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lunes, 24 de septiembre de 2018

Instinto y pólvora


Soy más de leer para desconectar (por mucho que siempre se pueda aprender algo por el camino) que de leer tratados o disquisiciones sobre materias concretas.

Quizás por eso hasta hace apenas algo más de un mes no había tenido noticias de este libro y, de no ser por la injerencia externa de una amiga que me envió un enlace en el que hablaban de él j, creo que habría seguido viviendo en la inopia tan tranquilo.

Tras una temporada muy disperso, con demasiadas cosas encima y poco tiempo para dedicarle a cosas más baladís (o para dedicármelo a mí), al final los días se suceden y cosas que hasta ahora eran más o menos habituales van desapareciendo hasta que dejan de formar parte de la rutina cotidiana y de los recuerdos más próximos.

Son esas cosas que posiblemente no te realicen como persona (como leer sinopsis y comentarios de expertos sobre cine, teatro o libros, mirar recetas raras para ver si aprendes algo o tumbarte un par de horas a ver una película sólo por el mero hecho de poderte relajar y no hacer nada durante una tarde) pero que te permiten mantener el equilibrio en un día a día cada vez más estresante y desasosegante.

Entre los placeres de los que adolezco en los últimos días está la búsqueda de nuevas novelas o cotillear foros ajenos que aporten ideas con las que encontrar esa historia curiosa que añadir a la lista de lecturas pendientes.

En resumen, que me disperso: por mis propios medios no hubiese llegado a tener esta novela en mis manos. Como en algún otro blog y en algún artículo de prensa encontré referencias adicionales y lo que leí me llamó la atención, finalmente, me hice con la novela.

Lo primero para comenzar debería ser una corrección: novela es un término inexacto que no termina de encajar por completo con un texto que tiene algo de tratado (en este caso sobre la ciberdelincuencia, Internet y la situación social actual) y algo de biografía novelada.

A caballo entre esas dos partes claramente definidas, surge una lectura curiosa que hasta la mitad aproximadamente, ayuda a entender alguna de las cosas que suceden en la sociedad y que no dejan de tener presencia constante en los medios de comunicación, permitiendo redimensionar y acoplar lo que sabes, oyes, escuchas y crees para terminar de formarte una impresión real de lo que hay "ahí fuera", en ese basto universo llamado "Internet".

Sin llegar a tener una edad para considerarme obsoleto en materia informática, sí empiezo a estar en ese momento en el que soy consciente de la divergencia cada vez mayor entre lo que era una "herramienta" y lo que empieza a ser el lugar de evasión constante donde uno se pierde de forma constante, olvidando que el llamado "mundo digital" o el "virtual" es tan peligroso como el real.

Seguramente tenga la edad de sus padres y como  nunca he tenido una necesidad imperiosa de manejarme y conocer Facebook al detalle o cualquier otra red social, desconoceré el porqué de la necesidad de tanta gente por "estar ahí" pero he asistido a charlas sobre los riesgos de Internet y he visto la cara de pasmo que se les queda a alguno de sus tutores cuando descubren lo que "una burda herramienta de juegos" puede llegar a generar dado el mal uso que muchos hacen de las redes.

Hace unos años, "Los Compadres" hicieron un sketch sobre los peligros de "la nube". Algo digno de verse (Ver sketch,) y que trataba de servir como aviso para navegante.

Por mucho que carezca de la gracia de los humoristas andaluces, creo que los distintos relatos que utiliza Barrera para formar su relato explican sobradamente los "peligros" que rodean a nuestros hijos y a nosotros mismos (a fin de cuentas nuestros datos personales están en la red), la escritora trabaja en ese ámbito y nos ofrece una información más completa y amplia de la que normalmente recopilamos por nosotros solos.

Aunque sólo fuese por eso sería más que suficiente como para recomendar la lectura a todos aquellos que aún no sean conscientes de la forma en que ha cambiado nuestro mundo y el daño que puede llegar a causar en nuestro entorno un uso imprudente de los recursos de la red, sea a nosotros directamente o a aquellos que están a nuestro cargo.

No pretendo engañar, "Instinto y pólvora"  no es la más dinámica de las lecturas que han pasado por mis manos pero aporta un granito de arena que no deberíamos dejar pasar así como así.

