, ya que es evidente que las noticias y la prensa ya no sirven para hacer llegar a la gente nada.

Valoración: Me ha gustado.

sábado, 16 de abril de 2016

Mujeres

He estado esperando a terminar alguna otra novela que no fuese muy larga para comentarla junto a esta en un intento de que compartiesen post y sirviese para dotar a éste de una dimensión y longitud superior.

Tenía hasta la compañera de viaje ideal para hacerlo "Manual práctico de cocina, Negra y criminal" de Montse Clavé, que contiene recetas que han acompañado a algunos de los personajes de novela negra más destacados de la historia. Una lectura curiosa y entretenida, que intercalo entre lecturas o que cojo cuando tengo un ratito y no quiero muchas complicaciones.

Pero esta semana no le he dedicado mucho tiempo inmerso en terminar alguna otra novela y no quiero demorar mucho más el comentario de "Mujeres".

Influye que mi perspectiva para este post ha cambiado. 

Sabido es para quien siga el blog que me gusta mucho Andrea Camilleri: Su forma de escribir, directa y cautivadora, su sentido del humor inteligente, su prosa directa, su capacidad de síntesis y de generar mensaje y opinión en pocas páginas, su crítica social y la denuncia contra la mafia y la corrupción. 

Siempre que hablo de él hablo de calidad frente a coste. Del elevado precio de sus novelas para la brevedad que supone su lectura, de la posibilidad de buscarlas en bibliotecas, de que te las deje alguien, de, en cierto modo, reservar los dineros para inversiones más interesantes, al menos con un mejor ratio precio-tiempo de lectura-diversión-entretenimiento. 

No es una crítica a Camilleri sino al sistema editorial español, donde un libro impreso vale casi lo mismo que uno en formato digital cuando los costes, digan lo que digan, no pueden ser similares, ni mucho menos.

Pero siempre hablo bien de Camilleri. Sus novelas cautivan, son inteligentes y dejan poso. Menos esta.

Puede que llegase con la idea equivocada a "Mujeres", un error que pudo originar la sinopsis del libro, que unido a una curiosidad siempre presente por conocer y descubrir nuevas figuras femeninas en la historia y una visión menos patriarcal de la misma, acaben por dotar de una mejor concepción de la historia y de quienes la poblaron.

Leí hace no mucho tiempo y luego lo escuché en una charla que hicimos en el Distrito, que las mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia, que son muy pocas las que aparecen y casi ninguna tiene relevancia. 

De este libro esperaba precisamente la posibilidad de conocer mejor o de descubrir a figuras históricas que le hayan llamado la atención. Incluso las que conforman parte de la mitología greco-romana, donde tienen un rol más protagonista aunque normalmente sea para tratar algunos de sus posibles defectos (la soberbia de Aracne, el triste destino de Troya por culpa de Helena, la tragedia de Antígona a la que nadie hizo caso, etc...). 

La sinopsis amplifica esa ilusión. Crea espectativas. Aumenta el deseo. 

Lees lo que quieres leer. Entiendes lo que te interesa. No te centras en nada más. No te paras a pensar. Hasta olvidas las matemáticas: 39 historias.... 208 páginas... Si divido.. hay poco margen para soñar.. 5 páginas por historia, más o menos. Poco margen, por muy Camilleri que lo escriba.

Y eso es lo que sucede. 

Historias breves, donde para cuando te sitúan has quemado el 40% de la historia. 

Que no profundizan en muchos mensajes. 

Que no narran momentos significativos de figuras ilustres. 

Que es intimista pero que no llega a transmitir. 

Que comparte pero no te hace partícipe. 

Que esboza pero apenas muestra. 

Que es Andrea C. pero que no se identifica como Camilleri cuando lo lees. Sin mafias, sin corrupciones, sin denuncia social, en el mejor de los casos denuncias micro (cuando la hay que no es mucho) frente a la macro. 

Con poca opción para la memoria. Historias que pasan ante tus ojos como lo hace el AVE visto desde cerca. Un relámpago del que apenas atisbas la forma y que deja muy poco para el recuerdo.

Podría hablar de "Antígona" y de algún otro relato que me ha gustado, pero serían los menos y tendría que buscar la marca que dejé para encontrarla cuando hiciese falta, porque poco recuerdo de lo leído, sólo vagas impresiones. Eso es lo peor. Porque si algo me gusta es que las obras dejen poso, sentir que algo han aportado, que han dejado huella. Esta novela no. Poco regusto para una historia que no deja de ocupar 200 páginas, aunque uno no se de cuenta con tanto cambio de historia y escenario.

Valoración: está bien

sábado, 9 de enero de 2016

La banda de los Sacco




Estos días pensaba en cómo iba a escribir algo nuevo sobre un libro de Andrea Camilleri teniendo en cuenta la de veces que ha podido pasar por aquí o lo que ya he dicho sobre él.

Creo que lo mejor es centrarme en tres o cuatro puntos: precio, género, humor y protagonista.

Precio: demasiado. Algo más de 14 euros en papel y de 8 en ebook. Camilleri es muy bueno, una lectura obligada para entender muchas cosas de Italia pero, como ya ha pasado en algún post anterior, no tengo claro que compense la compra y no sea mejor esperar a cogerlo en una biblioteca.

Leído del tirón, si hay posibilidad, la novela no dura más de 2 horas. Horas agradables e interesantes, pero SÓLO dos horas. No hablo de la relación calidad=precio (que es muy difícil de cuantificar) sino de la cantidad=precio, y ahí la desproporción es enorme.

Género: Es la primera vez que dudo antes de rellenar esa "Etiqueta" cuando se está hablando abiertamente de la mafia y la corrupción social.

Es la primera vez que recuerdo verle en una versión eminentemente documentalista, mero narrador de una situación y unos acontecimientos, sin protagonista definido pero con un mensaje claro. 

"Documental escrito" más que novela, creo que ponerle la etiqueta de "negra" podría llevar a equívoco a cualquiera que lo lea. Por eso el "Novela Contemporánea", aunque bien podría haber inaugurado una etiqueta nueva "Crítica social".
Humor: Uno de los rasgos caracterísiticos del autor, su capacidad para hacer sonreír (y hasta reir) a quién lo lee, aquí el no aparece del mismo modo. 

El humor está presente, pero más negro, más ácido, con una enorme carga de ironía en la forma en que narra ciertas situaciones y argumentos.

He echado de menos ese momento hilarante que suele aparecer en algún momento de las historias de Montalbano y en dos de las tres novelas ajenas a la serie que había leído "La ópera de Vigata" y "La conexión del Teléfono". 

Y el mensaje final deja un regusto muy amargo, el de la sociedad carcomida desde los cimientos. 

Puede que el problema sea en la imposibilidad de no establecer similitudes y paralelismos, ni ponerse en el lugar de los Sacco y plantearse si realmente la vida y la sociedad fueron justos con ellos y si nosotros en su lugar habríamos hecho algo distinto. 

Para un fiel defensor de un estado de derecho utópico (que cada vez es más patente que no se está desarrollando como tal en muchas de las sociedades desarrolladas) el mérito del autor es conseguir crear una lectura que hace que te plantees que pasa en los individuos cuando el sistema falla y no les queda más remedio que hacer algo al respecto.


Protagonista: En la narración no lo hay, por mucho que la mirada esté siempre centrada en los miembros de la familia Sacco. La narración es neutra, no hay puntos de vista personales, aunque las opiniones de unos y otros se van plasmando en el texto.

Pero cuesta decir que no hay protagonista, porque para mí sí que lo hay, Italia. O la Italia de 1920. Sería más fácil decir "la mafia", su historia, su impunidad, su modus operandi, su... pero creo que, aunque sea en una pequeña parte, sería injusto, porque durante la narración hay momentos donde el foco y la crítica están puestos en otro punto, por ejemplo, la politización de la justicia y la instrumentalización de la misma para hacer limpieza política, por ejemplo.

Durante mucho tiempo he considerado a Camilleri junto a Markaris y Jean-Claude Izzo como narradores de la decadencia de la sociedad mediterránea desde distintas perspectivas pero en esta lectura le veo más próximo a Don Winslow en su narración de la interacción política-mafia-justicia, eso sí, con un estilo mucho más liviano, ágil, breve e irónico.