La segunda parte, la novelada/autobiográfica, no está mal aunque deja bastante menos huella.

Por cuestiones laborales, por haber pasado por procesos similares y quizás por simpatía hacia alguien que ha luchado por lo que ha creído a pesar de los costes que esa lucha a corto/medio plazo pudiese suponerle, creo que lo mejor de la narración no reside en la explicación y defensa de la labor policial ni en su intento de humanizar una figura cada vez más en entredicho sino en la parte más humana, la suya, la de la persona inconformista que ante una vida que no siempre le ofrece lo que busca acaba por buscar siempre un camino en donde el éxito dependa fundamentalmente de su capacidad, esfuerzo y entrega.

Valoración: Está bien.

No creo que éste sea un libro para deleitarse ni que se aproxime a ser una lectura agradable que llame a la evasión y disfrute, siendo, como es, una "memoria" de los pasos laborales de una joven policía y lo que ha aprendido (y perdido) por el camino para llegar hasta donde está.

Hay un momento en que se hace larga (quizás hasta algo pesada) porque tiene un momento muy "me, mi, conmigo" (y no es la canción "ya no quiero ná" de Lola Índigo) que satura un poco si bien seguramente en las páginas finales se encuentra una de las mejores descripciones de lo que es ser opositor y el coste personal que impone a quienes se aventuran a intentar a entrar en la Administración (sin importar el tipo de puesto).

En otro orden:

Poco que contar. Un mes muy liado, con "Hunger" de Florence+The Machine, "Natural" de Imagine Dragons y "Happier" de Bastille sonando cuando lo cotidiano deja margen a lo extraordinario.

viernes, 16 de marzo de 2018

Maderos - Jack Taylor, vol. 1


Hace cosa de unas semanas un compañero me habló de una serie que estaba viendo. Era antigua, corta y tenía como protagonista a un expolicia, ahora detective privado que se pasaba el día bebiendo. Decía que la actuación de Iain Glen era muy buena y que le estaba gustando tanto que se estaba planteando buscar los libros en los que estaba basada.

Como soy un culo muy inquieto me adelanté y me puse a buscar por todos los sitios hasta dar conla primera de las novelas.

Creo que si soy sincero sería justo decir que ni por el título ni por la portada le habría dado una oportunidad, pero como soy de esos kamikazes que cuando ve un trailer de película que le llama la atención y descubre que es adaptación de una novela corre a por ella antes de ver la película ante la presunción (a veces equivocada) de que la novela siempre será mejor, no dudé en hacerme con el libro.

No puedo extenderme mucho porque sería ser injusto con la novela que si tiene algo de entrada es su brevedad y la capacidad para contar una historia diferente en un espacio bastante decente de hojas, sin alargar más de la cuenta y sin dejar cabos sueltos.

Se trata de una novela cruda, directa e incómoda, donde el alcohol está omnipresente y con un protagonista hundido en la miseria. Así le conocemos y, por desgracia, pase lo que pase en el libro, mejor, lo que se dice mejor, no le dejamos.

Como novela negra de investigación creo que vale lo justito. No es ese su punto fuerte y la trama en ese sentido es bastante directa y cómoda para el escritor. Si por mi fuese creo que podría ser más una novela costumbrista o social que novela negra pero dado el cariz que siempre hay de fondo, la psicología del personaje y ciertos comportamientos a lo largo de la novela prefiero ponerle la etiqueta donde mucha más gente la va a clasificar.

Como lectura, género a parte, me produce cierta ambigüedad, la verdad.

Por un lado no me ha resultado una novela negra que como tal aporte, como se deduce de mi comentario previo. He leído otras mucho mejores incluso muuuuuuchas otras mejores o iguales más gratas de leer. En ese sentido como lectura de investigación, social o negra te deja bastante poco de recuerdo.

Otra cosa es Jack Taylor. Su construcción y la forma en que Ken Bruen nos arrastra al mundo de la adicción, la desesperación y la tristeza es, de alguna manera, cuando menos reseñable. Otra cosa es que como lector resulte una lectura grata (para mí no lo es) y que su personaje acabe resultando para quién le observa un pobre desgraciado sometido a infinitos vaivenes. 

La manera en que su creador construye un personaje autodestructivo al que parece que la vida pone mil y una trabas para que no pueda dejar atrás su sino es desgarradora y la lectura, breve en el número de páginas se acaba haciendo ardua para quien no disfrute del proceso.

En esta parte tengo de nuevo una dualidad, como lector neutro me parece reseñable la capacidad de alguien para construir una situación tan desesperanzadora y tan "injusta" sin tapujos ni cortapisas. Como persona en busca de evasión (y con una clara sensibilización hacia las cuestiones del alcoholismo) me ha resultado hasta cierto punto claustrofóbica la manera de sumergirte en una novela para hablar de un tema que personalmente te repele y que, sin embargo, una vez que la empiezas acaba haciendo que no la abandones hasta el final.

Se trata de una dualidad que a día de hoy aún mantengo, incapaz de decidir si leeré la segunda entrega o no, convencido desde el principio de que las desdichas de Jack Taylor no han hecho más que comenzar y que montarse "en su carro" es aceptar seguir a un personaje hacia su destrucción en un proceso lento, constante e inexorable.

A la hora de valorar el resultado tengo el mismo problema. 

Por gusto, es decir, por la probabilidad de que me haya satisfecho lo suficiente y vaya a recurrir a la siguiente entrega para distraerme y evadirme me sitúo mas en un "no lo sé pero creo que no", que se traduciría en  un "No me ha gustado".

Por la forma en que se construye y el conjunto de emociones que me ha hecho sentir (no estando el rechazo hacia la lectura entre ellas por mucho que me moleste), debería decir que está muy bien si estás dispuesto a pagar el peaje.

Quizás por eso lo voy a dejar en un "Está bien", que la califica como una lectura bien construida y un autor a tener en cuenta pero con la distancia propia de quién ha leído la historia sin sentir placer con ello.

Valoración: está bien.

En otros ámbitos:  El otro día pude ver "Amor a la siciliana", que es cualquier cosa menos una película romántica. 

Crítica durísima a la realidad italiana, a la mafia y a forma en que Estados Unidos contribuyó a que se asentase como forma de gobierno. Con algo de "humor" y un guión que aún hoy sigo buscando si ha escrito o se ha inspirado en Andrea Camilleri de alguan forma.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Rogue - Shifters, vol. 2


La "urban" como evasión, como minibreak para eludir lo cotidiano, sea en la vida real o en la ficción realista. Esa ha sido siempre mi idea. 

Por eso me gusta, porque pone algo de pausa en los ritmos diarios (como la buena fantasía y la ciencia-ficción de antes). Una forma distinta de alienación/distracción.

El problema es que a veces lo extraordinario se vuelve cotidiano y pierde parte de su  magia. Esa cotidianidad viene por una doble vía: la repetición o la asimilación.

La repetición es el peor castigo que pueden imponerme como lector. Odio la sensación de deja vú y esa idea constante de "lo he visto", "lo he leído", "me recuerda a"... el problema es que hay mucha tendencia a caer en ella, sea por utilizar fórmulas ajenas o por ser incapaz de salirse de propias y, por desgracia, cuanto más lees mayor es la probabilidad de topar con ellas.

"Stray", la primera entrega de la serie, tenía algo de "Bitten" de Kelley Armstrong. Cambiábamos perros por felinos pero la parte inicial tenía cierta similitud y, a pesar de los intentos por poner cierta distancia entre las dos tramas y aceptando que la resolución era también algo distinta, el resultado no terminaba de ser precisamente novedoso.

Eso sí,  estaba bien construída, se lee muy bien, esmuy dinámica, con personajes con ese ligero toque adicional que los hace atractivos cuando los tienes delante. Además es relativamente coral, aunque esté contada en primera persona, algo que no tenía la primera entrega de "Women of the Otherworld" y eso también ayuda.

"Rogue", afortunadamente, se separa de esa tendencia al "calco sutil" y se muestra más autónoma, con una trama totalmente distinta a la que planteaba "Stolen" (la continuación de "Bitten"), partiendo de la idea de que quizás quien cambio totalmente el registro en ese caso fuese Armstrong en su momento.