Conclusión: "La banda de los Sacco" es posiblemente una de las mejores novelas que he leído de Camilleri. Posiblemente la menos agradecida como lector por la forma en que está narrada y el mensaje que transmite, pero quizás la que mejor llega y hace que nos cuestionemos qué haríamos cuando nuestra supervivencia y la de nuestra familia se ve amenazada y el sistema falla.

No puedo anteponerla a "La muerte de Amaia Sacerdote" porque para mí aquella fue un punto de impacto muy importante, con una narración increíble y una de las mejores formas de cerrar un libro que haya leído, pero por contenido es una lectura imprescindible, ingrata pero necesaria.

Valoración: me gusta

Una canción:  Renegades, de X Ambassadors (aunque si me dan a elegir prefiero la versión junto a Miracles)

Una peli: "Burnt", me sorprendió. Esperando una ñoñería me encontré con un retrato ligero pero llamativo del mundo de la alta cocina, la lucha entre lo clásico y las nuevas técnicas y, sobre todo, los problemas derivados de un éxito temprano y la falta de sueños por cumplir.

Me sorprendió Sienna Miller y, por qué no reconocerlo, Bradley Cooper.

domingo, 12 de febrero de 2012

Por la boca muere el pez

Vayas donde vayas si alguien se queja del precio de un producto siempre hay otro que responde con el  manido "Las cosas valen lo que su comprador está dispuesto a pagar por ellas". Una especie de muro infranqueable que Publio Siro erigió hace más de 2.000 años y que aún hoy ofrece protección y cobijo al vendedor ante cualquier  intento del comprador que intenta razonar sobre el coste de la vida.

Resulta frustrante ser silenciado por una frase milenaria. ¿dónde queda la oferta y la demanda?¿eso ya no existe? Quizás sea necesario que alguien nos reeduque a los consumidores. Que alguien con vastos conocimientos salga en nuestra defensa. Alguien que esgrima a Jeremy Bentham y su "utilidad marginal" ante el tipo que se esconde detrás del P.V.P (Precio de Venta al Público).

La "utilidad marginal" se utiliza (si no recuerdo mal) en microeconomía para medir la satisfacción que le produce a una persona el consumo de la siguiente unidad de un producto. Una satisfacción  decreciente, pues con cada nueva unidad la persona se va "saciando" hasta que llega un momento en el que el coste de la siguiente unidad está por encima del valor/satisfacción que le asigna el consumidor y, por tanto, deja de consumir.  

Para el que lo quiera entender a efectos prácticos me voy a remitir al ejemplo que a mí me han puesto toda la vida: una persona está sedienta y alguien (quien sea) le ofrece un vaso de agua a un coste X. El sujeto en cuestión, si tiene el dinero, no se plantea si ese vaso de agua vale lo que está pagando porque en ese momento su prioridad es sobrevivir y eso para él (y para todos nosotros) no tiene precio. Conforme va bebiendo la sed se apaga y, con ella, su necesidad. De manera que cada vez necesita menos y le cuesta más un nuevo vaso, por mucho que el precio del mismo siga siendo el del principio.  

Dicen que las nuevas generaciones están llamadas a superar a las que les precedieron, que es el ciclo de la vida (aquí sin "Hakuna Batata", que hay que pagar copyright). Confieso que yo debo ser uno de esos fallos que confirman la regla porque  lo que a mí me costó llegar a comprender algo más de 20 años  (y alguno más que he tardado en valorarlo), hace mucho que fue asimilado por mis padres (y eso que ninguno de los dos tuvo que tragarse "Economía política" y otras asignaturas similares) y su "sentido práctico parental", algo así como el "sentido arácnido de Spíderman" pero sin araña radiactiva de por medio...algo "que no se enseña, te lo da la vida"...(o eso dicen ellos).