Rachel Vincent continúa la estela dejada por la primera novela y retoma parte de la trama en esta segunda entrega (o la trama entera) para seguir construyendo un universo de forma paulatina, sin giros bruscos e inesperados. Quizás en un desarrollo demasiado lento o, lo que sería más aterrador, con un universo bastante más limitado de lo que me gusta.

En ese sentido, la segunda novela de la serie ofrece pocos (o casi ningún) elemento novedoso. 

Mantiene la agilidad en la lectura, sigue siendo entretenida y se lee fracamente bien pero ha perdido algo de gas y no tiene el punch inicial que tuvo la serie en el inicio.

Ahí llega la asimilación. La cosa está en que frente a otros autores como Patricia Briggs (y así me salgo de las citas habituales, que yo también me repito), Vicent resulta más "humana" en la construcción de sus novelas y otorga un peso específico propio a las tramas familiares, las disputas domésticas y los conflictos amorosos, convirtiendo parte de sus historias en algo próximo a las teleseries cotidianas (no me quito de la cabeza la referencia a una antigua que me fascinó durante unos cuantos años,  "Cinco en familia" o "Party of five") con todos los roces, peleas y conflictos internos de un nucleo familiar reducido con, eso sí, "superpoderes".

Esa vertiente, que es entretenida y cubre un espectro más amplio que el de la Urban más pura, es entretenido en la medida en que las fórmulas no se vuelvan repetitivas y anodinas y es ahí, en esa fina línea que separa lo bueno de lo banal, donde Vincent hace equilibrios de forma permanente. De momento no se ha caído, pero la frescura inicial y el efecto "ooohhh" ante lo que le cuenta se va diluyendo y, o la cosa mejora un poco, o existe claro riesgo de que se le empiecen a ver las costuras a su traje.

Mentiría si dijese que "Rogue" no me ha gustado, sería totalmente falso pero hay un mecanismo interno que se ha puesto en marcha y hace que me plantee si la idea inicial de la autora no daba para más y el resto de entregas van a llevar un desarrollo predecible y similar hasta su final.

Mi intención es seguir con la serie. La sinopsis de la tercera entrega promete y si realmente la autora es capaz de seguir manteniendo el pulso narrativo yo estoy dispuesto a tirar adelante con sus historias, la duda es ella será capaz de hacerlo o si lo que lo que los dos entendemos por "pulso narrativo" es algo diametralmente opuesto.

El resto de la novela, la trama principal (la muerte de varios werecats sin "clan") y la secundaria están bien, aunque la intersección de las dos esté demasiado clara desde el principio, así que el efecto sorpresa se pierde muy rápido.

A la trama le falta algo de novedad, que trata de compensar generando disputas familiares y amorosas y llenando las páginas con un toque de culebrón que ameniza los interludios "no activos".

Además, se lee muy, muy bien salvo un breve pasaje intermedio que se hace algo más largo de la cuenta y en el tramo final abre nuevas vías que si su creadora es capaz de explotar pueden convertir la historia en un pasatiempo habitual bastante respetable.

Valoración: me gusta. Pero con algo de miedo y un poco cogido por pinzas, no tanto por esta entrega en sí, que merece la pena como por lo que pueda estar por llegar.

viernes, 22 de diciembre de 2017

California bones - Daniel Blackland, vol. 1


Con "California bones" me ha pasado como con alguna otra novela de este año que en ese constante proceso de cambio por innovar en la literatura a veces se quedan entre medias de varios géneros y no termina de cuadrar bien el invento.

Son casos complicados de valorar, entre otras cosas porque muchas veces esperas algo al leer la sinopsis y lo que luego te dan no tiene nada o casi nada que ver con lo que te habían vendido.

Veo la referencia de la portada de Steven Gould y no me termina de cuadrar.

"L.A. Noir" me lleva a pensar en novela negra, muy negra, de ambiente inhóspito e incómodo, gris, espesa, lenta, de ritmo pausado y temática cruda.

La novela de Eedkhout tiene alguna de esas variantes, por ejemplo, a pesar de presentar similitudes con las ciudades que conocemos la historia nos muestra un ambiente opresivo y gris, hasta cierto punto inhóspito, con un aire que recuerda a la ambientación de la película Blade Runner pero sin que la transformación que plantea termine de resultar real, bastante lejos de el aire que una buena novela de cyberpunk llega a tener.

El problema llega cuando la lectura no es capaz de generar tensión en el lector y poco a poco se muestra incapaz de alcanza un climax a través del desasosiego o  esa sensación de incomodidad que surge cuando estás leyendo un thriller en condiciones.

Así que la referencia la referencia al género negro no creo que sea adecuada. Calificaría "California Bones" como una mescolanza más próxima al fantástico puro y duro, con algún tinte futurista que a la novela negra en cualquiera de sus vertientes, por mucho que sobre ella revolotee un ligero aire a un Danny Ocean (el encarnado por George Clooney, pero en versión miniyo) planeando un gran golpe (virtualmente imposible y seguramente kamikaze) de fondo.

Como se ve por lo expuesto, el fondo me ha generado algunas incertidumbres, el problema es que la forma lo ha aclarado pero no necesariamente para bien.

El tono lúgubre, la denuncia política y social y un fondo bastante triste (con algún tinte siniestro y macabro) se diluyen ante el intento de aunar en un mismo libro una historia con trasfondo y una narración directa, sencilla, cómoda y manejable con mucha elipse (¿intencionada?) que deja todo eso en un ¿cuarto? plano tan lejano que acaba por perder cualquier peso específico en la novela y te aleja de la acción. 

Quizá el problema resida en la sensación de que Eekhout trata de gustar a jóvenes y adultos y pierde a una parte de cada en el intento.

El contar con protagonista adolescente, sirve para cubrir un espectro muy amplio de lectores, pero para mí gusto no es una novela para los adolescentes más pubers, demasiado gore y mucha carga subliminal para que vean todo lo que se mueve. Para ellos lo bueno, cierto toque comiquero, diálogos ágiles, mucho ritmo y poca descripción. Pero, insisto, por desfasado que pueda estar por mis años, no creo que sea para un joven de 16 años (o que vaya a entender el trasfondo que se supone que hay detrás).

Para los adultos tiene carencias. Resuelve los lances con demasiada rapidez y un punto de ingenuidad, esperando que los fuegos artificiales y la magia del momento cubran las carencias de la narración.

El lenguaje es asequible pero para una persona exigente es casi seguro que le parecerá que a los personajes les falta profundidad y el desarrollo de la trama es demasiado irregular, con muchos saltos en la trama (¿o pretenden ser cambios de escena para una posible adaptación a la gran pantalla?), mostrando fogonazos de la historia, la parte vistosa y espectacular, pero dejando huecos sin rellenar en la historia.

Para el postadolescente... si no es exigente puede ser una buena lectura.

La parte "nueva", la de la osteomancia, y la de las distintas características de otros protagonistas no deja de recordar a un cruce entre el manga post-apocaliptico de hace unos años y los comics de Marvel de los 80-90, por lo que no me ha cautivado.

Por todo y por eso, quizás lo mejor que pueda decir es que  para mí "está bien", sin más.

P.D: Leeré la siguiente entrega, porque la historia es, al menos, entretenida y no especialmente exigente para los meses venideros, que prometen de todo menos pausa.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Yo veo en la oscuridad


Creo que lo que define a "Yo veo en la oscuridad" como novela es común a lo que marca toda la carrera de Karin Fossum.

Es una obra incómoda: estamos acostumbrados a ser espectadores en las historias pero siendo parte activa. 

Vemos, oímos y sentimos lo que quiere el autor que es el responsable de conseguir nuestra inmersión en la historia, de generar esa extraña sensación de dentro-fuera que hace de la lectura un extraño placer (¿culpable?). En "Yo veo en la oscuridad" eso no sucede. 

Con la novela en la mano no te sumerges, lees siendo consciente de ese doble plano (narración, lector) que normalmente se busca que desaparezca cuando coges un libro. O, al menos, esa es la sensación que en muchos momentos pretendo alcanzar.

Me gusta que las palabras, las frases y la narración escrita se desdibuje y se diluya. Es una metamorfosis del papel en algo "más real",  una conversión a imágenes que permite que me evada y dejar atrás sensaciones, pensamientos e inquietudes de mi vida.