Lo cierto es que el otro día fui a comer a su casa. Al llegar saco el último libro de Andrea Camilleri (el mismo del que trata este blog) de mi mochila. Mi madre lo ve y sonríe, con ese ligero toque de tristeza que se le pone a veces en la comisura de los ojos cuando se enfrenta a las situaciones agridulces que ofrece la vida. Me mira tranquilamente y me pregunta:
- ¿Cuántas? 
A lo que yo, como hijo avispado que soy y gran conocedor de su psique, respondí: 117 (los dos sobrentendimos la palabra "páginas").
- ¿Cuánto? 
13 (euros)
-¿Y?
- Muy corto. En una hora y cuarto lo había leído. Las últimas páginas ni siquiera forman parte de la novela, son la explicación del editor sobre cómo surgió la idea de esta colaboración y, encima, hay cerca de 15 páginas que son casi exclusivamente imágenes. Quítale otras 20 páginas que sólo están escritas hasta (o a partir de) la mitad e imagina una letra tan grande que puedes leer a 3 metros sin las gafas de ver de lejos...
- Pues ya sabes...

Una frase que lo dice todo. Un "Hijo, que no nos vuelvan a pillar en un renuncio. Si vuelve a pasar coge cualquier otro de los que nos gustan, no hay problema". Siempre en plural, ¡¡qué pasa, es mi madre!!, no iba a dejarme por los suelos con un demoledor: ¡¡así hijo, sigue tirando el dinero!!...

A mi madre le gusta Andrea Camilleri. Diría que le gusta mucho. No sólo las historias de Salvo Montalbano, también las independientes. Antes nos servía de excusa para criticar la lamentable situación en que se encontraba Italia. Hoy para ver cuánto nos hemos acercado a nuestro vecino mediterráneo. Y aunque han llegado otros (Carofiglio, Markaris, etc...) que ofrecen lo mismo, sólo Camilleri nos pone esa sonrisa tan tonta en la cara...

Con su declaración (si es que se puede llamar declaración a tres palabras puestas juntas) mi madre no estaba cuestionando el valor que tiene este singular e irrepetible escritor italiano. Lo que criticaba era "su" coste. El que pone la editorial, el que no sé si desvirtúa la obra pero si la aleja del lector, al menos de éste.

La mujer que me trajo al mundo (la misma cuyo nombre no pongo porque no quiero quedarme sin la invitación a comer los sábados, que tras este comienzo ya está puesta en duda) no conoce el "óptimo de Pareto", ni creo que haya visto las teorías económicas sobre los bienes sustitutivos y los bienes necesarios, pero tiene muy claro un par de conceptos básicos. Uno lee para entretenerse y aprender. La lectura, por desgracia, es un privilegio (para algunos un capricho) no subvencionado. Si quieres algo lo pagas y, con la situación actual, no siempre puedes gastar lo que te gustaría. Entonces llega el momento de afilar el ingenio o aceptar que ha llegado el momento de  "hacer sacrificios", que lo puedes vestir como quieras pero, al final, siempre se reduce a un mero: "como no puedo con todo lo que quiero, entonces compraré lo que puedo y que creo que me va a solucionar/apetecer/satisfacer más.

No soy una persona especialmente ahorradora y me doy caprichos cuando puedo, ¡la vida está para vivirla! pero no me gusta terminar una novela con la sensación de que me han timado o de que, en el mejor de los casos, he desperdiciado parte de mi tiempo/bienes. "Por la boca muere el pez" es un cuento corto. Divertido, ácido y satírico, reune todos los ingredientes que hacen que adore a Camilleri: humor, crítica social, una facilidad de lectura asombrosa, a un Catarella que sólo con ser nombrado te arranca una sonrisa, un "Don Juan" de medio pelo como Mimi Augello (que no sabes como pero en cada novela se las arregla para dejar la imagen del género masculino un poco más deteriorada), comida y, por supuesto, los vaivenes de la relación entre Flavia y Salvo. La historia es original y en ella "hacen aparición" (u omisión) los "servicios secretos" italianos, pero todo en una dosis tan ínfima, tan concentrada,  que al final en lugar de agradar, molesta, porque quieres más y no lo hay. Una lectura que abre el apetito en lugar de saciarlo. Una "tapa" a precio de menú, y no precisamente del día. 