La autora noruega, en todas sus novelas, me niega ese deseo y me castiga con la sensación permanente de lector cotilla, de voyeur, lo que de entrada me genera sensación de indefensión.

Desde el momento en que tomo entre mis manos una novela de Karin Fossum sé que no voy a sentirme cómodo en ningún momento, quizás por eso lo haga con cuentagotas (aunque el ritmo de publicación de las editoriales españolas tampoco ha ayudado mucho en la última década.

Es un texto muy difícil de clasificar.

Por ambientación debe de ser novela negra pero muy lejana a los referentes clásicos del género y a mucha distancia de las distintas reformulaciones del mismo.

No es procedimental, pues la ciencia ocupa muy poco lugar en el texto (por no decir ninguno) y no es elemento definidor de lo que se lee.

Tampoco es social, situada lejos de cualquier entorno realmente identificable o de costumbres y ritmos de región alguna. La sociedad no importa y los elementos que definen y encuadran lo que rodea a los pocos personajes tampoco.

Lo más próximo... el thriller psicológico pero entendido de una forma totalmente distinta a lo que se suele leer, es un thriller vago e impreciso, un viaje azaroso en donde te sientes cautivo de algo que te violenta.

Es una lectura ajena al disfrute, se lee para experimentar cierto tipo de angustia ante la vulnerabilidad e impotencia que experimentas ante lo que ponen ante tus ojos.

No sólo no puedes disfrutar con lo que lees sino que sientes la necesidad de que termine, pero sabiendo como termina, para que todo de alguna forma cobre sentido.

Es de alguna forma una ambientación minimalista e introvertida, con mucha introspección, que nos adentra en la mente y forma de obrar de un grupo muy reducido de personas durante periodos muy delimitados de tiempo.

Siempre nos da margen a situarnos y a "ver" lo que está sucediendo pero no terminas nunca de tener claro cuál es el hilo conductor de la historia ni qué pretende la autora con la narración, sólo te sientas y lees para ver que te cuenta y eso asusta.

Es muy cruda. 

No me gustaría que nadie se llevase las manos a la cabeza, aquí no corre la sangre a borbotones ni las muertes se amontonan.

No se trata de crueldad, sino de crudeza, que a veces es incluso peor. A la sangre te inmunizas hasta cierto punto a la gente no.

Sólo se habla de la vida desde la perspectiva de una persona pero se hace sin tapujos y es probable que lo que se lee no guste, a fin de cuentas todos, en un momento u otro, nos hemos definido como "normales" y Fossum nos exige un ejercicio de alienación en donde vemos, sentimos y obramos con la decisión y procesos mentales de alguien que no se rige por los mismos valores ni por la misma interpretación de los hechos. Una persona que obra siguiendo pensamientos y razonamientos que nos resultan irracionales.

Leer las novelas de esta singular autora es someterse a un ejercicio de autocastigo en el que te ves obligado a comprender (sin entender ni compartir) las motivaciones de sus protagonistas, mientras, en ocasiones, eres consciente de que su creadora está removiendo emociones y sensaciones en ti en contra de tu voluntad.

Arrítmica.

Lo da una lectura que te está dejando un profundo regusto amargo en el alma pero que necesitas terminar para poder dar por cerrado ese capítulo. Sin saber  qué pasa con Riktor es imposible parar.

Lo da también la forma de escribir, sin apenas inflexiones, condicionada por la forma distante y alienante en que su protagonista ve y percibe las cosas, anestesiado ante el mundo. Un "sin sangre" (que diría gente que me rodea) pero con un reprís peliagudo que pone los pelos de punta.

A pesar de estar acostumbrado a ser enfrentado a psicópatas y asesinos en serie, el ejercicio que propone "Yo veo en la oscuridad" me ha resultado costoso y por momentos tedioso, siempre con un cabreo en ciernes por no ser capaz de dejar el libro de lado y, encima, por sentirme cautivado por la necesidad de entender si el destino o el azar, harían algo para paliar mi desazón.

Desde la lejanía y sin el punto extra que el genio neoyorkino de Woody Allen es capaz de poner en sus películas, la lectura de la novela de Fossum es algo parecido a ese "nervio" creciente que aparece en el espectador cuando ve "Match point" y quiere averiguar cómo acaba la historia, hasta que un burdo anillo golpea en una barandilla, comienza a girar y sólo eres capaz de contemplar como da vueltas, desenfocado y fuera de plano, sin saber hacia donde dirige el destino sus pasos pero con una sensación creciente en tu interior que te lleva a desear poder soplar (¿en qué dirección? eso mejor que lo conteste cada uno).

Con "Yo veo en la oscuridad" sucede algo parecido, con gente menos guapa en escena y mucho menos encanto, lejos de ninguna urbe que aporte magia o un guión que mitigue la desazón que experimentas como lector pero con un protagonista que evoca sensaciones similares al Jonathan Rhys Meyer más contenido visto hasta la fecha.

No hay florituras
.

Hablo de la traducción pero me cuesta imaginar algo distinto en el original.

El lenguaje como elemento de transmisión llano, aséptico, arrítmico, pausado y parco, carente de emoción. 

Una sucesión de palabras que te informan pero no te llegan, haciéndote la lectura difícil e incómoda, tanto o más que su protagonista único, un Riktor que sin transmitir lo que siente te agobia y hastía desde su asepsia y anodinidad. Una criatura sin rasgos distintivos, una sombra sobre dos piernas que se desplaza sin evocar ni permitirte el más mínimo acercamiento a su persona, tal y como el lenguaje que lo narra.

Inusitada

Coetánea de Mankell en mi estantería, Fossum siempre se ha caracterizado en todas y cada una de sus novelas por ser distinta a cuanto he leído y esperado.

Su lectura es distante, lejos del candor, la luz o la emoción que en un momento u otro son capaces de transmitir los autores mediterráneos.

No hay ritmo ni adrenalina, no hay pausa porque no hay velocidad, sólo monotonía y ritmo monocorde, lejos de la novela negra americana, siempre dispuesta a acelerar nuestro cuerpo o nuestras emociones, a hacer brotar la adrenalina o los sentimientos, a hacernos experimentar.

Y, curiosamente, lejos del resto de autores nórdicos, mucho más dados a las fórmulas estereotipadas y a la novela social. No hay aquí nada de Camila Lackberg (a quién precedió) ni de Stieg Larsson (con quién no comparte el ritmo) ni del citado Mankell.

Hay, con mucha distancia, ecos y semejanzas momentáneas con Jussi Adler Olsen (al menos con "Los chicos que cayeron en la trampa" o con el Lemaitre de "Tres vídas y una vida", con quién comparte la sensación final de novela extraña que desubica y apesadumbra, que muestra realidades que no queremos ver y plantea dudas y dilemas internos al generarnos reacciones que no nos gustan ante protagonistas para el olvido

Valoración: Está bien

Me gustaría que la valoración fuese algo más pero no me ha generado ese confort que hace que la nota suba.

Está bien escrita, consigue lo que pretende, tanto con el lenguaje como con la historia y te lleva como lector a donde quiere.

No es la primera novela de Fossum que leo y lo escrito arriba suele ser común a las sensaciones dejadas por muchas (si no todas) las novelas que he leído de ella, si bien normalmente todas han llegado a mover algo en mí más allá del rechazo hacia el personaje.

Pero en todas ellas estaba Konrad Sejer, que obraba de  "narrador/defensor de la verdad" frente a la "realidad" que inicialmente habíamos conocido a través de los personajes "protagonistas". 

En "Yo veo en la oscuridad" no existe esa segunda figura que actúe de Cicerón y nos guíe, tampoco hay nada que explicar porque ni Fossum nos pretende engañar ni Riktor favorece la conexión suficiente para que se produzca el engaño.

Durante la lectura vemos lo que hay, algo desalentador e inasible, para un espectador sometido al castigo de entender y a la obligación de aceptar que en el mundo existen criaturas que no entienden la vida y la realidad como lo hace la mayor parte y que su sombra e influencia es algo que no se puede desdeñar, porque la persona sobre la que leemos podría ser el vecino de al lado o cualquier otra persona que se cruce en nuestro camino.