Si no hubiese en el mercado otras novelas de Camilleri no diría nada, pero todavía (y el todavía es porque parece que varias de las ediciones más económicas  ya no están disponibles, al menos en las páginas que he mirado) hay libros de la serie de Montalbano muy interesantes ("la forma del agua" o "El perro de terracota", entre otras), superiores hasta límites insospechados a esta última y, lo más importantes, a precios mucho más económicos.

Sé que sólo he hablado de Andrea Camilleri y que esta es una obra coral, pero no creo que en 30 páginas (y creo que si esta novela hubiese tenido un formato ortodoxo no habría sobrepasado ese número de páginas) pueda sacar algo en claro sobre Carlo Lucarelli, máxime cuando durante la lectura siempre me ha parecido que el espíritu de la obra estaba totalmente imbuido por el genio del primero. ¿La sombra del octogenario escritor italiano es demasiado alargada o acaso ambos autores tienen un estilo similar? Por si las moscas me apunto el nombre y cuando se publique una novela de la inspectora Negro la tendré en cuenta.

Un último comentario que no guarda relación directa pero que creo que sí tiene cierta importancia con respecto a lo que he comentado en este post.  El otro día vi que un anexo a  "Soy el número 4" había sido publicado. No hablo de la segunda novela, "The power of Six", que ya sé que está traducida (y cuya  versión original reposa en mi estantería esperando su momento). Hablo de "The lost files: six's legacies", un relato corto que cuenta lo que fue el camino de Six hasta su irrupción en la primera novela de la serie. Su coste era (literalmente) 0,99 libras. Poco más de un euro directamente para ebook. Desde entonces no puedo dejar de preguntarme ¿Ésto va a llegar en algún momento a España?

jueves, 20 de octubre de 2011

La conexión del teléfono

Tres cartas le bastan a Andrea Camilleri para montar su novela. Tres cartas en tres meses, las enviadas por Filippo Genuardi de Vigata al Comendador para solicitar una línea telefónica a finales del siglo XIX en Vigata (ese pueblo de ficción en que Andrea Camilleri ambienta todas sus novelas). Aquí, como en todo cuanto escribe el genial autor italiano, los cómos y los por qués tienen una importancia fundamental.

Las relaciones entre los carabinieri y la policía italiana, las existentes entre los altos cargos políticos y sociales, la mafia, la iglesia y la corrupción. Todo tiene cabida en una novela de casi 300 paginas que, en realidad, no habrían sido mucho más de 150 páginas de cualquier otro libro al que se le haya aplicado un formato mas usual. Lastima que lo ajustado de su metraje y lo concienzudo de las tramas no den más cuartelillo a la hora de analizar su contenido pues, al hacerlo, posiblemente el lector perdería el gran aliciente de la novela, el desarrollo de la trama.

Una sátira muy ácida sobre la sociedad italiana en conjunto, desde el ciudadano más insignificante al mas alto jerifalte, donde todos y todo parece tener cabida y donde al final nadie se queda sin recibir. ¿Lo merecido? ¿Es acaso el final injusto? Para mí no, ahora bien, el concepto de "lo merecido" es tan subjetivo que...

Una obra que se compone de cartas y diálogos, que el autor utiliza para explayarse, sin cortapisas, sobre la realidad italiana (¿no es posible decir directamente mediterránea dada la situación actual de casi todos los países de la zona?) actual. Un sistema viciado y vicioso donde todos, absolutamente todos, tienen algo que callar.

Amante como soy de la obra de Camilleri debo confesar que prefiero "La conexión del teléfono" y las otras dos novelas independientes que he leído hasta ahora ("La ópera de Vigata" y "La muerte de Amalia Sacerdote") sobre las que conforman la serie protagonizada por Salvo Montalbano, pues aunque todas hablan y critican la realidad italiana, las que cuentan con la presencia del Comisario de Vigata tienden a edulcorar (al final) un poco el mensaje e intención que rige toda la obra del autor.  De todas formas todas ellas son críticas tan elaboradas, ingeniosas y divertidas que bien merece la pena leerlas.